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B L O G

  • Ampliada la fecha de entrega para nuestro concurso de ilustración hasta el 17 de junio

    Mediavuelta
    Tragaluz editores S.A.

    Edificio Lugo Of. 1108 · Calle 6 Sur #43A-200
    Telefax 312 02 95
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    www.tragaluzeditores.com
    Medellín – Colombia

  • Balance 24 Feria internacional del libro de Bogotá



    Arriba el telón

    Sin duda la mejor feria. Esa es la conclusión a la que llegamos después de haber participado por cuarta vez consecutiva en la 24 Feria internacional del libro de Bogotá.
    Una feria siempre ha de ser una fiesta y como tal fue la perfecta ocasión para reencontrarnos y conversar con lectores y escritores, niños y niñas, caminantes desprevenidos que preguntaban “¿Qué es esto?” y se atrevían en medio del asombro a sentarse y observar algunos de los libros exhibidos o simplemente era el lugar de las fotos y en muchos casos del reposo después de recorridos interminables de caminar y caminar entre libros y pabellones atiborrados.
    Gregorio
    Un hecho de mágicas proporciones, podríamos decir, fue lo que ocurrió con Gregorio. Este personaje del cuento de Ricardo Silva Romero salió del libro, algo menos ruborizado, para estar más cerca de todos y fue bastante fotografiado y querido. El desarrollo gráfico del libro logró transmitir con fuerza el sentido de la historia, de manera que muchos se conmovieron solo desde la carátula y con más cercanía cuando tenían un Gregorio en alguno de sus dedos o lo observaban sonrientes sentado en su privilegiado lugar dentro del stand.
    Gregorio trascendió la dimensión del libro porque simplemente es un personaje completo y la historia que se teje en las páginas de Que no me miren es la historia que nos devuelve la infancia en sus miedos y goces. La ilustración y la narración hacen posible que un personaje así desborde a muchos en ternura y fascinación. Gregorio, en franco rubor, invitó a todos a explorar el libro entre la pregunta y la curiosidad.
    Los sabores de la casa
    Este libro de cocina de Leonor Santa María de Rodríguez también fue un libro protagonista en la Feria. Se gestó como servicio editorial y pronto hará parte de nuestro sello. Tuvo gran acogida por el carácter que entraña en cuanto legado culinario de una familia antioqueña. Conjunción de mesa, cocina, tradición, herencia, familia, cultura.

    Tragaluz editores busca de manera constante la aproximación a todas las artes con el fin de dar y devolver al libro la riqueza expresiva que brota de cada una de las páginas que nos ocupan en su elaboración.
    Este año nuestros libros estuvieron como los personajes vivos de una obra de teatro representada a cada segundo en la interacción constante con los visitantes. El stand recogió elementos teatrales para dar ese carácter y así fue lugar de encuentro para plantear proyectos, nuevos libros, nuevas colecciones, también saber qué quieren ver y leer próximamente los que allí se acercaron.
    Muchas emociones se agolparon al paso de cada una de las personas que dejaron sus huellas impregnadas en los libros que les causaban curiosidad por el texto o por la encuadernación o por el color o por la textura de las telas o por la imagen o por el olor del papel o por el autor al fin encontrado.
    La emoción del stand dejaba comentarios como: -“¿A qué hora son los títeres? o -“¿Qué es esto?, ustedes parecen de otro planeta. -¿De cuál? -De uno celestial. Escuchamos muchos suspiros y observamos largos recorridos visuales frente a los libros.
    Fue importante abrirnos más al público en términos de la concepción del espacio: sin barreras espaciales y con sitios de reposo, lo que algunos llamaron: “Un oasis”. El stand debe ser siempre, como los libros, un lugar grato y de estremecimiento para los sentidos.
    Presentaciones
    En ese escenario también tuvimos la ocasión de presentar un libro, sí, de teatro: Teatro siglo XIX. Compañías nacionales y viajeras de Marina Lamus Obregón. El Teatro Matacandelas y Sandro Romero Rey dieron vida al libro desde la representación y las palabras en torno a esta importante y rigurosa investigación, que nos devuelve en el tiempo a lo que podemos llamar, los orígenes del teatro moderno en Colombia. 30 minutos fueron suficientes para que el libro pasara a los ojos de un público que cada vez agradece más que presentar un libro no sea algo tedioso ni pesado.
    Fue importante también la presentación del libro Antología de cuentos. Talleres literarios 2010. Edición con el Ministerio de Cultura de Colombia que recoge los mejores cuentos de la Red nacional de Talleres de escritura creativa -Relata-. El evento se realizó en el salón José Eustasio Rivera el lunes 9 de mayo y contó con la presencia de muchos de sus participantes de las distintas regiones de Colombia.
    Concurso
    El concurso de ilustración que se desarrolló en la Feria animó a muchos a participar. Alrededor de 200 personas se inscribieron con el objetivo de quedar entre los 15 elegidos de la publicación que se hará como premio e incentivo.
    Promover concursos así tiene como objeto abrir espacio a todo lo relacionado con el trabajo de edición de un libro: nuevos escritores, ilustración, encuadernación, incursión de lo digital etc. En suma, compartir el proyecto de Tragaluz editores con los amantes y hacedores del libro en todas sus vertientes.
    Se cierra el telón
    Termina la Feria y recogemos maravillosos días con buenas ventas, mayor reconocimiento y nuevos contactos. Pero creemos con todas las bondades que un libro puede ofrecer, que un evento multitudinario como este puede ser y debe ser mejor.
    Si el libro es el protagonista no es justo abusar de él ni de sus lectores en hileras interminables de mostradores sin orden ni concierto, filados como objetos quietos a lo largo de los distintos pabellones que lo único que dejan en muchas ocasiones es cansancio y aturdimiento.
    ¿Acaso no hay vida suficiente en los libros, personajes de todos los tiempos, como para que de ellos brote un espíritu distinto para ser mostrados y vistos? ¿Acaso no puede hacerse el recorrido por ellos de manera más grata y amena guiados por temáticas y propuestas y no solamente siguiendo un criterio meramente comercial?
    Creemos que un evento que se hace cada año debe ser pensado cada año. De esa reflexión hacemos parte todos lo que allí participamos.
    Hasta la próxima.
    Mediavuelta
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  • Viajeros de Pablo Montoya

    Novedades FILBO (Poesía)

    Juan Felipe Robledo reseña Viajeros. De la colección Poemas ilustrados, de Pablo Montoya Campuzano

    Por: Juan Felipe Robledo

    Varias cosas sorprenden en este libro: su factura, impecable, austera y rotunda, su capacidad para sorprendernos, sacándonos de un adocenado mundo de imágenes cansadas, su precisa y elegante manera de hablar de un mundo que se amplía y contrae, catalejo maravillado que es, también, la palabra. Pero acaso no sea la sorpresa el elemento decisivo en la escritura de Viajeros de Pablo Montoya, sino su capacidad para quedarse a vivir en la memoria cuando hemos dejado sus páginas. Poemas en prosa, miniaturas, los textos de este libro, editado de manera impecable por Tragaluz editores, con ilustraciones de José Antonio Suárez Londoño, ese monje del grabado y el dibujo, son una claraboya a otro piso de nuestra conciencia, donde aquello que permanece silenciado en la historia y la imaginación vive de otra manera, más auténtica e inaprehensible. Edward Hopper, Schopenhauer, un cruzado, Lao Tsé, Bolívar, son contemplados o soñados o apenas entrevistos en un sueño donde aquello que se dice oculta y revela más de lo que las batallas cotidianas de sus existencias alcanzaron a fijar en el molde de los días. Las palabras de Pablo Montoya los acarician y desnudan en una suerte de danza lúcida y sutil que deseamos no se detenga, porque él nos ha enfrentado con su oficio de músico ensoñado, alquimista e historiador avezado, poeta del buril, con una manera distinta de conseguir que las memorias de otras épocas nos retraten más íntimamente que la imagen de nuestro propio rostro en el espejo del lenguaje, la da consistencia a aquello que, fugitivo, permanece y dura en nuestra conciencia. Arte de una profunda humildad, ofrenda al tiempo que quiere deshacernos y no lo consigue totalmente, la lección de Viajeros permanece como una luz tenue y constante en la conciencia agradecida de un lector que, una y otra vez puede pasearse por sus páginas encontrando siempre un secreto regalo que le es ofrecido sin estrecheces, y con la lucidez y la maestría de un conocedor atento de los entresijos del lenguaje.

    Pablo Montoya, ilustraciones de José Antonio Suárez Londoño.

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  • Premio Tragaluz de ilustración

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  • La luz al final del túnel

    Novedades FILBO (Arte) En la Revista Arcadia. Mayo 2011.

    Todos ellos de Félix Ángel.

    Por: Manuel Kalmanovitz G.
    Los libros de Tragaluz Editores son siempre un placer de ver. En estas épocas de libros digitales y de información inmaterial, hecha para ser vista en la pantalla de algún aparato, los libros de Tragaluz son libros-libros.
    Es decir, son libros conscientes del placer que viene con la materialidad del papel, de los tipos de letra sólidos, de las portadas bien hechas. Para ellos los libros, dicen en su página web, citando a Eduardo Escobar, son: “Esos objetos intrigantes que tienen lomo como las reses y hojas como los árboles” y sí, siempre tienen algo intrigante sus libros.
    Todos ellos es el libro más reciente de Tragaluz y recopila poemas y grabados en linóleo de Félix Ángel, arquitecto, artista y gestor cultural que actualmente dirige el Centro Cultural del Banco Interamericano de Desarrollo en Washington.
    En la introducción, Ángel explica el origen de los poemas, escritos hace más de cuarenta años: tras mandarlos sin éxito a un concurso nacional de poesía, quedaron en manos de un amigo “que se ofreció gentilmente a preservarlas en la bodega de uno de los negocios de su padre, para que nada les pasara”.
    Eventualmente el amigo regaló parte de las cosas de Ángel, asumiendo que no volvería al país, pero los poemas terminaron volviendo a sus manos. O no a sus manos, a su archivo donde languidecieron hasta ahora.
    Son poemas juveniles, de alguien que no se siente contento de estar en donde está, rodeado de quienes lo rodean, en el clima que le tocó. “Me creo tan distinto/ y de repente/resulto ser tan vulgar/y tan corriente/como todos ellos”, dice uno.
    En otro, vuelve al tema: “Supe que no era igual a ellos/cuando por la rendija de la puerta de la sala/los veía llorar”.
    Se repite esa separación entre el poeta y los demás, como si se tratara de dos mundos diferentes e irreconciliables que terminaron en contacto sin saber por qué, para desgracia del poeta.
    Hay un desconsuelo palpable en varios de los textos y es un desconsuelo juvenil, ligado a no encontrarse. Es la clase de tristeza que luego, cuando la persona está mejor acomodada en el mundo, con amigos a quienes aprecia y que lo aprecian, parece una pesadilla, algo tan horrible que no pudo haber sucedido en realidad.
    Aunque sí sucedió; ahí están los rastros, los poemas, que lo prueban.
    Los grabados que acompañan a los doce poemas son angulares y fuertes, contrastando con la nostalgia y tristeza de los textos. Tipos de cachucha con narices angulosas, con pechos angulosos, con penes angulosos. Un hombre, torcidesnudo, con un calzoncillo abultado. Siluetas oscuras de hombres conversando frente a un sol brillante.
    No tienen nada dubitativo ni lastimero. Parecen un mensaje del Félix Ángel del presente al del pasado, una muestra de que eventualmente las cosas dejan de ser tan inciertas, que llega un momento en el que se consolidan y toman forma. Y que a pesar de lo desadaptado que se pueda sentir el joven, las cosas mejorarán.
    http://www.revistaarcadia.com/feria-del-libro/articulo/la-luz-final-del-tunel/24893