Novedad Tragaluz: Pies atados

Pies-atados-1

 

El nudo de este relato poético es un lazo amarrado entre los pies de quien narra. Lo que pudo haberle ocurrido tuvo lugar en un punto ciego, un espacio al que no tenemos acceso más allá de contagiarnos la sensación de que no existe la posibilidad de salir caminando de él. Recién llegamos a la historia en el momento en que el  narrador se entera de su atadura, y lo seguimos en su esfuerzo pesaroso por mantenerse. Después, algo se rompe. No sabemos si el escape se da desde un encierro material o inmaterial; lo cierto es que el lector, de repente, acompaña el viaje.

Empieza entonces un camino con tonos oníricos y monstruosos. A veces también con una transparencia que espanta. En cierta oportunidad, en medio de una procesión de otros seres que buscan, ocurre el abrazo entre un niño, que salta y ríe, y un viejo, que se arrastra. De esa intimidad se cuela un susurro indescifrable. Al desarmarse el encuentro, el niño resulta en un cuerpo que calza unas botas ya gastadas. Los testigos preguntan: ¿qué te ha contado, niño? La pregunta, ni en la ficción ni en la realidad, podría ser otra. ¿Quién puede permanecer indiferente al que revela los secretos del tiempo?

De esta manera, ‘Pies atados’ es un testimonio de los detalles que secundan toda transformación, vista como el acto de desaparecer para aparecer en otro lugar, y bajo nuevas reglas. En esa medida, es un libro que no puede evitar remitir al lector hacia los estadios de la muerte y el sueño, pero alimentando la mirada con la idea de que son situaciones determinadas por el movimiento. El relato es en sí una escena arquetípica de los viajes. Hay un camino, al fondo un mar y otros marchantes acompañan la búsqueda. Los pasos se liberan según avanzan las páginas, y luego es viento y brisa lo que sopla en los oídos y hace entrecerrar los ojos.

En el tiempo del libro, también es el cuerpo el que muta para concentrarse en la mirada. Relevado de la obligación de tener opiniones, toda su expectación se reduce a esperar los símbolos surgidos de la travesía. Conforme a esto, se aplana la ambición de conquista por parte de los sentidos para cederle su lugar a experiencias que superan la subjetividad, de cara a la verdad. “Hemos bajado de las balsas. /Todo se ve. /Nos han crecido los ojos como naranjas. /Las bocas son puntos /y las narices dos ínfimos orificios. /Solo miramos, nos miramos. /Abrimos los ojos con el sol /y los cerramos con la noche”.

Esta edición Tragaluz plantea desde el papel de la portada lo que guarda la literatura interior. Tiene una cubierta negra con una textura parecida a la piedra. Un lazo rojo que sirve para cerrar el libro. Adentro, el secreto se revela a la luz de las páginas blancas y en compañía de las ilustraciones de Pep Carrió, que se intercalan entre el texto. Es un libro con carácter de hoja de ruta, de mapa con códigos. Las palabras se deben leer con cautela para sacar de ellas las indicaciones del paso siguiente y las ilustraciones juegan con la amplitud del paisaje de la interpretación. ¿A dónde llega ese barco de letras? El lector tiene la potestad de escoger el destino, lo importante es que al final logre volver a casa.

0 Comentarios

Dejar una respuesta