Cuando el mar inspira – Perfil de Elizabeth Builes

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La artista Elizabeth Builes trabaja tiempo completo copiando la realidad. Desde hace un año es ilustradora en la Universidad de Antioquia, donde se encarga de dibujar minuciosamente plantas y animales para las publicaciones científicas del Instituto de Biología. Inclinada en el escritorio, Elizabeth repite el trabajo de la naturaleza: el ojo compuesto de una mosca, las hojas que protegen las flores, la barba de los bagres. Es un oficio en el que no existe la posibilidad de añadir ni modificar nada, pero esa restricción, que a otros artistas puede resultar asfixiante, ha inspirado a Elizabeth, la ganadora del Premio Tragaluz de ilustración 2013.

“Esta oficina parece un palomar”, dice Elizabeth cuando la visitamos en el herbario de la universidad, ubicado en el último piso de un edificio al que ya se le ven los años y en el que anidan docenas de aves. Se supone que para preservar las muestras, la oficina debe permanecer a 17ºC, pero hace más de un mes se dañó el aire acondicionado y en las historias que nos contó se filtró el calor.

Uno puede conocer a Elizabeth por la relación que tiene con el mar. Su abuelo tenía una finca en Concepción, un pueblo ubicado a 65 km de Medellín en la cordillera central de los Andes. Cuando era niña, ella creía que allí estaba el mar. “En las tardes, en las montañas del frente, se formaba un cúmulo de nubes horizontales sobre un vallecito. Yo juraba que eran el mar y me sentaba a verlo. Pero mi mamá fue la que me bajó de la nube cuando yo tenía como ocho o nueve años”, recuerda.

“El mar es mi seguridad”, dice con una sonrisa tímida mientras hace miles de puntos para ilustrar la textura de una hoja de piperácea que una bióloga trajo desde Buenaventura. “Siempre me ha gustado mucho el mar, está lleno de preguntas, animales y cosas raras”, dice. “A veces me meto y pienso en cuál será el animal de más de un metro que está más cerca. Otras veces me quedo contemplando en la arena, imaginando cómo será la playa que está justo al frente: tal vez hay alguien haciendo lo mismo al otro lado”.

No sabíamos nada de esto cuando ganó el premio de ilustración que convocamos el año pasado y en el que participaron más de 150 artistas. En una coincidencia afortunada Elizabeth asumió la tarea de ilustrar una novela infantil que parecía pensada para ella: Johnny y el mar. Durante siete meses, luego de su jornada en el herbario, Elizabeth trabajó en la historia de un niño que se extravía en la isla de Providencia y conoce a un pescador que le cambia la vida. El resultado es sorprendente. De una ilustradora científica podía esperarse dibujos realistas y obsesionados en el detalle, pero Elizabeth logró imágenes poéticas, con una paleta de colores suave y alegre, personajes expresivos y escenarios en los que casi se escucha el mar.

Después de ilustrar el libro, Elizabeth se tomó unos días de descanso y viajó a la playa. Hace poco retomó su cotidianidad en el herbario. “Los primeros días después de llegar del mar siento mareo de tierra”, dice en broma. Ahora, además de las ilustraciones que hace en la universidad, le han resultado nuevos proyectos para ilustrar en periódicos y revistas. En Tragaluz estamos felices por acompañarla en una carrera que apenas comienza, marcada por la sensibilidad y versatilidad de los grandes artistas.

Durante la conversación que tuvimos esa tarde en su lugar de trabajo, no dejó de sonar música en el computador. Antes de despedirnos le preguntamos a Elizabeth por la música que escucha mientras dibuja. Y otra vez volvió el mar. Hizo para ustedes una lista de reproducción con las canciones que más escucha en este momento. ¿Les gusta? Escúchenla mientras ven las fotos de Elizabeth en el Herbario y miran aquí sus ilustraciones para la primera novela infantil de Tragaluz.