Novedad Tragaluz: Vas siempre demasiado lejos

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Por Lucas Vargas Sierra

[…] el acto más cruel termina por encontrar siempre una justificación, el más insignificante también, la obsesión de comprenderlo todo, de evitarnos, asustados, el misterio que encierra la muerte, el último misterio […] (32)
No sé cómo le hace Dulce Maria Cardoso para mantener un flujo de conciencia durante más de trescientas páginas. No sé cómo entrenó el oído para que dicho monólogo sea musical en todo el conjunto, con notas de la página cinco resonando al escuchar las clavadas en la página doscientos treinta y dos. No sé cómo consigue ese equilibrio entre la experimentación formal y el discurso, entre lo insignificante y lo total, entre la reflexión y la descripción, entre lo íntimo y lo universal.

Sé, eso sí, que Vas siempre demasiado lejos es una pieza de literatura pura y dura, sin concesiones, sin menosprecio a los lectores, sin cualquiera de los errores de pedantería cometidos por la piara de los escritores contemporáneos. Sé, lo sé dolorosamente, que Vas siempre demasiado lejos me mantuvo al borde de la hoja durante cuatro días delirantes, sufriendo y soñando y sorprendido en un arco tenso, y, cuándo la cuerda finalmente se rompió, ayer en la madrugada, me senté en mi cama, me sujeté el estómago y puse la cabeza dentro de las rodillas intentando contener la fuerza del vértigo.

La novela narra, en primera persona, la historia de Violeta (una mujer con obesidad tipo I o tipo II, vendedora de ceras depilatorias, madre de una hija con padre desconocido, hija de un matrimonio en crisis, adolescente durante la revolución que derroca la dictadura de Salazar en Portugal) quien, en las primeras diez páginas, termina colgando del cinturón de seguridad luego de salirse de la autopista por ir conduciendo ebria.

Cardoso bebe de Proust y de Faulkner, y el tiempo en su obra es un material elástico. Luego de esa primera escena, el accidente, proseguirá el monólogo en una serie de flashbacks, no del todo lineales, no del todo intermitentes. Más que un uso cinematográfico del recurso, aparece el movimiento temporal como la sucesión de fragmentos musicales: la reiteración de sonidos y tonos para crear la obra plena, la sinfonía donde todo es parte del conjunto.

No voy a contar nada de lo narrado. Omitiré la descripción de los personajes, de los lugares, de los eventos. No son necesarios para resaltar aquello que deseo resaltar. En primer lugar, el tono narrativo, la voz de Violeta sostenida por más de trescientas páginas con su encanto de sirena dolorosa, su llanto de monstruo capaz de perder a los marineros antes de devorarlos. Luego, el papel de la crueldad en Vas siempre demasiado lejos, la increíble configuración de ese mundo sin bordes suaves, lleno de esquinas cortantes, de esquirlas y vidrios en el piso, donde la única redención posible yace en el enfrentamiento con enemigos notables, con esos a los que podemos dañar y que nos dañan con cierta medida de impunidad.

Violeta es cautivadora. Su forma de contar, sus observaciones, su sarcasmo, sus defensas y sus ataques, terminan configurando una voz de la cual quedarse prendado. La seguí dentro del bosque, permití que fuera su punto de vista el encargado de definir los contornos del paisaje. En cada oportunidad posible interrogué los motivos de su encanto. La respuesta, terminada la lectura, tiene que ser la tristeza. Pocas veces en mi vida como lector he oído una voz tan triste. No me refiero a una tristeza metafísca, a la ambigua sensación de desamparo lograda por los existencialistas. Hablo de una tristeza cotidiana, de una capa de gris cubriendo todo, de un odio diluido sobre los objetos de todos los días haciendo de la vida un cansancio oscuro donde la única victoria surge al causar una herida, donde la única luz posible brota del camino de sangre que dejan nuestros dientes cuando conseguimos morder al prójimo en su dolor. Hablo de una tristeza así:

[…]el Salón Princesa es este restaurante

pourri, completamente pourri

donde mi madre se rehúsa a entrar, la dueña del salón murió, dejó en el chaise longue el corazón roto, los ojos maravillados, una misteriosa sonrisa en los labios pintados de carmín

el gran misterio de la sonrisa de los muertos

y decenas de cajas de pastillas vacías, la dueña del salón en el chaise longue, después de que el corazón se cansara de llevarla al cielo de otras vidas, no dejó nada más […] (86)

El complemento de esa tristeza, el aire en ese pozo irrespirable, es la crueldad. Violeta ha configurado una vida alrededor de la crueldad: el mundo, absolutamente todo en el mundo, está ahí para herirla por su condición de mujer con obesidad tipo II o tipo I. No hay, desde su perspectiva, nada ni nadie amable en su existencia. Cada mirada es de lástima o de burla y ella, con su cuerpo blando, aprende a endurecerse, a ser, también, un enemigo digno y a usar la burla y la lástima a su favor, aún cuando esto significa inmolarse en el desarrollo de su ataque.

[…] la segunda ayudante se niega a aceptar que parezco sentir pena por ella, cómo es que un monstruo así puede juzgarme infeliz, cómo es que puede lamentarse por mí, la segunda ayudante se rehúsa a aceptar que lamento la vida que tiene, si acepta que un monstruo así puede sentir pena por ella está perdida, la acidez de la segunda ayudante no para de crecer, casi un dolor, si hasta un monstruo así siente pena por mí […] (138-139)

En este sentido, Vas siempre demasiado lejos es una novela sin redención a la vista, donde el perdón está fuera del alcance de sus personajes y la comprensión se enuncia como una forma de venganza. Sólo en las páginas finales entendemos algo similar a la libertad, algo que puede significar salvación. Ese algo, sin embargo, es insignificante, y la voz de Violeta -los ecos de la voz de Violeta- se encarga de recordarnos que la vida, cruel o dulce, es sólo una sucesión de insignificancias.

El problema, el gran drama humano, está en que para nosotros esas insignificancias lo son todo.

Mucho queda por decir, pero me ciño a esto por ahora. Mi primera experiencia con Cardoso, al leer El Retorno, fue un grato descubrimiento de una autora con dominio del arte y con una historia por contar cuya voz rezumaba melancolía. Esta segunda lectura me convence de todo lo encontrado en la primera, y me asegura saldré corriendo a leer todo lo suyo siempre que lo encuentre.

A la editorial Tragaluz: por favor, sigan traduciéndola.

Fuente: https://goo.gl/BEiVBX

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