Nueve lecciones que nos hicieron mejores editores

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Esta es la última de nueve listas que nos comprometimos a publicar a propósito de nuestro cumpleaños. El nueve es un número cabalístico que selló nuestra historia durante 2014 y que marcó el comienzo de nuestras actividades en 2015. Para cerrar este ciclo, quisimos hacer un recuento de las lecciones que hemos aprendido porque podrían resultarle útiles a los editores noveles que se embarcan en esta tarea, además de saciar la curiosidad de los lectores que siempre nos preguntan por el funcionamiento de la editorial. En resumen, estos son los aprendizajes más valiosos que hemos cosechado en estos años.

 

Lección 1: responderle a un escritor/ilustrador que no vas a publicar

Quizá es la parte más difícil de nuestro trabajo porque compromete ilusiones y egos. Nos llegan propuestas todos los días y no podemos leerlas con la misma velocidad; sin embargo, siempre buscamos el espacio para evaluarlas y responderlas. El autor, al otro lado de la línea, cruza los dedos para que la respuesta sea “sí”, pero muchas veces tenemos que decir que no, entre otras razones, porque somos una editorial pequeña y publicamos pocos libros al año. La gran pregunta es cómo dar esa negativa pensando en el autor, en no minarle la esperanza, más porque su trabajo podría ser perfecto para otra editorial. Nos toma mucho tiempo llegar al tono correcto, y aún así hay personas que se molestan al no recibir la respuesta que querían. En todo caso, tratamos de dedicarle tiempo a esa labor y hacerla lo mejor posible.

Lección 2: organizar la presentación de un libro

Cuando planeamos la presentación de un libro tenemos muchas expectativas porque después de todo el trabajo editorial, que es silencioso, llega el momento de compartir. Lo disponemos todo para que los lectores se conecten con los logros del proyecto y se emocionen junto a nosotros. Pero con el tiempo hemos aprendido que en este tipo de eventos debe primar el deseo de celebrar con el autor que el libro ya tiene vida propia. Si la obra es buena no va a depender de un gran evento de lanzamiento o de la atención de la prensa, aunque estos apoyos son muy importantes para llegar a un mayor número de lectores. El mejor ejemplo de que los buenos libros se valen por sí mismos es que varios de nuestros títulos nunca fueron presentados y con el tiempo se han convertido en los más vendidos del fondo.

Lección 3: sentir ganas de abandonar el proyecto

Cuando las cosas se han puesto difíciles hemos sentido ganas de abandonar. Y es entonces que nos hemos dado cuenta de que Tragaluz ya no nos pertenece, en un sentido simbólico. Haber abierto este espacio ha significado para muchas personas tener una opción cultural, un panorama que los alimenta y al cual no están dispuestos a renunciar. Hablamos de una comunidad compuesta por lectores, escritores, ilustradores, correctores de estilo, impresores y libreros que se enamoraron de Tragaluz. Ahora tenemos el compromiso de seguir, y de no disminuir la intensidad con la que crece nuestro proyecto.

Lección 4: inaugurar una nueva colección

La coherencia es un ingrediente imprescindible en todo proyecto editorial, y se nota especialmente en las colecciones. Con esto tratamos de decir que coherencia es tanto sostener en cada uno de los títulos la misma ambición de calidad como lograr que los libros en su conjunto compongan un catálogo armonioso. Las colecciones existen precisamente para dar orden a la perspectiva de los editores. Abrir una implica un nuevo camino de tránsito para los lectores, que los vincula con cierto tipo de autores, de estilos y de temas. No es recomendable interrumpir el sendero de repente o ponerle obstáculos. Hacerlo es equiparable a llenar de grava un sendero de piedras y creer que nadie se percatará de ello.

Lección 5: buscar a un autor considerado imposible

Esta es una lección que aprendimos desde el principio. Cuando empezamos tuvimos el impulso de inaugurar la editorial con autores que admirábamos mucho. Quizá por eso los veíamos inalcanzables. El día que marcamos su número de teléfono nos sudaron las manos. Por fortuna nos escucharon y nos dijeron que sí. A partir de esta experiencia entendimos que es muy difícil que un artista rehúse participar en un proyecto que le garantiza libertad en su proceso creativo y un reconocimiento justo por su trabajo. Verlos decir sí y alegrarse con el resultado de sus colaboraciones nos dio la confianza necesaria para seguir tocando puertas.

Lección 6: publicar un libro… y esperar que pase algo

Hay tanta energía detrás de cada proyecto editorial, que es inevitable esperar que en el momento en que un lector roce con la yema del dedo una de sus puntas estallen fuegos artificiales de todos los colores. Y así, cada vez que el libro se encuentre con un nuevo lector, logre su efecto pirotécnico. Sin embargo, las cosas pasan de una manera más tímida, sin estertores. Como editores, aprendimos que la única manera en la que puedes garantizar que toda esa magia ocurra, aunque no podamos verla, es haciendo un trabajo impecable. Un buen libro se defiende solo, cautiva y hace ebullición en la sensibilidad de los lectores. Después de eso, nada puede contenerlo.

Lección 7: trabajar con artistas

Todas las personas que trabajan en un proyecto editorial son artistas. Desde el ilustrador hasta el corrector de estilo, que sabe de música y de silencios. En esa medida, cada uno pone algo de sí mismo en su trabajo, por eso el editor debe estar atento de cuidar aspectos sutiles del proceso. Uno de ellos es servir de apoyo para que todos se sientan confiados y continúen trabajando sin que entorpezcan las tareas de los demás. Si se logra que todos los involucrados se diviertan y aprendan del trabajo en equipo, es muy posible que la sinergia haga aflorar nuevas ideas y se pacten nuevas colaboraciones.

Lección 8: administrar la editorial como un negocio

Hacer libros parece una profesión con tintes románticos porque se trata de defender un objeto antiquísimo y nuestra confianza en su poder para cambiar vidas. Pero no por eso está exento de una parte práctica, que resulta ser fundamental. Tragaluz es también un proyecto empresarial, y en ese sentido, las decisiones editoriales tienen un carácter estratégico y económico. Se trata de publicar un buen libro y al mismo tiempo de coordinar aspectos como los costos, la distribución, la promoción… además de la nómina y los gastos de operación. Es un equilibrio del que pocos hablan aunque es la piedra angular que garantiza la supervivencia del sector editorial.

Lección 9: participar o no participar en ferias

La justa medida en este aspecto se aprende con la experiencia, no hay otra forma. Al principio no sabíamos si estábamos en pocos eventos, y eso nos hacía invisibles, o si en cambio participábamos en muchos, y estábamos sobrecargándonos de trabajo. Con el tiempo pudimos identificar cuáles eran más importantes para nosotros y en esos enfocamos nuestros esfuerzos. Durante todo el año planeamos cómo va a ser nuestra participación, porque creemos que las ferias son un espacio propicio para estrechar la relación con la comunidad de lectores y editores, hacer negocios y conocer otras experiencias editoriales.

***

No exageramos si decimos que hacer esta lista ha sido complicado. Sin duda, se debe a que el trabajo de edición es tan grato que no es simple tratar de encontrarle los “contra”; son más las razones que nos estimulan que las que podrían disuadirnos. En este punto, nuestra voluntad es inquebrantable. Seguiremos haciendo libros porque es lo que nos hace felices.

 

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