La ola editorial que viene del sur

Cinco días en Santiago de Chile fue tiempo suficiente para entender la fuerza con que está apareciendo el sector editorial chileno en la panorámica del libro actual. Fue la semana de editores y agentes literarios, evento que organiza, desde el año pasado, la Cámara Chilena del Libro durante la FILSA (Feria Internacional del Libro de Santiago de Chile). Seis editoriales y tres agentes literarios hacían parte de este programa: Criatura de Uruguay, Fiordo de Argentina, Orfeu Negro de Portugal, Fischer de Alemania, Sexto Piso de México, Tragaluz editores de Colombia, la Agencia Riff de Brasil, Indent Literary Agency de Nueva York y Enrich & Hamad Literary Scouts de España.

Este nutrido grupo salíamos todos los días de la mano de un simpático guía y siguiendo una impecable agenda, a recorrer editoriales, librerías, universidades, cooperativas, además de dedicar también tiempo a mesas de negociaciones y a conferencias en el marco de la Feria. No exagero cuando digo que empezábamos a trabajar a las nueve de la mañana y terminábamos a las siete de la noche, pero en realidad el día terminaba alrededor de la una de la mañana pues no se puede pasar por Chile sin comer mariscos y tomar vino. Todo empezó con la visita a las oficinas de Penguin Random House, sabia decisión, esto nos ubicó de entrada en nuestra realidad y nos recalcó que el mundo editorial no es de unos ni de otros, que tanto los grandes como los independientes trabajamos con escritores, ilustradores, diseñadores, distribuidores y luchamos por dar a conocer eso que hemos escogido como un texto que merece ser público. La figura del editor es universal.

Los oímos hablar, se esmeraron en hacer una presentación de lo que son y cómo funcionan, nos transmitieron su pasión y nos dieron cifras que al final son la sumatoria de muchos sellos reunidos bajo un gran nombre. De allí salimos para la editorial de la Universidad Diego Portales. Gran sorpresa cuando nos encontramos con un fondo que quisiera cualquier editor, las mejores voces reunidas en una decena de colecciones que no se quedan por años en bodegas oscuras sino que son bien distribuidas en librerías a nivel nacional. Una editorial consciente del privilegio de trabajar con un presupuesto anual, sin las angustias de estar consiguiendo financiación y con la libertad de una editorial independiente. Todas las editoriales universitarias deberían mostrar, con orgullo, ese híbrido afortunado que son, ese esquema que está entre las editoriales grandes y las independientes. Y ser editor universitario debería ser también la mayor de las suertes; usted dedíquese a producir con calidad que dinero tenemos. De allí salimos llenos de libros como de todas partes, razón por la cual necesitamos una maleta extra al final de nuestro periplo.

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Librería Ulises, Santiago de Chile

Siguió la visita a la cooperativa La Furia del Libro, una organización que agrupa a más de treinta editoriales independientes y que suma esfuerzos para pensar, entre todos, la industria del libro. Varios editores nos hablaron de sus fondos y de su filosofía al momento de publicar. Se referían a sus autores como los grandes hallazgos, convencidos totalmente del buen trabajo que vienen haciendo. Y para terminar el día fuimos a Hueders, editorial independiente fundada en 2009 que actualmente publica 26 títulos al año y coedita con sellos de otros países como Sexto Piso de México, Páprika, Niño e Interzona de Argentina y Tragaluz de Colombia.

Nuestro recorrido continuó entre hermosas librerías donde también sus dueños nos recibían para compartir historias, para recomendarnos libros y hacernos dar vergüenza por no haber leído todavía al poeta Raúl Zurita o a Pedro Lemebel. Una tímida rueda de negocios y varias conferencias fueron la despedida de nuestro viaje a Chile. No pudo ser más completo un programa que pretende dar a conocer la movida editorial de un país y, al mismo tiempo, propiciar contactos que trasciendan las fronteras y así darle al libro más oportunidades de divulgación y promoción.

Este es el caso de Chile que sin duda responde hoy a un boom de editoriales y de ilustradores reconocidos. Pero todas las cámaras del libro de los países latinoamericanos deberían tener este tipo de programas donde la consecuencia natural son nuevas relaciones que hacen que los libros se muevan y muestren más allá del país donde se han producido. Conocernos es el principio para empezar entre nosotros mismos a comprar y vender derechos, es también el principio de esa gran estrategia de distribución que es la coedición. Un programa como estos hace que nos olvidemos de ese extraño invento del hombre que son las fronteras. Nuestro próximo encuentro será en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, donde ya no seremos extraños y con mayor naturalidad podremos hablar de un nuevo proyecto.

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