Introducción al libro «Débora Arango, Cuaderno de notas»

Este libro conmemora el centenario del nacimiento de la pintora antioqueña Débora Arango (1907-2005) mediante la recuperación de aspectos desconocidos de su trabajo. La primera parte presenta una semblanza biográfica, trazada a partir de numerosas conversaciones sostenidas con la artista a lo largo de más de tres años. Su voz le cuenta al lector, en un tono coloquial de sábado por la tarde, los retazos de una vida que con mayor fuerza quedaron guardados en su memoria.

El eje central es un cuaderno de notas que la acompañó durante una temporada en España, a donde viajó con el propósito de estudiar pintura mural y conocer museos. En este cuaderno apuntó una gran diversidad de asuntos, destacándose, entre ellos, las fórmulas y procedimientos técnicos del oficio, tan comunes en la dilatada tradición artística del Viejo Mundo, pero tan desconocidos en el estrecho medio que le tocó en suerte.
Débora siempre añoró pintar grandes murales al fresco, pero encontró un medio hostil y un maestro que prefirió llevarse sus secretos a la tumba. Optó entonces por viajar al exterior, primero a México, donde fue recibida con generosidad, y años después, a Madrid. Para entonces, ya era conciente de que no le sería dado pintar murales; sin embargo, persistió en perfeccionar sus conocimientos técnicos. Quedan algunos ensayos que aquí se rescatan junto con las circunstancias en las que los pintó.
Aunque acudió a otros medios como la cerámica, el barro, el baldosín y el fresco, Débora fue fundamentalmente una pintora que hizo suyos el color vivaz y la pincelada gruesa, los grandes formatos y las composiciones ambiciosas. Llenó múltiples libretas y cuadernos con dibujos que le sirvieron, sobre todo, para ejercitar la mano y conservar sus ideas gráficas poco convencionales. No fue una dibujante diestra sino una pintora que fijó con trazos simplificados, imágenes que en la mayoría de los casos nunca pasaron a la tela.
Con su obra, Débora Arango sacudió los cimientos tradicionales del arte colombiano. Alteró los cánones de la representación del cuerpo femenino, descubrió el valor de la pintura como conciencia social y política, y sobre todo, hizo ver lo que nadie quería ver. A lo largo de su trayectoria vital supo apartarse de la polémica y el escándalo que despertó. Mantuvo su obra indemne y atendió solo el servicio de la pintura. No hubo poder humano que consiguiera vencerla: con sabiduría y suprema fuerza interior cultivó en Casablanca, su residencia en Envigado, un oasis al margen de las miserias humanas.

El Ministerio de Cultura de Colombia apoyó la reimpresión de este libro. El proyecto fue seleccionado en la convocatoria Leer es mi cuento 2011, en el marco del Plan Nacional de Lectura y Escritura.

Por: Santiago Londoño Vélez

Mediavuelta
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