Páginas abiertas: «Cartas con Geraldino Brasil»

cartas con Geraldino Brasil - TragaluzNo es extraño ahora, sí lo era entonces, que un libro desconocido hasta en su propio lugar de origen cruzara las fronteras, incluso las del idioma, y apareciera sin muchas explicaciones en las manos de un lector ubicado a miles de kilómetros de distancia. Quiso el capricho de la suerte que a finales de los años setenta dos poetas de latitudes distintas se conocieran gracias al vuelo incierto de un libro que, engendrado en Brasil, de repente apareció planeando en Colombia.

Las consecuencias de ese encuentro las podemos leer en el libro “Cartas con Geraldino Brasil”, una muestra de la correspondencia que se cruzaron los poetas protagonistas de esta historia: Jaime Jaramillo Escobar, que escribió desde Bogotá, Medellín y Cali, y Geraldino Lopes Ferreira, que lo hizo desde Recife y Maragogi.

Gracias a las cartas sabemos que los escritos del brasileño llegaron a manos del colombiano y éste, sin mucha espera, empezó a interpretar su música en español. La primera misiva que aparece en el libro, fechada el 17 de julio de 1979, es de Geraldino, que le agradece a Jaime por la traducción de sus poemas, un proyecto en el que este trabajaría hasta el momento en que se presentó la oportunidad de incluirlos en un libro editado en Colombia.

En conjunto, y lo hemos dicho varias veces en Tragaluz al referirnos al libro, el intercambio entre estos dos escritores que nunca se conocieron personalmente es la muestra ideal de cómo la amistad está hecha de palabras nobles, sinceras y sencillas. Vivieron ellos la mejor de las amistades porque, al ser poetas, sus palabras tenían el tono perfecto de la nobleza, la sinceridad y la sencillez. No es exagerado decir que, carta tras carta, el lector se convierte en parte de la relación entre ellos. Existía en ambos amigos la disposición a escribir para ser leídos por todos —aunque las historias que se cuentan son íntimas—, para no apartar a nadie del flujo de su correspondencia que, liberada, se desbordaría hasta los lugares donde hubiera alguien que quisiera alimentarse de su sentido de la existencia.

Como en toda buena historia, la correspondencia arrastra consigo tramas que queremos ver resueltas. Jaime es testigo de la violencia en las ciudades colombianas y narra su descomposición con mucho dolor. Al mostrarse admirado por la belleza que sobra en Brasil, y de la que según él adolece la ciudad desde la que escribe, Geraldino se ve en la necesidad de señalarle dónde está la miseria en su tierra, y, a nivel personal, de qué manera esta acecha cerca de él con historias que lo perseguirán hasta su muerte.

El telón de fondo de las anécdotas cotidianas y las lecturas compartidas es el interés de los dos en que la poesía del otro se conozca en sus respectivos países. Gracias a esa tarea que se han impuesto, podemos leer sus reflexiones acerca de la escritura, la sensibilidad que requiere la traducción y la necesidad de que la poesía trascienda las barreras del idioma y termine servida en la mesa de todos los hombres que, sin saberlo, la necesitan.

Dice Jaime Jaramillo de la poesía de Geraldino, que son palabras que se limitan a decir: “Vea usted”, porque iluminan para el lector las cosas que debe aprender a ver por sí mismo. Su luz se debe a que son una experiencia de vida atravesada por la misericordia con el dolor del otro, desde una postura incesante de contemplación y búsqueda de la belleza. Por lo anterior, creemos que urge leer tanto a Jaime como a Geraldino para educar la mirada hacia las grandes preguntas, mucho más en el contexto de las sociedades actuales. Nos referimos con esto al nuevo significado de las incógnitas ancestrales sobre la soledad, la violencia, la fe y el amor.

Con una muestra de sus cartas, inauguramos una sección en nuestro blog a la que llamaremos Páginas abiertas. Desde ahora compartiremos con ustedes algunas de las historias guardadas en nuestros libros con el objetivo de que puedan leerlas y disfrutarlas.

 

 

 

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