Mil orejas en el mundo

Este mes se cumplen dos años de la publicación del libro Mil orejas, un relato escrito por Pilar Gutiérrez e ilustrado por Samuel Castaño que nos ha permitido cruzar fronteras. Por un lado, ha recibido dos reconocimientos importantísimos: a principios del año pasado fue incluido en la lista que realiza la Biblioteca Juvenil de Múnich -IBBY, por sus siglas en inglés- con los libros recomendados para niños y jóvenes con discapacidades. Por esos mismos días supimos que recibiría una mención de honor en la Feria del libro infantil de Bolonia, Italia, en una categoría reservada en ese momento para la oferta editorial de Asia, África y América Latina. Luego de esta lluvia de buenas noticias, dos editoriales amigas se unieron al proyecto de expansión de este mensaje sobre el mundo de las personas sordas editando el libro en sus propios países: la editorial Hueders hizo su parte en Chile, y Los libros del zorro rojo en España y Argentina. Hoy ya existen versiones de Mil orejas en lengua de señas colombiana, argentina, catalana y española. (Aunque el libro no está escrito por entero en lengua de señas, solo la portada, incluye el alfabeto de señas del lugar donde es publicado).

Mil orejas lleva dentro un mensaje tan poderoso que nos ha permitido llegar a otros lugares, además de los mencionados, que no nos hubiéramos imaginado. Desde que lo publicamos, nos propusimos promover una cadena de videos en la que intérpretes y persona sordas de todo el mundo narraran el relato en diferentes lenguas de señas. Hemos recibido colaboraciones de Colombia, Chile y México, algunas de ellas pendientes por publicar. La última que llegó a nuestras manos lo hizo de una tan manera inesperada que nos emocionó el doble: una puertorriqueña nos conoció en una feria en Medellín, se enamoró del libro y tiempo después nos visitó en la sede de Tragaluz para regalarnos su interpretación.

Su nombre es Karen Albors, es hija de padres sordos e intérprete de lengua de señas americana -ASL, por sus siglas en inglés-. A pesar de que creció haciendo las veces de mediadora entre sus padres y el mundo de los oyentes, nunca se fijó convertirse en una intérprete profesional. Sin embargo, con el tiempo se dio cuenta de que podía ayudarle a otras personas sordas de su país que están estudiando o que están recibiendo asesoría legal y no hay quien les tienda un puente para tomar decisiones informadas.

Esperamos que muchas más personas se unan a este proyecto de pasar a la lengua de las manos este poema sobre la posibilidad de escuchar con todo el cuerpo. Si están interesados, o conocen a alguien que pueda estarlo, llenen el formulario que encuentran haciendo clic aquí.

 

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