Filipa Leal, dice un amigo

 

El 26 de enero se llevó a cabo una jornada en honor a la poesía portuguesa. Pedro Rapoula, consejero cultural de la embajada de Portugal, presentó a la escritora Filipa Leal frente a los lectores que asistieron a la Casa de Poesía Silva en Bogotá. Filipa visita Colombia, entre otras cosas, para participar del Hay Festival Cartagena y presentar su primera antología poética en español editada por Tragaluz: ‘En los días tristes no se habla de aves’. Estas son las palabras de Pedro sobre su amiga, Filipa.

 

Por Pedro Rapoula

Me toca la difícil tarea de presentar a Filipa Leal. Para hacerlo con la consciencia tranquila, tengo que afirmar muy claramente que Filipa Leal es una de las poetas portuguesas que más admiro desde que el 12 de mayo de 2009 (puedo decirlo con exactitud), tuve la grata sorpresa de oír a un alumno de portugués de la Universidad de Ankara, en Turquía, leer un poema de Filipa. Desde ese día, su poesía está en mi mesa de noche. Pero, ¿quién es entonces Filipa Leal? ¿Qué les puedo decir yo sobre esta portuguesa de quien, por fortuna, me volví amigo?

La parte fácil es describirles su biografía oficial: Filipa nació en Oporto en 1979. Estudió Periodismo en la Universidad de Westminster y concluyó la Maestría en Estudios Portugueses y Brasileños en la Facultad de Letras de la Universidad de Oporto. En 2003 publicó su primer libro de ficción, ‘Luna-polaroid’, y al año siguiente debutó en la poesía con ‘Talvez os lirios compreendam’, al que se siguieron otros títulos más. Ya en 2015 publicó el manifiesto ‘A favor de los lectores de poesía’.

Desde 2013 escribe guiones para teatro y cine. Acaba de estrenarse su primer largometraje, ‘Juego de damas’, en el Lisbon & Estoril Film Festival. Además ha trabajado en la Alcaldía de Lisboa y junto a Manuela Judice creó el proyecto ‘Lisboa Encrucijada de mundos’, en el marco del cual organizó con éxito el primero pabellón de intercambio de libros de la Feria del Libro de Lisboa.

Durante años fue periodista y locutora residente del programa ‘Cámara Clara’ del canal de televisión RTP2; luego pasó por Radio Nova, fue editora del suplemento ‘De las artes, de las letras’, del periódico ‘O Primeiro de Janeiro’, y de la revista ‘Pessoa’ (de la Casa Fernando Pessoa). Actualmente hace parte del programa de televisión ‘Literatura Aquí’.Filipa-Leal-y-Pedro-Rapoula

Filipa tiene colaboraciones dispersas en varios periódicos y revistas portuguesas y extranjeras, y su poesía hace parte de algunas antologías, como ‘Escribiré al Piano’, organizada por Manuela Judice y Jerónimo Pizarro. Su trabajo viene siendo reconocido como lo demuestra el hecho de que en 2007 el periódico portugués ‘Expresso’ la haya nombrado como una de las 27 nuevas promesas portuguesas, y en 2010 la haya incluido en la lista de los 10 talentos portugueses para la próxima década.

Todo esto lo sabemos. Todo esto lo podemos descubrir en Wikipedia o en las contraportadas de sus libros. Pero insisto en la pregunta: ¿Quién es Filipa Leal? ¿Qué les puedo decir yo sobre estaportuguesa de quien, repito, por fortuna, me volví amigo? Más que hablar de Filipa, prefiero hablar de su poesía. Filipa Leal escribe de una forma despejada, incluso cuando habla de esos lugares grises y sin luz. En su poesía, las esperas y las desilusiones no son solo esperas y desilusiones, son también pequeñas bolsas de oxígeno para una tristeza luminosa. Porque en la poesía de Filipa la tristeza tiene luz. No, no es esa tristeza melancólica o lúgubre con la que asociamos a los portugueses. Filipa transporta en sí misma una claridad cruda y sin filtros, propia de esas voces a quien la vida duele pero fascina al mismo tiempo. Si hay dolor hay vida. Si hay vida hay dolor. Así de sencillo, directo, libre. Al aclarar esto, todo tiene más sentido en su poesía. Como dice en su manifiesto ‘A favor de los lectores de poesía’: “Los poetas miran un árbol y dicen: mira qué lindo árbol. O miran un cenicero y dicen: mira qué cenicero tan lindo. También pueden decirlo de ciudades. Y de ollas”.

Es cierto que Filipa habla poco de ceniceros o de ollas. Pero habla de ciudades (líquidas o no), habla de campo, de paisajes, de tardes solitarias y de noches acompañadas. Habla de camas llenas y de corazones vacíos. Habla de duelo y de escapar a la muerte. Habla de una cotidianidad tan familiar que cada uno de sus poemas puede contar una historia de cada uno de nosotros. Es en esa familiaridad que reside lo más auténtico de su poesía. No hay contemplaciones místicas, no hay voces externas, alienígenas, raras o espantosas. Filipa es real. Todo en su poesía está a la flor de piel. Todo en su poesía es sentimiento. Como cuando, en ‘Poema de invierno’, le dice a esa persona afortunada “solo tú sabes arrancarme a la muerte”. ¿Qué más queremos oír de un poeta sino esta confesión? ¿Para qué más sirve la poesía si no para confrontarnos con la permanente e imposible fuga a la muerte?

La voz de Filipa es la voz de una mujer, de una amante, de una hija, de una persona triste para quien la tristeza es padre, hijo y espíritu santo. En esta Santísima Trinidad, Filipa se encuentra, se renueva, se muere, se resucita y se entrega. Pero la tristeza de Filipa es también una inmensa alegría. (O no habría hecho su tesis de maestría sobre lo Cómico en la poesía de Alexandre O’Neill, Adília Lopes y Jorge de Sousa Braga.) Su sentido del humor, inteligente, sensible, detallista, nos reconforta y nos rescata.

No quiero terminar sin decir que, también en esta semana, presentamos en Cartagena la primera antología de Filipa en Colombia, y creo que en el mundo. El libro ‘En los días tristes no se habla de aves’, editado por Tragaluz, marca la entrada de Filipa en el panorama editorial colombiano.

Pero ahora los invito a escuchar a Filipa con su voz, grave, “como conviene a un Dios y a un poeta” (decía Alberto Caeiro). Que se puedan enamorar como yo de esta que es, para mí, una de las más interesantes voces de la poesía portuguesa contemporánea.

 

 

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