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“El teatro es el arte mirando al acontecimiento”: entrevista a Miguel Torres

Foto: Carlos Duque

Miguel Torres ha escrito diversos textos literarios sobre la historia de Colombia. La Toma del Palacio de Justicia, el magnicidio de Jorge Eliécer Gaitán y la época de La Violencia llenan las páginas de ficción del escritor bogotano y completan, de alguna forma, el relato histórico del país. ¿Por qué es importante narrar la historia a través de la creación artística? ¿Qué retos enfrenta la publicación de obras dramáticas en Colombia? Sobre todos estos temas hemos hablado con Miguel Torres para celebrar el Día Mundial del Teatro.

 

¿Por qué es importante revisitar a través del teatro hechos históricos de los que ya se ha escrito tanto? 

La mirada del artista sobre la realidad es distinta a la del historiador y a la de la historia, que es también distinta a la realidad. El teatro es el arte mirando al acontecimiento, a la historia desde el punto de vista artístico, desde la ficción. Estas realidades se cuentan de una forma que muchas veces se aproxima más a la verdad que la versión que mantiene la ‘historia oficial’. En Colombia ha habido una labor de ocultamiento de los acontecimientos más tremendos y bochornosos de su historia. Desde el 9 de abril de 1948, esta es la hora en que todavía hay impunidad sobre un hecho que marcó el comienzo del fracaso de este país, aún se mantiene en la penumbra.

Las verdades “oficiales” distorsionan, ocultan y mienten acerca de lo que más nos puede avergonzar. El estado ha tenido mucho que ver con esta historia de sangre que tanto daño ha hecho a este país. El arte, desde la perspectiva del teatro y la literatura, muestra esa realidad de una manera que aproxima más al espectador a los hechos. Y eso ocurre porque el arte no tiene ningún interés en ocultar nada, al contrario, es una manera de comunicación que no tiene cortinas que tapen la verdad. Generalmente el artista no tiene una ideología que pretenda ocultar unas cosas y destacar otras, sino un punto de vista estético y la necesidad de pronunciarse sobre la historia.

Se sabe más a través del arte, de la literatura, el teatro o la pintura que a través de los libros que nos van quedando de la historia. Muchas veces algunos historiadores quieren arrojar puntos de luz sobre el pasado, pero son escasos. Otros historiadores tienen ideologías, acuerdos de intereses ideológicos o partidistas, y la historia que escriben es sesgada. El teatro no tiene ese tipo de impedimentos o de intereses. La novela a partir de la ficción nos acerca muchísimo más a ciertos momentos de la historia y además ofrecen belleza, novedad. El arte transforma la mentalidad de espectador, narra la realidad de una manera distinta. Por eso es tan importante hacer arte, publicar teatro y publicar libros.

 

¿Cómo usar la ficción para contar un acontecimiento de la realidad?

La Siempreviva, por ejemplo, se ocupa de este tremendo acontecimiento [la toma del Palacio de Justicia], que es una vergüenza para el país, y lo hace desde un punto de vista alejado. No trata de destacar la actitud de los que participaron en el asalto, es una mirada desde afuera y desde un punto de vista naturalmente crítico, sin entrada de ideologías. Las obras que ponen por encima del contenido la ideología del autor resultan en una cosa inútil, un arte menor.

 

¿Cómo ve el panorama de la dramaturgia actual en Colombia y su consecuente publicación?

Hay una mirada un poco desde arriba hacia el teatro que también existe con la poesía, que es poco publicada. Naturalmente hay una preferencia por la novela, un género que desde las ventas tiene mucha más demanda que el teatro. Por una cuestión cultural y de educación, los niños comienzan leyendo cuentos, después de grandes empiezan a leer novelas, pero nunca los ponen a leer obras de teatro. Por eso la difusión de textos dramáticos es una labor realmente escasa. Hay más relación de la gente con la novela y las editoriales también la prefieren porque desde el punto de vista económico se vende mucho más que el teatro. Por eso  no tiene una gran distribución y es muy poco el teatro que se encuentra, salvo las obras de Shakespeare y otros clásicos. La que manda es la novela. Por otro lado, el Ministerio de Cultura también ha hecho una buena producción de obras de teatro y convocatorias de obras que se publican. Por ejemplo, la primera vez que se publicó La Siempreviva fue a través del ministerio.

 

¿Por qué el teatro es un género residual y aparentemente poco accesible para los lectores?

El teatro se ha mirado siempre con cierta indiferencia. Es como si las editoriales lo consideraran un género menor. Sin embargo, el teatro forma parte de lo más grande de la literatura del mundo: el teatro griego, el teatro isabelino, Molière, los grandes autores del siglo XX… En Estados Unidos, por ejemplo, se habla a la par de novelistas y de dramaturgos, se les concede la misma importancia. Aquí se privilegia al novelista sobre el dramaturgo.

La relación de la gente con el teatro ha sido muy distante y escasa. Claro que también se han hecho muchas conquistas. Hay obras que han tenido un gran éxito y una gran asistencia de público. La formación del público teatral la hizo el teatro colombiano de los años 60, que nació sin ninguna protección, muy huérfana de ayudas, haciendo teatro en cualquier lugar donde se podía. Aquí, en Bogotá, apenas había salas y los autores teníamos que ensayar en los apartamentos. Eran pocos los espacios donde se podía mostrar el trabajo que hacíamos. 

Formar al público fue un trabajo titánico que ocurrió paulatinamente en los epicentros de las grandes ciudades del país. Después el teatro empezó a hacerse más presente, el público era numeroso cuando venían grupos extranjeros. Sin embargo, siento que el teatro colombiano ha sido reconocido mundialmente y lo sigue siendo a partir de los grandes montajes de Cali, Medellín, en Bogotá con La Candelaria, el Teatro El Local… Los grupos eran recibidos con gran entusiasmo y se generaba una crítica maravillosa sobre los espectáculos colombianos.

Este auge del teatro surgió con el teatro comercial, que tiene muchísima acogida, es un estilo de teatro que mueve mucho público. En cambio, es muy difícil vivir del teatro experimental. Sin embargo, creo que ese es el gran teatro del mundo. El arte, al fin y al cabo, es experimental: se experimenta y se arriesga, se proponen nuevas formas. Así nació el teatro colombiano en los años 60 y 70, siempre a través de conversaciones con el público, que fue una voz muy importante para desarrollar este teatro.

 

¿Por qué publicar hoy textos dramáticos?

Uno de los compromisos editoriales es promocionar la dramaturgia porque los grupos de teatro tienen muy pocas posibilidades de publicar sus propios libros. La Candelaria, por ejemplo, ha publicado sus obras con fondos propios. Pero no solamente es atractivo publicar novelas u otros géneros porque atraen ventas. El teatro es también una necesidad cultural que tiene que darse a conocer al público. Hay muy pocas editoriales como Tragaluz que están publicando teatro y apuestan por él. Es una gran actividad que merece todos los aplausos, porque contribuye a la difusión del teatro, que no es sino un rostro del país que hay que mostrar y divulgar.

 

¿Qué importancia tienen las pequeñas compañías de teatro y las iniciativas populares?

El teatro es costoso, las salas han crecido, hay más teatro comercial, pero naturalmente es muy importante el teatro popular porque tiene una comunicación muy directa con el público: produce un fenómeno de transformación de los espectadores de la misma manera que la literatura.

En los años sesenta, un grupo de jóvenes queríamos tener nuestras propias salas y las construimos con muy poca ayuda, pidiendo plata por la calle, con subastas o desfiles. Así creamos la casa de la cultura que después se transformó en el Teatro La Candelaria. Prácticamente todo se ha hecho con esfuerzos de la gente que queremos hacer teatro. No se conocen muchas salas impulsadas por el gobierno y, sin embargo, es tan importante como construir museos. Ojalá en cada barrio hubiera una sala de teatro.

Hay iniciativas, como la de la entidad Idartes, que realizan convocatorias para obras, proyectos de presentación de montajes… Existen nuevas herramientas que permiten mostrar las obras a través del lenguaje de Internet. Nosotros realizamos una lectura de La Siempreviva en noviembre del año pasado y tuvo una gran difusión. Cuando las cosas se normalicen la gente sentirá la necesidad de volver a las salas de teatro, que ahí siguen: desocupadas, vacías y solitarias. Por el momento, hay que inventarse formas que permitan tener siempre una relación entre el público y el teatro.

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