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Los poetas

Nuestra colección de poesía
La poesía representa para nosotros, como editores, la forma cumbre de la literatura, por su verdad, su precisión, su proximidad al silencio de los gestos íntimos. Es un género que consideramos imprescindible, es creación pura y nos interesa hacerlo llegar a más lectores. En este escrito hacemos una reflexión sobre el papel de los poetas en nuestra cultura, sobre su importancia y necesidad.
Es indudable que la relación entre el poeta y la cultura ha adquirido nuevos matices dadas las particularidades del siglo XX. Ante el asesinato en masa de seres humanos, ante la destrucción que deja la guerra y la constante amenaza de la muerte, la voz del poeta se levanta y reclama justicia. Lo hace porque está convencido de conocer el corazón del hombre y su inocencia original: 
El poeta sabe que el corazón humano no es ese hueco que los libertinos consideran repleto de suciedad; sabe que en él no se encontrará más que debilidad y anhelos, y el miedo –pobre corazón- de verse descubierto, escribió el poeta italiano Giuseppe Ungaretti. 
Una de las responsabilidades del poeta actual es mirar la muerte y después dirigirse a los hombres para denunciar su mentira y engaño. Siempre estará comprometido con sus tiempos, los indagará para conocerse.
El poeta italiano Giuseppe Ungaretti escribió poemas
conmovedores desde las trincheras de la Primera Guerra Mundial.
En El arco y la lira, ensayo fundamental para comprender la relación entre el poeta y la sociedad, Octavio Paz sostiene que la poesía permite ejercer la libertad: La experiencia poética no es otra cosa que revelación de la condición humana, esto es, de ese trascenderse sin cesar en el que reside precisamente su libertad esencial. 
El poeta es libre, nombra y crea, y quien repite sus palabas vive la misma experiencia. Escribe Paz: 
La libertad del hombre se funda y radica en no ser más que posibilidad. Realizar esa posibilidad es ser, crearse a sí mismo. El poeta revela al hombre creándolo. (…) El acto poético muestra que ser mortales no es sino una de las caras de nuestra condición. La otra es: ser vivientes. El nacer contiene al morir. Pero al nacer cesa de ser sinónimo de carencia y condena apenas dejamos de percibir como contrarios la muerte y la vida. Tal es el sentido último de todo poetizar. 
La oposición a la muerte es clara, y la confianza en la palabra la misma. Las palabras de Paz se encuentran con las de Elias Canetti. La metamorfosis que reivindica este último, esa capacidad de transformarse en todos los seres humanos, la necesidad de llevar incluso la voz de los muertos consigo, convierten a la escritura en una forma de amparar el valor de la vida del hombre. A su vez, las palabras de Paz recuerdan que se es libre de la muerte en el instante en que se dice, nombra y crea; dice que ése es el único instante, y que el que lee y repite las palabras de un poema lo colma. 
Todo lo anterior se da en el lenguaje, lugar de encuentro del poeta y su cultura. Ambos comparten las mismas palabras pero el poeta intenta recavar en ellas y recuperar el sentido que pierden en el desgaste natural de la lengua. Así busca conservar el espíritu creador de las palabras, o sea, conservar el espíritu vivo de los que las dicen. 
«El arco y la lira» – Ensayo fundamental para
comprender la relación entre poetas y cultura.
Paz afirma que cada idioma es una visión del mundo. Y asegura que la experiencia de esa visión está en función de la palabra poética, que mantiene a la lengua viva y fértil. Sin embargo, explica que la sociedad contemporánea, dedicada casi exclusivamente al consumo y la producción, ha hecho a un lado al poeta y ha dejado de escuchar sus palabras. A su manera, son muchos los poetas que advierten y describen la situación planteada por el autor mexicano. Sin embargo, esto parece afianzar su fe en las palabras y su vocación por la escritura: 
Esa situación de destierro, de sí mismo y de sus semejantes, lleva al poeta a adivinar que sólo si se toca el punto extremo de la condición solitaria cesará la condena. Porque allí donde parece que ya no hay nada ni nadie, en la frontera última, aparece el otro, aparecemos todos. (…) El hombre original es todos los hombres, describe Paz. 
Uno de los críticos literarios más agudos hoy en día, George Steiner, afirmó en su libro Lenguaje y silencio que el actual lenguaje dominante en el mundo, el de la ciencia, nunca podrá desplazar al de la poesía; por el contrario, dice que le servirá a ésta para fundar nuevas metáforas y maneras de comprender la realidad. De acuerdo con Steiner, la poesía es un género literario atemporal y es el que más se acerca a la intimidad humana. A pesar de la sordera que muestre una cultura ante sus poetas, éste seguirá escribiendo para comunicarse con todos. pues sabe, como dice Steiner, que las luces que poseemos sobre nuestra esencial, acendrada condición, son todavía las que el poeta nos refleja
El lector de poesía tiende a ser atento, dedicado, circunspecto frente a la palabra. Es un lector que sabe disminuir el ritmo, es más pausado, paciente, pesa cada palabra en su naturaleza y la deja resonar en él. La poesía pide una atmósfera de recogimiento y meditación, y es algo que se consigue a medida que pasan el tiempo y las lecturas. 
Creemos que cualquier lector puede disfrutar de la buena poesía. Muchos dicen que no se atreven, que no entienden casi, que les parece difícil. Pero la mejor manera de acercarse a ella es perdiendo los prejuicios, con naturalidad, lentamente: es un género en el que nos encontramos todos, y con el que aprendemos a sentir a través de la riqueza del lenguaje. 
Mediavuelta
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