B L O G

  • Exhibidor en librerías

    Para encontrar mas fácil los libros de tragaluz hemos diseñado este exhibidor especial para nuestros libros en las librerías. Los invitamos a que los conozcan.

    Mediavuelta
    Tragaluz editores S.A.

    Edificio Lugo Of. 1108 · Calle 6 Sur #43A-200
    Telefax 312 02 95
    info@tragaluzeditores.com
    www.tragaluzeditores.com
    Medellín – Colombia

  • Tres poemas ilustrados, puesta en lectura escénica

    Programa «Los libros de Tragaluz»


    Compartimos el video de la Puesta en lectura escénica del libro Tres poemas ilustrados con la participación de su autor, el poeta Jaime Jaramillo Escobar. Presentación que se realizó en el Teatro Matacandelas el 27 de octubre de 2010, con el teatro lleno y una respuesta eufórica del público. Esperamos que disfruten este homenaje al autor y que lo compartan con todos sus seguidores.

    Poemas: Ruego a Nzamé, Perorata y Circo
    Poeta: Jaime Jaramillo Escobar
    Libro: Tres poemas ilustrados
    Lugar: Teatro Matacandelas

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  • Fugas de tinta 2

    Nuevo libro, una coedición del Ministerio de Cultura con Tragaluz editores. Historias escritas desde las cárceles de Colombia, textos que resultan de la labor que hace Renata, Red Nacional de talleres de Escritura Creativa. Aquí, uno de los textos.

    Como es ser hija de puta

    Autor: JCM.
    Carcel: Peñas Blancas, Calarcá.
    Director de taller: Juan Felipe Gómez.

    No conozco a mi papá, se murió, lo mataron. Lo mataron en un asalto, pero no sé bien, nunca me interesó saber nada de él. Mi mamá dice que lo conoció antes de prostituirse, y que lo mataron en un robo, pero poco me importa, como dije, nunca lo conocí. A mi mamá sí la conozco bien. Sé que es prostituta desde que tengo uso de razón y la amo como a nadie en el mundo.
    Tengo pocos recuerdos de infancia. Sé que fuimos muchos hermanos. Mamá siempre fue de muy buen corazón: cuando veía a alguien mal (un niño indigente, drogadicto o maltratado), se lo llevaba para la casa y le daba la misma sopa que nos daba a sus cuatro hijos biológicos (todos de padres distintos). Nunca diferenciaba entre ellos y nosotros. Ella iba, trabajaba y trabajaba, salía a las seis de la mañana y llegaba a las diez de la noche. La veíamos muy poco, pero mi abuela, que es testigo de Jehová y que siempre le pidió que dejara la prostitución, nos cuidaba. Hija es hija y mi abuela es la mejor mamá del mundo. Mi mamá no se quedó atrás, siempre fue una mujer responsable, nunca nos dejó aguantar hambre. Nos dio educación y nunca nos llevó a la calle a pedir plata. Jamás bebió o fumó delante de nosotros, tampoco llevó a ningún hombre a la casa. Simplemente iba, trabajaba y respondía.
    Al principio vivimos en Medellín, en una comuna muy violenta. Eran tiempos en los que salías y veías cómo mataban al vecino. En ese entonces mamá nos decía: “adiós, me voy a trabajar”. Nosotros le preguntábamos: “¿a dónde se va?”. Y nos respondía: “pues a putearme, porque ¿qué más?”. Mis hermanos lloraban mucho, pero yo era muy niña y no entendía lo que eso significaba.
    Fui creciendo, viendo que mi mamá hacía “eso”, y no le vi nada de malo después. Habría sido distinto si me hubiera enterado más tarde, habría sido capaz de dejarla, de irme y no volver a verla.
    “Hay mujeres ministras, senadoras, amas de casa; yo soy prostituta y no me avergüenzo”, decía Silvia, mi madre. Es una opción de vida en un mundo y en un país donde no hay oportunidades. Yo respeto el oficio, pero nunca he aceptado que mi madre esté metida en eso. Es algo con lo que creces, un dolor que siempre está ahí como una espina en tu corazón. Vas creciendo y empiezas a decir: “algún día yo la saco, algún día yo la saco. Yo voy a trabajar por ella y le voy a decir, ¡no más!”. Y eso hice. La convencí de que me dejara trabajar como casera en un puteadero de un amigo suyo. Ella me decía siempre: “si usted se mete de prostituta, allá usted, es su vida, pero si llego a verla en una esquina, la mato. Que yo lo haga no quiere decir que usted también, porque yo a usted la he criado y le he dado educación”.
    Logré convencerla de que no me iba a putear y me dijo: “usted ya sabe como es la vida de una prostituta, usted verá”. El hecho fue que mi sueldo no alcanzó para sostenernos. Perdí el trabajo, ella volvió a lo mismo, pero yo maduré mucho.
    Un día caminé con ellas. Las oyes hablar de sexo, las ves echar perico, meter marihuana. Entonces ya no dices: “huy, esa es prostituta; huy, esa mete perico”. Las empiezas a mirar como amigas, como parceras.
    Silvia es increíble. Puede ser prostituta, pero la ves saludar a un senador, se presenta, le pide mercados para las demás prostitutas, que en su mayoría son cabezas de hogar y le ofrece conseguir votos. Les reparte a todas algo, así sea una panela.
    Está escribiendo un libro en el que no se justifica, pues no siente nada de arrepentimiento. Sólo cuenta todo lo que ha tenido que pasar para salir adelante con sus hijos y hasta le da gracias a todos los señores que se acuestan con ella, a pesar de su edad y de no tener mayores atributos sexuales. Dice que por la plata que ellos le dieron se superó, consiguió techo, comida y educación para sacar a su familia adelante.
    En el colegio tuve amigos que supieron que ella era prostituta. No decían nada, eran muy respetuosos. Lo mismo ocurrió con mi novio cuando la vio por primera vez en la calle. Al principio le impresionó, pero luego entendió y le perdió el misterio.
    ¿Qué si alguna vez me han dicho que soy una hijueputa? Sí, a todo el mundo lo han tratado de hijueputa en la vida. Yo les respondo: “sí, y a mucho honor”.
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  • La siempreviva

    Compartimos este artículo publicado por Ricardo Silva Romero en el periódico El Tiempo, del libro publicado por Tragaluz, La siempreviva del autor Miguel Torres, presentado recientemente en Bogotá.
    Fragmento inicial del artículo:
    Yo no sé cómo hicimos para no llorar. Si uno se atrevía a hablarle al de la silla de al lado, si miraba de reojo a su vecino para ver si había visto todo eso que acababa de ocurrir, se daba cuenta de que también estaba tragándose las lágrimas. Eran las 6 de la tarde del pasado sábado 6 de noviembre en la librería del Fondo de Cultura. Se cumplían 25 años del holocausto del Palacio de Justicia. Y ahí, a solo dos cuadras de la escena del crimen, a unos pasos de esa plaza que es también un camposanto, habíamos sido testigos de una estremecedora lectura de la obra de teatro que no nos ha permitido olvidar lo que pasó: habíamos tenido la suerte de sentir, una vez más, el escalofrío justo que da La siempreviva…
    Artículo completo:
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  • Tragaluz y el libro que no muere

    Vivimos en un mundo en vía de extinción, algunos animales ya no existen, únicamente los vemos en fotos, el computador que tenemos hoy está siendo reemplazado por una nueva generación, más avanzada, el teléfono ya es un artículo exótico, todos tenemos celular, y el libro, ese objeto que recoge la palabra, que registra la historia, ese objeto que se inventó en el siglo XV y que como dice el escritor Eduardo Escobar tiene lomo como las reses y hojas como los árboles, ese objeto cultural, dicen algunos que tiende también a desaparecer, es como si el hombre en ese afán por entender la muerte decidiera matar antes de que las cosas encuentren su propia muerte.

    Nosotros, Tragaluz, productores de libros, editores, defendemos otra teoría: el libro no se está muriendo, se está transformando, el mundo digital llega y cuestiona el trabajo del editor, le exige. Creemos en la coexistencia del libro digital y el libro de papel. Creemos en el análisis concienzudo de cada texto donde el formato juega un papel importante. Ya todos los libros no serán impresos, unos merecerán darle la vuelta al mundo por la internet, se socializarán y cumplirán con la función de llegar a muchos, sin costo alguno; otros no tan importantes se quedarán también navegando por la pantalla de los computadores y serán leídos por unos pocos y los terceros, obras de arte, serán premiados con la impresión en papel donde el lector tendrá una experiencia sensorial, el libro no será sólo texto, será un objeto único que desde su forma exprese aquello que viene de la palabra. Tendrá pasta, lomo, guardas, medianil, folios, ilustraciones, un colofón. Con este concepto del libro surgió Tragaluz editores en 2005. Teníamos el ideal de un editor independiente y de una editorial de puertas abiertas donde se pudiera llegar con nuevas propuestas. En contra del no de quienes buscamos como asesores y sordos a los argumentos que impedían nuestro proyecto, empezamos con la editorial. Conscientes de la dificultad del negocio concebimos a Tragaluz como una empresa de servicios y productos donde los servicios fueran el soporte económico para realizar nuestro sueño, los libros del sello Tragaluz. Poesía fue el primer género que publicamos. Con este primer paso queríamos transmitir nuestra filosofía: acoger esos géneros marginados por las grandes editoriales del país. Poesía, cuento, ensayo, dramaturgia. Pero no los escogíamos por marginados sino porque los consideramos géneros tan importantes y en ocasiones más que aquellos comerciales.

    Con la amenaza latente del libro digital nos propusimos diseñar libros objetos, libros que partiendo de un buen texto, se convirtieran, por sus características físicas, en una joya, le apostamos a un libro que no puede desaparecer, que más bien como los tesoros, pasa de mano en mano, de generación en generación. Tragaluz rescata el oficio de la encuadernación y hace de la edición del libro un proceso creativo. Tiempo, paciencia, detalle, son algunos de los ingredientes que hacen de nuestros libros, objetos únicos. Cada una de las partes que los componen es seleccionada con detenimiento. La tela, el color del papel, el hilo que cose la carátula. La ilustración es también uno de los valores agregados del sello Tragaluz. Día a día descubrimos artistas que con sus miradas aportan otro tipo de lectura.

    Sin embargo en ese libro objeto que evoca otros tiempos intervienen también la industria litográfica y el mundo digital, somos ayer y hoy.
    Hoy Tragaluz, después de cinco años, cuenta con cuatro colecciones, distribuye a nivel nacional y tiene un número creciente de lectores y seguidores que son el motor para seguir en la búsqueda de nuevos talentos.
    No hacemos grandes tirajes y buscamos un precio favorable que se traduzca en ventas que nos permitan la reimpresión.
    Para la venta en librerías diseñamos exhibidores especiales que contienen únicamente nuestro sello, así el lector encuentra el catálogo de Tragaluz en un solo lugar sin confundirse entre la inmensa maraña de los otros libros. Nuestros stands de participación en las ferias son el reflejo de lo que somos, se distinguen por la utilización de materiales nobles, usamos un tipo de luz que no cansa al lector, lo invitamos a que se transporte en el espacio y el tiempo. No llenamos estanterías de libros.

    Lentamente hemos logrado el reconocimiento de los medios de comunicación, de quienes, sin duda, depende gran parte de la promoción de los libros.

    Y no lanzamos libros en auditorios con señores expertos en la materia. Escogemos librerías, casas de teatro y celebramos la publicación del libro con el libro mismo. Montamos lecturas escénicas con sus textos y así vamos logrando una red de disciplinas que se enriquecen unas a otras. Hacemos lo posible porque nuestro trabajo trascienda y aporte en el escenario cultural.
    Tenemos ahora el reto de dar a conocer nuestro sello en otros países, labor que venimos haciendo lentamente y que se fortalece en la medida que consolidamos un buen catálogo. 
    Hace poco más de quince días Tragaluz editores participaba en la feria del libro de Frankfurt 2010, invitada por el instituto Goethe. Pabellones llenos de libros provenientes del mundo entero, ríos de gente visitando la feria, lanzamientos, charlas, eventos, fiestas. ¿Pero cómo se va a acabar el libro impreso? nos preguntábamos. Los lectores del libro digital estaban allí, eran libros de más, participaban sin imponerse en el panorama editorial. Uno de los organizadores de la feria, Dieter Schmidt, ante la pregunta ¿Usted cree que el libro se va a acabar? Contestó con una sonrisa: “Hay resistencia y, sobre todo, mucho amor por el libro impreso”.
    Y en un coloquio, en el que Tragaluz tuvo el privilegio de participar, Gabriela Massuh, directora de programación cultural del instituto Goethe en Argentina y coordinadora de la conversación dijo: “Se acaba el tiempo y nos ha quedado por fuera el tema del libro digital, pero quién quiere hablar del libro digital cuando ahora se hacen libros como estos”, mientras sostenía en sus manos un libro de Tragaluz. 
    Y para terminar retomo una frase de Jason Epstein, autor de La industria del libro: “Soy seguidor del dios Jano, que mira hacia atrás y hacia delante al mismo tiempo. Sin un vínculo intenso con el pasado, el presente es un caos y el futuro indescifrable. En nuestra cultura los libros constituyen ese vínculo, quizá el principal, sin duda indispensable”.

    Por: Pilar Gutiérrez, Directora editorial Tragaluz editores.


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