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Una semblanza de César Hurtado

Rara vez se conocen los nombres de los editores. Su trabajo silencioso, que pasa desapercibido para el ojo común atraído por los nombres de autores puestos en las solapas de los libros, es sumamente importante para la construcción de los imaginarios y la historia social y cultural de un lugar.

César Hurtado se encargó por años de aumentar la biblioteca social de Colombia como editor de cientos de libros de historia, filosofía, antropología, sociología, periodismo e incluso, literatura. Sociólogo graduado de la Universidad Nacional, gran lector de la realidad del país, nos enseñó textos imprescindibles para comprendernos como sociedad y reflexionar sobre nuestro destino colectivo.

En sus años como universitario, en la década de 1960,  se dio cuenta del nulo espacio que tenían las investigaciones sociales en el circuito editorial comercial. Desde entonces luchó por dar cabida al análisis histórico y cultural de Colombia ejerciendo el oficio de editor.

Gracias a César nos encontramos con libros valiosos y difíciles de conseguir dentro y fuera de Colombia. Nos duele la partida de un hombre pionero en la edición independiente de la ciudad, preocupado por construir país como un editor testigo de su tiempo, con un amplio panorama del pasado y el presente de nuestra sociedad.

Su legado quedó impreso en cada ejemplar de La Carreta Editores. En un esfuerzo por recordarlo, conversamos con dos colegas que compartieron con César el oficio del editor: Luis Daniel Rocca, del Taller de edición Rocca, y Carlos Gaviria, de Pulso y Letra Editores. 

 

El hombre orquesta, dice Luis Daniel Rocca
«Conocí a César en el año 2007 en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, a la que asistimos varias editoriales en representación de Colombia, país invitado de honor. Para la ocasión reunimos varios sellos independientes y entre ellos estaba La Carreta. Compartimos un estand en la feria y allí mismo se anunció la creación de la Red de Editoriales Independientes Colombianas (REIC).

A raíz de esa asociación tuvimos la oportunidad de conversar muchas veces como colegas. Nos reunía la afinidad por los libros que él publicaba. César era un tipo serio y muy cordial. Admiraba su figura de hombre orquesta: él leía, buscaba los autores, decía qué se podía editar, en especial en el tema de la historia y las ciencias sociales. Contestatario, defensor de los derechos humanos y de la justicia, cualidades reflejadas en los libros que publicaba. Un portavoz de la cultura del país.

Recuerdo cuando hicimos el primer catálogo de la REIC, César se presentó con un sello que había editado unos 200 títulos, lo cual era una locura, una maravilla. No sé a qué horas hacía tantos libros. Nos tocó decirle que no podíamos meterlos todos porque las demás editoriales de la red también necesitaban un espacio. Él dijo que no había problema y solo incluimos sus novedades. 

Desconozco el motivo por el cual nombró a su editorial como La Carreta. Sin embargo, recuerdo una vez en una edición de la FILBo a César empujando una carreta llena de sus libros por todo el espacio. Creo que el mejor homenaje sería tener los libros de César en la edición de este año. 

Sin duda, se nos fue un gran editor».

 

Un profesional comprometido con la historia del país, recuerda Carlos Gaviria
«
César Hurtado fue fundamental en la edición independiente en Colombia y su trabajo hizo posible que existieran muchas editoriales como Pulso y Letra. Un personaje que se la jugó por publicar esas voces disidentes, diferentes, independientes.

Él siempre tuvo una idea muy clara de su papel como profesional de las ciencias sociales. Como editor, era el cómplice rebelde: acompañaba a los autores, pero no seguía sus caprichos. Con mucho respeto los ponía en su sitio o los alababa en la justa medida que su producción intelectual lo permitiera. 

Conocí a César en el año de 1999 y fui su alumno de historia de Colombia en la Universidad de Antioquia. Un profesor exigente, serio. Sus clases eran verdaderas cátedras que invitaban a pensar sobre el desarrollo del país. Ni qué decir de los exámenes. Él sentía una gran responsabilidad de enseñar y por eso tenía a Colombia en la cabeza. Lo admiraba mucho y le pedí que fuera mi asesor de tesis.

Recuerdo la vez que lo encontré revisando carátulas y manuscritos en la clínica después de alguna de una de sus recaídas del derrame que sufrió en el 2012, sin importarle que aún tuviera problemas de movilidad y dicción. Era un hombre con mucha fuerza.

El revolucionario sabe en dónde está en el contexto y su posición y, a partir de ahí, busca transformar el mundo. Desde su papel de editor, él era un revolucionario útil, gran lector de la realidad colombiana y comprometido con difundir el conocimiento.

Era un hombre solitario rodeado de muchas personas con pensamiento profundo. Un buen amigo César, un luchador a quien le agradezco mucho por enseñarme el camino de los libros».

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