B L O G

  • Tragaluz en internet

    Tragaluz editores abre nuevos canales de comunicación para el libro

    Algunos puentes que nos permitan expandir y compartir desde nuestra labor editorial con cada uno de nuestros lectores.
    Desde ahora estamos en redes como Twitter y Facebook. Queremos hacerles la invitación especial para que nos acompañen desde allí, entre lo que parece pasado a ojos de muchos y lo que parece novedoso a ojos de tantos, el libro e internet. A fin de cuentas una nueva interacción en torno a los temas que han estado presentes hasta ahora entre usted y nosotros en nuestras colecciones. De la mano del libro nuevos espacios desde la tecnología para la poesía, el arte, el cuento, la dramaturgia, la fotografía, la ilustración y el diseño gráfico.
    Pronto contaremos con una nueva página web y los invitamos a seguir recorriendo nuestro blog Mediavuelta digital.

    Twitter: @TragaluzLibros
    Facebook: Tragaluz editores
    Blog Mediavuelta digital: www.mediavueltadigital.com

    Mediavuelta
    Tragaluz editores S.A.

    Edificio Lugo Of. 1108 · Calle 6 Sur #43A-200
    Telefax 312 02 95
    [email protected]
    www.tragaluzeditores.com
    Medellín – Colombia

  • Teatro siempre

    Teatro siglo XIX. Compañías nacionales y viajeras
    Autora: Marina Lamus Obregón
    Serie: Páginas de Teatro Colombiano (Calas Históricas)

    Igual que la primera edición, la obra está presentada en dos partes: la primera, dedicada al teatro recitado, como se decía en el pasado, y la segunda, al teatro musical (zarzuela y ópera). La mayor parte de la información aquí consignada es producto de una minuciosa búsqueda hecha por la autora en reseñas y columnas periodísticas de la prensa colombiana del siglo XIX.

    Ficha técnica
    Encuadernación tapa rústica, 17.5 x 22 cm, 536 pp., $70.000.

    Crítica de libros
    Revista Arcadia #66
    Teatro siempre
    Fabio Rubiano reseña Teatro siglo XIX. Compañías nacionales y viajeras, de Marina Lamus Obregón.

    Si alguien tiene memoria de lo que eran las primeras ediciones de La vuelta a Colombia en bicicleta, recordará las fotos de unos ciclistas muy flacos con las bicicletas al hombro cruzando trochas, pedaleando entre charcos, caminos destapados o accidentados al lado del camino. Hablo de 1951, cuando en el país había algunas carreteras, carros, camiones, luz eléctrica y transmisión por radio.

    Ahora imagínense eso cien años antes, en plena mitad del siglo XIX, pero no con ciclistas, sino con una compañía teatral de gira por Cúcuta, Bucaramanga, Soto, Socorro, Honda, Zipaquirá, Bogotá e intermedias, cargando no una bicicleta, sino escenografía, vestuario, utilería, actores, actrices y niños; sin carros, sin camiones, sin luz eléctrica y, obviamente, sin radio.

    Sí, eso existió, los grupos de teatro han existido siempre en Colombia, y siempre los ha movido las ganas de hacer teatro.

    Marina Lamus Obregón, una de las investigadoras más constantes del teatro colombiano y latinoamericano, presentó hace unos meses Teatro siglo XIX. Compañías nacionales y viajeras, un hermoso libro de Tragaluz Editores. Allí, en más de quinientas páginas nos enteramos de lo que hacían los teatreros nacionales y extranjeros para consolidar y hacer crecer un movimiento que hasta el día de hoy sigue luchando.

    El libro comienza así. “Las representaciones concretas de las bellas artes revelan el grado de civilización de un país o su estado de barbarie”. Y más adelante dice: “la Nueva Granada, debía empeñarse en la ‘carrera’ hacía la civilización: no existía armonía ni proporción entre sus ciencias, industrias, artes y literatura, razón por la cual esto debía formar parte de la República. Por tanto, los humanistas, la dirigencia política y las élites intelectuales asumieron la tarea de promocionar los paradigmas de las naciones civilizadas”.

    La investigación es exhaustiva y amplia; nos enteramos de cómo existían compañías por todas partes, desde el Tolima con la Compañía Dramática Tolimense, “las tres hijas del director-empresario eran las principales figuras y atracción del conjunto”, hasta Mompox, en la que por la misma época tres sociedades literarias fomentaron el teatro: La Sociedad Dramática de Aficionados,La Sociedad Dramática de Beneficencia y La Sociedad Dramática, que era formada sólo por mujeres.

    El tema de las mujeres en el teatro de la época es amplio, se encuentran cientos de reseñas, críticas, loas, dificultades y alabanzas que recibieron las artistas. A pesar de que para la mayoría no era bien visto que las damas se dedicaran a la actuación hubo voces de apoyo: “era preciso restaurar las instituciones, la sociedad y el teatro, desterrar para siempre el ‘ruin vestigio’ de los siglos pasados, reflejados en conceptos vetustos”. En 1851, El Neo-granadino dice: “suerte penosa es la de los actores y actrices en nuestro país, en donde aún subsiste la bárbara preo-cupación española de pensar que se degrada a una persona con dedicarse al teatro”.

    Los afanes patrióticos y artísticos siempre han sido políticos; la Compañía Dramática Nacional se creó alrededor de un objetivo común: “crear un teatro patrio que ayudara a romper definitivamente con los lazos coloniales”.

    En la lucha por la consolidación de estéticas propias, se cuentan historias de directores, actores, escenógrafos y empresarios. De los dramaturgos también, como el caso del Padre Cera, quien dio de puñetazos al dramaturgo José María Samper para expresar su desacuerdo con las ideas expuestas en el drama Dios corrige no mata.

    Teatro siglo XIX. Compañías nacionales y viajeras nos habla de la búsqueda de una identidad, “del afán por cambiar la barbarie de la guerra por las dulces satisfacciones del teatro”, como dijo en 1862 el periódico El Norte. Un siglo importante, sobre todo porque en el XVIII los cómicos no tenían siquiera derecho a ser enterrados en campo santo.

    Por: Fabio Rubiano Orjuela

    Revista Arcadia #66 (19 de marzo al 28 de abril de 2011).

    Mediavuelta
    Tragaluz editores S.A.

    Edificio Lugo Of. 1108 · Calle 6 Sur #43A-200
    Telefax 312 02 95
    [email protected]
    www.tragaluzeditores.com
    Medellín – Colombia

  • Exhibidor en librerías

    Para encontrar mas fácil los libros de tragaluz hemos diseñado este exhibidor especial para nuestros libros en las librerías. Los invitamos a que los conozcan.

    Mediavuelta
    Tragaluz editores S.A.

    Edificio Lugo Of. 1108 · Calle 6 Sur #43A-200
    Telefax 312 02 95
    [email protected]
    www.tragaluzeditores.com
    Medellín – Colombia

  • Tres poemas ilustrados, puesta en lectura escénica

    Programa «Los libros de Tragaluz»


    Compartimos el video de la Puesta en lectura escénica del libro Tres poemas ilustrados con la participación de su autor, el poeta Jaime Jaramillo Escobar. Presentación que se realizó en el Teatro Matacandelas el 27 de octubre de 2010, con el teatro lleno y una respuesta eufórica del público. Esperamos que disfruten este homenaje al autor y que lo compartan con todos sus seguidores.

    Poemas: Ruego a Nzamé, Perorata y Circo
    Poeta: Jaime Jaramillo Escobar
    Libro: Tres poemas ilustrados
    Lugar: Teatro Matacandelas

    Mediavuelta
    Tragaluz editores S.A.

    Edificio Lugo Of. 1108 · Calle 6 Sur #43A-200
    Telefax 312 02 95
    [email protected]
    www.tragaluzeditores.com
    Medellín – Colombia

  • Fugas de tinta 2

    Nuevo libro, una coedición del Ministerio de Cultura con Tragaluz editores. Historias escritas desde las cárceles de Colombia, textos que resultan de la labor que hace Renata, Red Nacional de talleres de Escritura Creativa. Aquí, uno de los textos.

    Como es ser hija de puta

    Autor: JCM.
    Carcel: Peñas Blancas, Calarcá.
    Director de taller: Juan Felipe Gómez.

    No conozco a mi papá, se murió, lo mataron. Lo mataron en un asalto, pero no sé bien, nunca me interesó saber nada de él. Mi mamá dice que lo conoció antes de prostituirse, y que lo mataron en un robo, pero poco me importa, como dije, nunca lo conocí. A mi mamá sí la conozco bien. Sé que es prostituta desde que tengo uso de razón y la amo como a nadie en el mundo.
    Tengo pocos recuerdos de infancia. Sé que fuimos muchos hermanos. Mamá siempre fue de muy buen corazón: cuando veía a alguien mal (un niño indigente, drogadicto o maltratado), se lo llevaba para la casa y le daba la misma sopa que nos daba a sus cuatro hijos biológicos (todos de padres distintos). Nunca diferenciaba entre ellos y nosotros. Ella iba, trabajaba y trabajaba, salía a las seis de la mañana y llegaba a las diez de la noche. La veíamos muy poco, pero mi abuela, que es testigo de Jehová y que siempre le pidió que dejara la prostitución, nos cuidaba. Hija es hija y mi abuela es la mejor mamá del mundo. Mi mamá no se quedó atrás, siempre fue una mujer responsable, nunca nos dejó aguantar hambre. Nos dio educación y nunca nos llevó a la calle a pedir plata. Jamás bebió o fumó delante de nosotros, tampoco llevó a ningún hombre a la casa. Simplemente iba, trabajaba y respondía.
    Al principio vivimos en Medellín, en una comuna muy violenta. Eran tiempos en los que salías y veías cómo mataban al vecino. En ese entonces mamá nos decía: “adiós, me voy a trabajar”. Nosotros le preguntábamos: “¿a dónde se va?”. Y nos respondía: “pues a putearme, porque ¿qué más?”. Mis hermanos lloraban mucho, pero yo era muy niña y no entendía lo que eso significaba.
    Fui creciendo, viendo que mi mamá hacía “eso”, y no le vi nada de malo después. Habría sido distinto si me hubiera enterado más tarde, habría sido capaz de dejarla, de irme y no volver a verla.
    “Hay mujeres ministras, senadoras, amas de casa; yo soy prostituta y no me avergüenzo”, decía Silvia, mi madre. Es una opción de vida en un mundo y en un país donde no hay oportunidades. Yo respeto el oficio, pero nunca he aceptado que mi madre esté metida en eso. Es algo con lo que creces, un dolor que siempre está ahí como una espina en tu corazón. Vas creciendo y empiezas a decir: “algún día yo la saco, algún día yo la saco. Yo voy a trabajar por ella y le voy a decir, ¡no más!”. Y eso hice. La convencí de que me dejara trabajar como casera en un puteadero de un amigo suyo. Ella me decía siempre: “si usted se mete de prostituta, allá usted, es su vida, pero si llego a verla en una esquina, la mato. Que yo lo haga no quiere decir que usted también, porque yo a usted la he criado y le he dado educación”.
    Logré convencerla de que no me iba a putear y me dijo: “usted ya sabe como es la vida de una prostituta, usted verá”. El hecho fue que mi sueldo no alcanzó para sostenernos. Perdí el trabajo, ella volvió a lo mismo, pero yo maduré mucho.
    Un día caminé con ellas. Las oyes hablar de sexo, las ves echar perico, meter marihuana. Entonces ya no dices: “huy, esa es prostituta; huy, esa mete perico”. Las empiezas a mirar como amigas, como parceras.
    Silvia es increíble. Puede ser prostituta, pero la ves saludar a un senador, se presenta, le pide mercados para las demás prostitutas, que en su mayoría son cabezas de hogar y le ofrece conseguir votos. Les reparte a todas algo, así sea una panela.
    Está escribiendo un libro en el que no se justifica, pues no siente nada de arrepentimiento. Sólo cuenta todo lo que ha tenido que pasar para salir adelante con sus hijos y hasta le da gracias a todos los señores que se acuestan con ella, a pesar de su edad y de no tener mayores atributos sexuales. Dice que por la plata que ellos le dieron se superó, consiguió techo, comida y educación para sacar a su familia adelante.
    En el colegio tuve amigos que supieron que ella era prostituta. No decían nada, eran muy respetuosos. Lo mismo ocurrió con mi novio cuando la vio por primera vez en la calle. Al principio le impresionó, pero luego entendió y le perdió el misterio.
    ¿Qué si alguna vez me han dicho que soy una hijueputa? Sí, a todo el mundo lo han tratado de hijueputa en la vida. Yo les respondo: “sí, y a mucho honor”.
    Mediavuelta
    Tragaluz editores S.A.

    Edificio Lugo Of. 1108 · Calle 6 Sur #43A-200
    Telefax 312 02 95
    [email protected]
    www.tragaluzeditores.com
    Medellín – Colombia