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Grámmata: una librería en tiempos de aislamiento

Uno de los casos excepcionales durante los días de aislamiento es el de la Librería Grámmata. Durante los primeros meses de la contingencia este espacio cerró sus puertas al público. Por esos días Wilson Mendoza, su librero, decidió mudarse allí para continuar con la labor de repartir libros a domicilio, y evitar el cierre de uno de los rincones especiales de la literatura en la ciudad.

El siguiente es un relato en la voz de Wilson de una librería que se ha mantenido en medio de la pandemia y que, desde hace días, reabrió sus puertas a los lectores que buscan historias para llevarse a casa. 

Vivir en Grámmata
“Cuando se decretaron los primeros días de aislamiento, el 24 de marzo, cerré la librería y envié a vacaciones a mis empleados. Mientras tanto esperé en mi casa las noticias que me permitieran abrir de nuevo. A la semana fui a dar una vuelta y encontré que una de las ventanas de la Librería Palinuro, en el segundo piso, estaba corrida. Los vecinos me contaron que alguien trató de meterse a sacar algo pero no lo logró. Ahí fue cuando tomé la decisión: no podía dejar a Grámmata sola.

A los días se extendió el tiempo de aislamiento y yo tomé cobijas, sábanas, ollas, cubiertos y platos, compré comida y me fui para la librería. De paso le pedí a mi hija que me ayudara con el negocio. Ella se encargó de revisar las redes, montar fotos de las novedades y dar respuesta a los lectores. Yo le daba toda la información necesaria para que los pudiera asesorar con la compra.

La primera semana no podíamos dormir. Algo no nos dejaba en paz: el calor era impresionante, teníamos mosquitos y un murciélago que pasaba de vez en cuando revoloteando. Tuvimos que poner los ventiladores para el calor y echar veneno para los mosquitos. Nos daba sueño apenas a las 5:00 a.m., dos horas antes de despertarnos.

La rutina era más o menos la siguiente: nos levantábamos, hacíamos ejercicio, tendíamos la cama, cocinábamos el desayuno; luego nos dedicábamos a responder en el chat, montábamos el arroz y el reto era pensar  un plato diferente para cada día. Íbamos actualizando las novedades, empacábamos los libros con una cabuyita de colores y les agradecíamos a las personas por seguir leyendo a pesar de todo. En la noche comíamos algo liviano y al otro día era casi igual, como un ejercicio de hogar mezclado con el trabajo.

Con el paso de los días nos fuimos acoplando a un nuevo modelo de venta que no era muy fuerte: el digital, donde escasamente, antes de los días de aislamiento preventivo, hacíamos dos o tres domicilios a la semana. En cambio, durante la contingencia, hemos enviado hasta 15 libros en un día. Por eso trabajamos a diario en fortalecer la página web: de los 28.000 títulos que tenemos disponibles, hemos subido más de 4.000. 

Ahora cualquier medio es útil para hacer las recomendaciones, especialmente las redes. La gente nos llama o nos escribe por Whatsapp buscando libros para sus hijos, textos para estudiantes o para un amigo. Además, los lectores han sido muy agradecidos con nosotros, graban videos desempacando los libros que les enviamos y nos escriben en redes. Incluso, algunos días la gente venía y nos tocaba la puerta, pero nosotros no abríamos por precaución.

Como sector nos hemos unido más para apoyarnos durante los días de la pandemia. Hicimos un chat con 27 librerías con la idea de suplir las necesidades de los lectores en casa. El que no tenía un libro lo comentaba en el grupo y, si alguien más lo tenía, le dábamos el contacto de la persona que lo buscaba.

La lectura funciona y persiste. Hay muchas personas que leen en digital, pero creo que no es una forma de lectura agradable. El libro es algo muy romántico y sigue funcionando. Uno creería que las bibliotecas son los entes donde la gente va y se hace mayor promoción de  lectura. Pero las librerías tienen una ventaja: que llegan novedades todo el tiempo. Las personas lo saben y por eso consultan con nosotros para enviarles los libros más recientes.

No sé si sea el único que se haya ido a vivir a su trabajo. Pero a mí me gustó mucho el ejercicio, lástima que no pudiera dormir casi. En mi casa no me concentro mucho en la lectura, mientras que en los tiempos muertos en Grámmata miraba todos los libros. Descubrí títulos que no sabía que tenía porque a veces no soy quien recibe los pedidos que llegan. Ahora puedo decir que conozco el 100 % de los libros que están disponibles para los lectores.

Una de las cosas tristes que no pudimos evitar es que el espacio de Grammatica en CasaTeatro El Poblado dejará de funcionar. No hay mucho público que vaya por estos días y las visitas no alcanzan para cubrir los gastos, los honorarios y los pagos a los proveedores. A eso se suma al cierre de la sede de Laureles el diciembre pasado.

Grámmata sigue aquí, por el sector Estadio, y se encuentra abierta con todos los protocolos de seguridad. No permitimos a más de cinco personas dentro simultáneamente, les tomamos la temperatura y tenemos todo lo necesario para desinfectarlos al momento de ingresar. Lo mejor es que hemos fortalecido mucho nuestro sitio web como canal de ventas y que seguiremos trabajando para que las personas encuentren todo nuestro catálogo disponible por ese medio”.

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