Tragaluz y el libro que no muere

Vivimos en un mundo en vía de extinción, algunos animales ya no existen, únicamente los vemos en fotos, el computador que tenemos hoy está siendo reemplazado por una nueva generación, más avanzada, el teléfono ya es un artículo exótico, todos tenemos celular, y el libro, ese objeto que recoge la palabra, que registra la historia, ese objeto que se inventó en el siglo XV y que como dice el escritor Eduardo Escobar tiene lomo como las reses y hojas como los árboles, ese objeto cultural, dicen algunos que tiende también a desaparecer, es como si el hombre en ese afán por entender la muerte decidiera matar antes de que las cosas encuentren su propia muerte.

Nosotros, Tragaluz, productores de libros, editores, defendemos otra teoría: el libro no se está muriendo, se está transformando, el mundo digital llega y cuestiona el trabajo del editor, le exige. Creemos en la coexistencia del libro digital y el libro de papel. Creemos en el análisis concienzudo de cada texto donde el formato juega un papel importante. Ya todos los libros no serán impresos, unos merecerán darle la vuelta al mundo por la internet, se socializarán y cumplirán con la función de llegar a muchos, sin costo alguno; otros no tan importantes se quedarán también navegando por la pantalla de los computadores y serán leídos por unos pocos y los terceros, obras de arte, serán premiados con la impresión en papel donde el lector tendrá una experiencia sensorial, el libro no será sólo texto, será un objeto único que desde su forma exprese aquello que viene de la palabra. Tendrá pasta, lomo, guardas, medianil, folios, ilustraciones, un colofón. Con este concepto del libro surgió Tragaluz editores en 2005. Teníamos el ideal de un editor independiente y de una editorial de puertas abiertas donde se pudiera llegar con nuevas propuestas. En contra del no de quienes buscamos como asesores y sordos a los argumentos que impedían nuestro proyecto, empezamos con la editorial. Conscientes de la dificultad del negocio concebimos a Tragaluz como una empresa de servicios y productos donde los servicios fueran el soporte económico para realizar nuestro sueño, los libros del sello Tragaluz. Poesía fue el primer género que publicamos. Con este primer paso queríamos transmitir nuestra filosofía: acoger esos géneros marginados por las grandes editoriales del país. Poesía, cuento, ensayo, dramaturgia. Pero no los escogíamos por marginados sino porque los consideramos géneros tan importantes y en ocasiones más que aquellos comerciales.

Con la amenaza latente del libro digital nos propusimos diseñar libros objetos, libros que partiendo de un buen texto, se convirtieran, por sus características físicas, en una joya, le apostamos a un libro que no puede desaparecer, que más bien como los tesoros, pasa de mano en mano, de generación en generación. Tragaluz rescata el oficio de la encuadernación y hace de la edición del libro un proceso creativo. Tiempo, paciencia, detalle, son algunos de los ingredientes que hacen de nuestros libros, objetos únicos. Cada una de las partes que los componen es seleccionada con detenimiento. La tela, el color del papel, el hilo que cose la carátula. La ilustración es también uno de los valores agregados del sello Tragaluz. Día a día descubrimos artistas que con sus miradas aportan otro tipo de lectura.

Sin embargo en ese libro objeto que evoca otros tiempos intervienen también la industria litográfica y el mundo digital, somos ayer y hoy.
Hoy Tragaluz, después de cinco años, cuenta con cuatro colecciones, distribuye a nivel nacional y tiene un número creciente de lectores y seguidores que son el motor para seguir en la búsqueda de nuevos talentos.
No hacemos grandes tirajes y buscamos un precio favorable que se traduzca en ventas que nos permitan la reimpresión.
Para la venta en librerías diseñamos exhibidores especiales que contienen únicamente nuestro sello, así el lector encuentra el catálogo de Tragaluz en un solo lugar sin confundirse entre la inmensa maraña de los otros libros. Nuestros stands de participación en las ferias son el reflejo de lo que somos, se distinguen por la utilización de materiales nobles, usamos un tipo de luz que no cansa al lector, lo invitamos a que se transporte en el espacio y el tiempo. No llenamos estanterías de libros.

Lentamente hemos logrado el reconocimiento de los medios de comunicación, de quienes, sin duda, depende gran parte de la promoción de los libros.

Y no lanzamos libros en auditorios con señores expertos en la materia. Escogemos librerías, casas de teatro y celebramos la publicación del libro con el libro mismo. Montamos lecturas escénicas con sus textos y así vamos logrando una red de disciplinas que se enriquecen unas a otras. Hacemos lo posible porque nuestro trabajo trascienda y aporte en el escenario cultural.
Tenemos ahora el reto de dar a conocer nuestro sello en otros países, labor que venimos haciendo lentamente y que se fortalece en la medida que consolidamos un buen catálogo. 
Hace poco más de quince días Tragaluz editores participaba en la feria del libro de Frankfurt 2010, invitada por el instituto Goethe. Pabellones llenos de libros provenientes del mundo entero, ríos de gente visitando la feria, lanzamientos, charlas, eventos, fiestas. ¿Pero cómo se va a acabar el libro impreso? nos preguntábamos. Los lectores del libro digital estaban allí, eran libros de más, participaban sin imponerse en el panorama editorial. Uno de los organizadores de la feria, Dieter Schmidt, ante la pregunta ¿Usted cree que el libro se va a acabar? Contestó con una sonrisa: “Hay resistencia y, sobre todo, mucho amor por el libro impreso”.
Y en un coloquio, en el que Tragaluz tuvo el privilegio de participar, Gabriela Massuh, directora de programación cultural del instituto Goethe en Argentina y coordinadora de la conversación dijo: “Se acaba el tiempo y nos ha quedado por fuera el tema del libro digital, pero quién quiere hablar del libro digital cuando ahora se hacen libros como estos”, mientras sostenía en sus manos un libro de Tragaluz. 
Y para terminar retomo una frase de Jason Epstein, autor de La industria del libro: “Soy seguidor del dios Jano, que mira hacia atrás y hacia delante al mismo tiempo. Sin un vínculo intenso con el pasado, el presente es un caos y el futuro indescifrable. En nuestra cultura los libros constituyen ese vínculo, quizá el principal, sin duda indispensable”.

Por: Pilar Gutiérrez, Directora editorial Tragaluz editores.


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2 Comentarios

  1. Muy interesante el texto, y felicitaciones por el blog.

  2. La idea es que participemos. Mil gracias por el comentario.

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