Cómo ilustrar un libro (en cinco pasos)

Somos igualitos” es una de las novedades que publicaremos en este primer semestre de 2015. Se trata de un libro álbum que cuenta la historia de la rana Liza y el perroespín Serafín. Un día ambos animales se dan cuenta de que tienen algo en común y el hallazgo los lleva a encontrar la manera de librarse de eso que los incomoda y no los deja vivir en paz.

La historia fue escrita por Juan Carlos Restrepo, también editor de Tragaluz, e ilustrada por Manuela Correa, diseñadora con maestría en ilustración y narrativa. Durante el proceso de edición, ambos trabajos avanzaron a la par y se retroalimentaron. El texto ganó en contundencia a medida que la ilustración exploraba cuáles eran los símbolos más importantes de la historia. Del mismo modo, la ilustración se fue volviendo más consistente gracias a que la edición mejoraba la fluidez del cuento.

Queremos extender el beneficio que significó tener la oportunidad de crear el libro en medio del diálogo y la experimentación, adentrándonos en lo que fue el proceso de investigación para la construcción de los personajes, los bocetos y la búsqueda de técnicas para lograr los colores y las texturas, todo en voz de Manuela, que durante varios meses se dedicó a probar caminos nuevos.

Gracias a ella por estos cinco pasos y un consejo para ilustrar un libro.

 

Paso 1. La investigación

Todo empezó hace aproximadamente cinco años, cuando Juan Carlos le habló a Manuela sobre el cuento y le propuso que lo ilustrara. Finalmente el proyecto se concretó en 2014. Durante cuatro meses, Manuela se concentró en crear las ilustraciones. Para comenzar, releyó la historia y revisó los bocetos que había hecho Juan, que también es ilustrador. Luego buscó en internet fotos de los animales que lo habían inspirado y empezó a adecuar sus características según el tipo de personajes que imaginaba.

 

Paso 2. Los bocetos

Llegar a las versiones definitivas de los personajes le tomó a Manuela muchos ensayos de bocetos a mano alzada. Para esto, además de la apariencia de los animales, tuvo en cuenta el tipo de personalidad que tenían en la historia. El perroespín debía parecer un perro, pero además ser una figura cuadrada, tosca, áspera, como su forma de tratar a Liza, la rana. Por su parte, la rana debía verse más orgánica, más estilizada. Después de varios intentos, junto a Juan Carlos se dio cuenta de que había dado con el rostro de los personajes.

 

Paso 3. La ilación

Cuando estuvo claro qué apariencia iban a tener los personajes, el reto fue adecuar las figuras para cada escena y sostener el estilo del trazo a lo largo de la narración. Adicionalmente, fue necesario tener en cuenta que la perspectiva iba a ir cambiando y los movimientos de los elementos debían fluir de una manera armónica. Por otra parte, hay historias que se van contando a la par de la aventura de Serafín y Liza. Por ejemplo, el clima cambia y transforma la apariencia de los árboles. Incluso las páginas del libro que Serafín hojea desde la primera escena van narrando un pequeño cuento paralelo. Mantener la coherencia de todos los relatos exigió una revisión muy cuidadosa.

 

Paso 4. Los experimentos

Manuela tuvo la posibilidad de experimentar diferentes técnicas artesanales que resolvieran su mayor preocupación con respecto a las ilustraciones: la textura. “Uno podría decir que eso se hace en el computador, pero cualquier fondo o elemento hecho manualmente te da un acabado que un programa nunca te va a dar. Las cosas hechas a mano casi que las puedes sentir”, dice. Para lograrlo talló linóleo, madera triplex y borradores. Creó patrones con tul, estropajo, tela y servilleta. Pasó el rodillo humedecido en tinta litográfica por plantillas hechas en papel y cartón, y hasta probó con serigrafía. Este trabajo reforzó el carácter de los personajes: el perroespín es el resultado de las gubias sobre la madera y la rana es una textura lograda con tinta y agua sobre vidrio.

 

Paso 5. El montaje

Luego de definir la técnica para cada una de las figuras del relato, Manuela produjo por separado cada parte de los personajes y el paisaje. Esto con la intención de poder escanearlas una a una, y al llevarlas al programa de edición –en este caso Photoshop– manipular el color y el tamaño. En el computador terminó de hacer la composición. Poco a poco fueron apareciendo las páginas definitivas de “Somos igualitos”.

 

Y el consejo final:

Manuela no duda en que uno de los mayores aprendizajes del proceso fue reconocer la importancia de esmerarse con los bocetos. Esto le permitió llegar al momento de la ejecución con mucha seguridad y aprovechar mejor el tiempo y los materiales que finalmente utilizó. La experiencia también le sirvió para reflexionar sobre el papel del ilustrador en la creación de un libro. Su conclusión es que este no debería sentirse supeditado al texto, sino encontrar formas de aportarle a la narración con sus ideas gráficas: “Al final, de eso es lo que se trata un libro álbum: un texto y unas imágenes que se complementan”.

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