Ecos de Fiesta

Fiesta del libro Tragaluz 1

Somos testigos cercanos de la evolución de la Fiesta del libro y la cultura y en este punto la vemos robusta, integrada, potente. Desde 2008, cuando participamos por primera vez, hemos asistido a muchas ferias del libro alrededor del mundo, y esas experiencias son las que ahora nos permiten decir que en Medellín tenemos un evento único: en ningún otro lugar hay tanta alegría e inclusión alrededor del libro.

Este año la Fiesta repitió escenario: la zona norte de Medellín. El epicentro de las actividades fue el Jardín Botánico, un espacio natural que gracias a la disposición de la infraestructura temporal del evento alberga muy bien la exhibición comercial y las actividades artísticas y culturales de la programación de la Fiesta. Que el escenario sea este le da a los diez días del encuentro un aire distinto, por fortuna muy alejado de la artificialidad de los recintos feriales tradicionales.

La adecuación del espacio es asombrosa. Vimos admirados cómo los auditorios se combinaban con la geografía irregular para dar paso a ambientes disímiles, nada planos, como unas gradas amparadas por la sombra de un árbol o un domo en medio de la calle. Lo más importante es que los visitantes circulan sin restricciones de ningún tipo; no hay torniquetes que podrían servir para medir el tráfico de asistentes. En vez de eso, la organización dispone de un método de conteo casi manual que libera a quienes recorren la feria de cualquier obstáculo que pudiera hacerles sentir que está vetado ir y venir con tranquilidad.

Méritos de esta filosofía son también las exposiciones al aire libre, un claro síntoma de que la cultura está pensada para todos y con la intención de sorprender a las personas en su viaje desprevenido por la ciudad.

Al interior de la Fiesta suceden muchas otras cosas: en ese corazón que es el Orquideorama, donde nos reunimos quienes creamos los libros, la distribución está dada por las afinidades entre los diferentes proyectos editoriales. Esto es visible especialmente en el corredor de las editoriales independientes. De manera previa los expositores tenemos la oportunidad de escoger un espacio proporcional al tamaño de nuestro catálogo y cuya disponibilidad respeta unos límites que permiten la coexistencia de muchas visiones sobre el libro. Una ganancia para los lectores. Quizá lo único que haga falta al respecto sea mejorar la señalización con el objetivo de que los visitantes puedan ubicarse con mayor facilidad.

Lo último que nos gustaría resaltar en cuanto a los espacios es la nueva distribución del Salón del libro infantil y juvenil, que este año separó el área de exhibición comercial del auditorio para las charlas, lo que facilitó el desarrollo de las actividades. Y no menos importante, aunque no lo parezca a primera vista, es la zona de comidas. Siempre nos ha parecido amable, asequible y diversa.

Porque el tema del acceso es vital. La Fiesta se encarga de llevar a miles de niños para que participen de las actividades pensadas para ellos. Gracias a la alianza de la Alcaldía con la fundación Taller de Letras Jordi Sierra i Fabra, la literatura infantil y juvenil es una invitada de honor. Su importancia en la programación atrae a los pequeños lectores, y con ellos, la garantía de continuidad de la Fiesta.

Algo semejante ocurre con las personas con alguna discapacidad. La Fiesta del libro creó en compañía de otras organizaciones el programa Medellín Lectura Viva Accesible, y para la atención de la población sorda vinculó a cuatros intérpretes, tres sordos y cuatro personas conocedoras de la lengua de señas. Ellos sirvieron de guías y mediadores, cerrando un abismo que parecía inmenso. Más de 4.300 personas con discapacidad registraron su ingreso al evento, y aunque la cifra no da cuenta de toda la afluencia, es contundente: creció más de dos veces en comparación a la del año pasado.

En 2016 esperamos que la presencia de la ciudad invitada se fortalezca. Nos entusiasma la idea de tener a Medellín en un escenario como este dialogando con otra ciudad de cualquier país, y que los participantes del universo del libro nos beneficiemos de ese acercamiento, que puede convertirse en oportunidades de coediciones, compra y venta de derechos, y al final, nuevos autores, nuevas voces.

 

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