La luz al final del túnel

Novedades FILBO (Arte) En la Revista Arcadia. Mayo 2011.

Todos ellos de Félix Ángel.

Por: Manuel Kalmanovitz G.
Los libros de Tragaluz Editores son siempre un placer de ver. En estas épocas de libros digitales y de información inmaterial, hecha para ser vista en la pantalla de algún aparato, los libros de Tragaluz son libros-libros.
Es decir, son libros conscientes del placer que viene con la materialidad del papel, de los tipos de letra sólidos, de las portadas bien hechas. Para ellos los libros, dicen en su página web, citando a Eduardo Escobar, son: “Esos objetos intrigantes que tienen lomo como las reses y hojas como los árboles” y sí, siempre tienen algo intrigante sus libros.
Todos ellos es el libro más reciente de Tragaluz y recopila poemas y grabados en linóleo de Félix Ángel, arquitecto, artista y gestor cultural que actualmente dirige el Centro Cultural del Banco Interamericano de Desarrollo en Washington.
En la introducción, Ángel explica el origen de los poemas, escritos hace más de cuarenta años: tras mandarlos sin éxito a un concurso nacional de poesía, quedaron en manos de un amigo “que se ofreció gentilmente a preservarlas en la bodega de uno de los negocios de su padre, para que nada les pasara”.
Eventualmente el amigo regaló parte de las cosas de Ángel, asumiendo que no volvería al país, pero los poemas terminaron volviendo a sus manos. O no a sus manos, a su archivo donde languidecieron hasta ahora.
Son poemas juveniles, de alguien que no se siente contento de estar en donde está, rodeado de quienes lo rodean, en el clima que le tocó. “Me creo tan distinto/ y de repente/resulto ser tan vulgar/y tan corriente/como todos ellos”, dice uno.
En otro, vuelve al tema: “Supe que no era igual a ellos/cuando por la rendija de la puerta de la sala/los veía llorar”.
Se repite esa separación entre el poeta y los demás, como si se tratara de dos mundos diferentes e irreconciliables que terminaron en contacto sin saber por qué, para desgracia del poeta.
Hay un desconsuelo palpable en varios de los textos y es un desconsuelo juvenil, ligado a no encontrarse. Es la clase de tristeza que luego, cuando la persona está mejor acomodada en el mundo, con amigos a quienes aprecia y que lo aprecian, parece una pesadilla, algo tan horrible que no pudo haber sucedido en realidad.
Aunque sí sucedió; ahí están los rastros, los poemas, que lo prueban.
Los grabados que acompañan a los doce poemas son angulares y fuertes, contrastando con la nostalgia y tristeza de los textos. Tipos de cachucha con narices angulosas, con pechos angulosos, con penes angulosos. Un hombre, torcidesnudo, con un calzoncillo abultado. Siluetas oscuras de hombres conversando frente a un sol brillante.
No tienen nada dubitativo ni lastimero. Parecen un mensaje del Félix Ángel del presente al del pasado, una muestra de que eventualmente las cosas dejan de ser tan inciertas, que llega un momento en el que se consolidan y toman forma. Y que a pesar de lo desadaptado que se pueda sentir el joven, las cosas mejorarán.
http://www.revistaarcadia.com/feria-del-libro/articulo/la-luz-final-del-tunel/24893

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