Lo que Guadalajara tiene que Medellín quiere

Desde hace 32 años Guadalajara es sede de la feria más importante para el mercado del libro en español. En ella se dan cita creadores, distribuidores e interesados en la circulación de los libros en todo el mundo. El recinto en el que se lleva a cabo, Expo Guadalajara, está dividido en dos pabellones, nacional e internacional y, al interior de cada uno, los estands se distribuyen en pasillos señalizados con letras. Es en el pasillo JJ donde ocurre buena parte del movimiento que nos convoca cada año a regresar con los lectores mexicanos.

Las ferias son organismos enormes. Expositores y asistentes formamos una amalgama a veces difícil de entender y transitar. En este escenario, las categorías cumplen la función de segmentar y dar coordenadas claras sobre la oferta. Entre las 2.280 editoriales que participan de la FIL Guadalajara, están las nacionales, las que se dedican a la literatura infantil y las extranjeras y, entre estas últimas, las independientes, concentradas en un pasillo que ha ido ganando fama como vecindario alternativo. Quienes visitan la FIL, ávidos de encontrar una oferta editorial por fuera del circuito de los grandes grupos, curiosos de conocer a nuevos autores, de encontrar libros diseñados con esmero, saben que deben dirigirse hacia el JJ y empezar a recorrer los estands de pequeños editores provenientes de toda Iberoamérica.

La historia del pasillo empezó en 2012, cuando la FIL Guadalajara decidió apostarle a un espacio de editoriales independientes. Los primeros en responder al llamado fueron Amanuta (Chile), Amanuense (Uruguay), Thule y Los libros del zorro rojo (España). “La idea era sacar a las pequeñas editoriales que se perdían dentro de los estands de país y darles la oportunidad de tener un espacio no solo para mostrar sino para vender, para estar de cara a los lectores”, explica Armando Montes de Santiago, coordinador general de expositores. El experimento resultó y la zona de editoriales independientes internacionales apareció en el plano de la feria.

Actualmente está integrada por 34 sellos de varios países latinoamericanos y de España. “Ha sido una experiencia enriquecedora acercarse a las diversas propuestas del JJ. Además de identificar las fortalezas y apuestas de cada una”, dice Carolina Rey de la editorial colombiana Rey Naranjo. La proyección del espacio es seguir atrayendo a nuevos vecinos afines a la vocación del barrio. A medida que queden espacios vacíos en el JJ (por voluntad de los expositores), la entrada será para nuevas editoriales reunidas bajo los mismos criterios: un nivel alto en términos de edición, literatura de calidad y libros materialmente interesantes. “Por supuesto, siempre se pueden mejorar ciertas cosas, como que se incorporen más editoriales, que pudiéramos atraer a más compradores que todavía no saben que estamos allí. Estamos desde 2012 y vemos grandes cambios desde esa fecha”, explica Ana Pavez sobre la experiencia de editorial Amanuta, una de las pioneras.

El pasillo JJ da la sensación de ser un vecindario donde todas las casas se parecen un poco, sin ser iguales. Más como si compartieran nomenclatura, y buscar una dirección fuera asunto de seguir unas instrucciones sencillas. Para los habitantes, los editores que exponemos nuestros libros, estar al lado de nuestros pares también marca una diferencia. Es un ambiente barrial, de camaradería, en el que es fácil y provechoso ir de visita a otro estand para conocer las novedades, entender qué está pasando en otros mercados latinoamericanos y empezar a incubar proyectos, intercambios de derechos e iniciativas de distribución. Esta fraternidad se celebra cada año con un coctel organizado por las propias editoriales. Todas llevan algo de sus países de origen. Pasan de un lado al otro, entre las manos de editores y lectores, rones, vinos y aguardiente. Salud por las independientes.

“(..) en el JJ está generándose un cada vez más interesante y fértil ecosistema de editores, agentes, autores, ilustradores y otros profesionales del libro que hace que la participación en la feria (especialmente durante las jornadas) sea crecientemente ventajosa”, dice Manuel Rud de Limonero. Esta editorial entró como habitante del pasillo JJ en 2015 junto a un colectivo de cuatro editoriales argentinas y una chilena. En estos años el grupo se reajustó varias veces hasta convertirse en una dupla de editoriales con vocación por los libros ilustrados, Limonero y Calibroscopio.

La feria dedica tres jornadas, de los nueve días que dura en total, para dar acceso exclusivo a los profesionales: bibliotecarios, libreros, agentes, entre otros. Y tanto entre el público especializado como el general, la demarcación de la zona independiente ha tenido resonancia. Este dato es importante porque buena parte del movimiento comercial de la feria son las compras institucionales; figurar en el mapa y guiar a los compradores es definitivo.

Para un recién llegado al barrio como Diego Erlan, editor de Ampersand, la experiencia ya es significativa: “Las editoriales independientes en Latinoamérica tienen que unirse y construir psicogeografías para potenciarse entre sí. Para hacerse visibles. La experiencia de nuestro estand, por ejemplo, fue interesante en este sentido: los catálogos de Ampersand, Godot, Hueders y Luna Libros dialogaron y pudieron hacerse visibles y ganar fuerza entre sí y, desde luego, bajar costos para que el riesgo sea menor”.

Tragaluz, por su parte, empezó a participar como expositor en la feria en 2012 junto a otras editoriales colombianas en un estand ubicado en el pasillo II; en 2013 tuvo estand propio y llegó al JJ. Desde 2017 lo comparte con otras dos editoriales de Medellín, Angosta y Mesaestándar. El propósito de esta unión es consolidar la presencia local, incentivar a las editoriales a mostrar su trabajo en un escenario internacional y contar que editores en Medellín hay muchos. Si alguien se interesa en una editorial no solo tendrá acceso a un catálogo, hay todo un panorama para escoger.

Todos estos argumentos refuerzan el impulso de que las demás ferias que atraen a editores de todo el mundo, especialmente en Colombia, repliquen este modelo de reunir y potencializar a las editoriales independientes. La aparición de este escenario convive de una manera armónica con la oferta por definición diversa de cada evento. Grandes editoriales, emprendimientos, editoriales extranjeras, distribuidores, todos en una misma cartografía con las coordenadas exactas para que los lectores naveguen ese mar de libros y lleguen a buen puerto.

0 Comentarios

Dejar una respuesta