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“La literatura se nutre de la vida para dar otra visión de ella”: Entrevista a Félix Ángel

El artista y escritor Félix Ángel (Medellín, 1949) empezó a escribir muy temprano, casi al tiempo que comenzó a pintar a los 22 años. Desde entonces, su vida se ha desarrollado alrededor del arte y la cultura, llegando a ser el director del Centro Cultural del Banco Interamericano de Desarrollo. Ha expuesto en más de 35o muestras de arte y en 2010 recibió el Premio de la Alcaldía de Washington D.C. -ciudad en la que reside desde 1977- en la categoría de Liderazgo Visionario en las Artes.

Con motivo de la publicación de su nuevo libro, Tantas vidas, Miguel, hemos querido entrevista al artista para tratar de desentrañar la historia de esta novela, que representa la experiencia de un hombre que ha vivido a través del arte, pero, sobre todo, del amor. Al texto le acompañan 200 grabados que el propio artista realizó mediante la técnica de grabado al linóleo y que abren otra dimensión del libro.

 

P- Tu primera novela se publicó en 1975. Su publicación generó gran controversia en el país. Algunas librerías llegaron a devolverte las copias del libro. Más de cuatro décadas después, aparece Tantas vidas, Miguel. ¿Qué postura asume en esta obra un Félix Ángel que carga con toda una experiencia vital a las espaldas?

R- Escribí mi primera novela con 25 años, a mi regreso de los Estados Unidos, después de mi contacto con Nueva York, que me dejó absolutamente deslumbrado. Por aquel entonces, la comunidad cultural de Medellín estaba desfasada y le faltaban muchas cosas, y eso fue lo que me empujó a escribir. Terminé el libro en tres semanas. Ninguna editorial lo quería publicar, así que busqué una imprenta underground en un sótano cerca de la Avenida Colombia y entregué mi manuscrito. Fue toda una experiencia de aprendizaje. Aunque sabía que iba a crear muchas reacciones, la explosión fue mayor de lo que imaginé. Las librerías retiraron el libro, recibí llamadas amenazantes, anónimos por correo… incluso tuve que cambiar la localización de mi estudio. La librería Aguirre fue la única que quiso vender el libro. Todo eso me hizo ver el poder que tiene la literatura y la fragilidad del ser humano.

Creo que la literatura se nutre de la vida para dar otra visión de ella. Por eso, esta novela se desarrolla en un nuevo escenario, porque el hoy me posiciona a mí en otro lugar y en otra cultura. Los personajes también son distintos porque mi experiencia es distinta, y eso se nota en la novela, que se supedita al contexto y por eso es mucho más internacional. En cuanto a la postura que asumo en esta obra, empezaría por aclarar que detesto el término minoría porque es excluyente, porque estigmatiza a un sector social y aboga por su redención. Mi libro no está escrito desde el punto de vista de una minoría. No tiene que pedir excusas a nadie, no tiene que justificar lo que es. Pipe Vallejo, el protagonista de la primera novela, era inocentemente íntegro. En cambio, Miguel es naif en la parte del amor, pero muy hábil en la vida, porque ha tenido una infancia dura y se ha hecho a golpes. Su hándicap es el afecto: nunca lo conoció y por eso no sabe cómo interactuar con las personas.

 

P- Miguel, el protagonista de esta novela, se desdobla en una infinidad de nombres e historias. ¿Qué representa ese desdoblamiento? ¿Cuántas vidas somos capaces de vivir en una sola?

R- En el primer capítulo del libro Miguel confiesa que no sabe decir quién es realmente, porque cuando piensa en su vida siente que ha vivido tantas vidas… Y que han sido vividas por una persona que no es él. El personaje de Miguel lo único que no entiende bien es el afecto y el amor. Se ve envuelto en experiencias que va siguiendo por instinto, se deja llevar. En ese viaje resulta conociendo personas muy diferentes. Miguel trata de encontrar el amor, pero el problema es que está enamorado del amor como emoción. Por eso su vida va dando tumbos, porque está enamorado de un concepto que quiere sentir y encontrar, pero que le resulta difícil identificar. Para enfatizar ese desdoblamiento de vidas y experiencias, utilizo un segundo narrador que pone al primero de espectador, recurso que me permite incursionar en el lenguaje cinematográfico. El intercambio de voces crea unos espacios dentro de la narración que reflejan esa fractura que tiene el personaje principal en cuanto al amor.

 

P- La novela transcurre, principalmente, entre Washington D.C. y Nueva York. Mencionas una jaula de cristal en la que se encuentra encerrado Miguel, como si fuera una especie exótica que la sociedad mira con recelo. ¿Existe una relación conflictiva del personaje principal con los espacios de la ciudad y sus convencionalismos?

R- Escribir sobre espacios urbanos me viene por mi formación en arquitectura. La ciudad se convierte en un espacio íntimo, por eso mis novelas son esencialmente urbanas. El narrador llama a la oficina de Miguel “la jaula”. A pesar de la transparencia que ofrecen los vidrios, Miguel sabe que está sometido a un encierro, y que al mismo tiempo siente como una protección. Es consciente de que está a la vista del mundo, de que está expuesto a la mirada de la sociedad. Sabe que la gente al otro lado del vidrio no lo considera parte de ellos, porque se sabe distinto al resto, pero no hace tragedia de ello ni asume una actitud defensiva. Al contrario: es natural, no claudica, pero es consciente de la realidad en la que vive. Esta metáfora nace del jardín botánico, que está a dos cuadras de su oficina, y que lo lleva a identificarse con las especies exóticas que hay allí, protegidas por una caja de vidrio. Entiende que hay una barrera invisible que separa a esa especie de la gente. Y esa idea de la jaula se extiende a toda la sociedad: los tipos como Miguel palpan esas barreras invisibles, son conscientes de su particularidad, de que su vida está enjaulada por las convenciones sociales.

 

P- ¿Cómo se caracterizan hoy los personajes homosexuales en la ficción? ¿Siguen presentes los estereotipos y los lugares comunes? ¿Cómo trabajas este aspecto?

R- He tratado de contar historias donde predomina el drama humano, las situaciones coyunturales que tienen que ver con la manera de ser y actuar de la gente. Tratar temas de discriminación social como parte central de mi obra me haría posicionarme. Lo importante es escenificar los problemas del ser humano, tratando a los personajes como personas corrientes. Mi obligación no es abogar por una causa que no necesita que se abogue por ella. Yo intento mostrar que hay personas que viven su vida, tienen problemas, buscan la felicidad y se ven atravesados por las convenciones de la sociedad. Yo rehúso ser minoría o ser considerado minoría. Me considero parte de la gran mayoría, de la única gran mayoría que es la humanidad. Por eso, quiero escribir de forma en que el asunto no sea la naturaleza sexual del personaje, sino sobre cuestiones más profundas de la relación entre ese personaje y la vida. El libro no puede convertirse en una justificación de por qué la sociedad trata diferente a sus individuos por su naturaleza diversa. No quiero reafirmar la segregación que realiza la sociedad.

 

P- Como artista plástico, el juego con la imagen siempre ha estado muy presente en tus obras literarias. ¿Qué cuentan las imágenes que no digan las palabras? ¿Qué aporta el elemento visual a tu obra literaria? ¿Qué implica repensar el objeto-libro desde su concepción material?

R- Cada libro tiene su juego de imágenes. En Tantas vidas, Miguel yo quise hacer las ilustraciones explorando las posibilidades de algo que nunca había hecho ex profeso: una novela gráfica. El libro está escrito en doble forma: literaria y gráficamente. La intención era utilizar las imágenes para que funcionaran como motivadoras de una narración que no está escrita en palabras. No solamente ilustran o se supeditan a la narración, sino que tienen vida propia. Al mirar la imagen, el lector incorpora otros elementos que no están explícitos en el texto, abre nuevas dimensiones. Eso requiere de un lector atento, alguien que no vea la ilustración como una mera descripción gráfica de lo que ya leyó. Quiero que las gráficas añadan otro texto adicional que no está escrito, que motiva al lector a inventarlo él mismo. Cada imagen potencialmente desarrolla un texto que enriquece la narración. En cuanto al formato, deseaba que el libro no solo fuera eso, un libro. Sino que se convirtiera en una especie de objeto mágico que, además de contener una historia, tenga un aura especial cuando se tiene entre las manos e invite al lector a acariciarlo.

 

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