B L O G

  • Premio Tragaluz de ilustración

    Mediavuelta
    Tragaluz editores S.A.

    Edificio Lugo Of. 1108 · Calle 6 Sur #43A-200
    Telefax 312 02 95
    info@tragaluzeditores.com
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    Medellín – Colombia

  • La luz al final del túnel

    Novedades FILBO (Arte) En la Revista Arcadia. Mayo 2011.

    Todos ellos de Félix Ángel.

    Por: Manuel Kalmanovitz G.
    Los libros de Tragaluz Editores son siempre un placer de ver. En estas épocas de libros digitales y de información inmaterial, hecha para ser vista en la pantalla de algún aparato, los libros de Tragaluz son libros-libros.
    Es decir, son libros conscientes del placer que viene con la materialidad del papel, de los tipos de letra sólidos, de las portadas bien hechas. Para ellos los libros, dicen en su página web, citando a Eduardo Escobar, son: “Esos objetos intrigantes que tienen lomo como las reses y hojas como los árboles” y sí, siempre tienen algo intrigante sus libros.
    Todos ellos es el libro más reciente de Tragaluz y recopila poemas y grabados en linóleo de Félix Ángel, arquitecto, artista y gestor cultural que actualmente dirige el Centro Cultural del Banco Interamericano de Desarrollo en Washington.
    En la introducción, Ángel explica el origen de los poemas, escritos hace más de cuarenta años: tras mandarlos sin éxito a un concurso nacional de poesía, quedaron en manos de un amigo “que se ofreció gentilmente a preservarlas en la bodega de uno de los negocios de su padre, para que nada les pasara”.
    Eventualmente el amigo regaló parte de las cosas de Ángel, asumiendo que no volvería al país, pero los poemas terminaron volviendo a sus manos. O no a sus manos, a su archivo donde languidecieron hasta ahora.
    Son poemas juveniles, de alguien que no se siente contento de estar en donde está, rodeado de quienes lo rodean, en el clima que le tocó. “Me creo tan distinto/ y de repente/resulto ser tan vulgar/y tan corriente/como todos ellos”, dice uno.
    En otro, vuelve al tema: “Supe que no era igual a ellos/cuando por la rendija de la puerta de la sala/los veía llorar”.
    Se repite esa separación entre el poeta y los demás, como si se tratara de dos mundos diferentes e irreconciliables que terminaron en contacto sin saber por qué, para desgracia del poeta.
    Hay un desconsuelo palpable en varios de los textos y es un desconsuelo juvenil, ligado a no encontrarse. Es la clase de tristeza que luego, cuando la persona está mejor acomodada en el mundo, con amigos a quienes aprecia y que lo aprecian, parece una pesadilla, algo tan horrible que no pudo haber sucedido en realidad.
    Aunque sí sucedió; ahí están los rastros, los poemas, que lo prueban.
    Los grabados que acompañan a los doce poemas son angulares y fuertes, contrastando con la nostalgia y tristeza de los textos. Tipos de cachucha con narices angulosas, con pechos angulosos, con penes angulosos. Un hombre, torcidesnudo, con un calzoncillo abultado. Siluetas oscuras de hombres conversando frente a un sol brillante.
    No tienen nada dubitativo ni lastimero. Parecen un mensaje del Félix Ángel del presente al del pasado, una muestra de que eventualmente las cosas dejan de ser tan inciertas, que llega un momento en el que se consolidan y toman forma. Y que a pesar de lo desadaptado que se pueda sentir el joven, las cosas mejorarán.
    http://www.revistaarcadia.com/feria-del-libro/articulo/la-luz-final-del-tunel/24893
  • Tragaluz editores en la 24 Feria internacional del libro de Bogotá


    Tragaluz editores llega por cuarta vez consecutiva a la Feria internacional del libro de Bogotá. Desde el 2008 venimos presentando al público lector nuestros libros con el sello Tragaluz y los de servicios editoriales, un trabajo que cada año alcanza un promedio de 25 libros.

    A la primera feria llevamos 6 libros y un premio, el Lápiz de Acero 07, área editorial, con el libro Tres poemas ilustrados de Jaime Jaramillo Escobar e ilustrado por el artista José Antonio Suárez Londoño. Fue nuestra primera incursión en la Feria como editorial pequeña e independiente que implicó inversión y riesgo, pero también el comienzo de una historia que cada vez ha ido creciendo en buenas experiencias respecto a la aceptación y al reconocimiento.

    Poco a poco hemos ido dando a conocer nuestro sello editorial en el esmerado trabajo de edición de cada libro, el cuidado al escoger los textos para publicar, las ilustraciones, los materiales, la encuadernación, los colores, las texturas, la corrección, la diagramación, los autores presentes en las distintas colecciones con las que ya contamos. Para nosotros cada libro es una obra de arte. Con cada libro queremos seducir. A través de cada libro buscamos procurar placer a todos los sentidos. Nuestra máxima es la creación constante pensando siempre en el lector y para ellos tratamos de salirnos de los convencionalismos y los prejuicios. Queremos que cada libro sea único y diferente.

    Es así como también el diseño del stand ha sido un asunto muy importante, pues queremos que todas las personas que se acerquen, se sientan en la comodidad de nuestros libros, ese espacio dentro de la feria es un lugar de encuentro y fiesta, un lugar para compartir lecturas y opiniones, soñar y generar nuevos proyectos, conocer distintos escritores y lectores.

    El propósito de Tragaluz editores también ha sido acompañar a todos aquellos géneros marginados por la industria editorial, por eso hemos impulsado la poesía, el cuento y la dramaturgia, e ir avanzando cada vez con un género nuevo.

    Este año el stand tendrá que ver con el inicio de nuestra apuesta por el teatro. Un escenario donde el acontecimiento sea el cauce de los encuentros a los que convoca el libro. El lugar de la celebración del libro durante los 12 días de feria.

    En ese escenario en el que hemos convertido nuestro stand presentaremos el libro de Marina Lamus Obregón, Teatro siglo XIX, compañías andantes y viajeras con la presencia del Teatro Matacandelas de Medellín y el escritor y director de teatro, Sandro Romero Rey. Será el jueves 12 de mayo a las 6:30 p.m.

    También tendremos un concurso de ilustración cuyas bases pueden encontrar en nuestro blog.

    Y no podíamos dejar de hablar de las novedades para este año:

    -Viajeros. Pablo Montoya. Ilustraciones, José Antonio Suárez. Colección Poemas ilustrados.

    -Que no me miren. Ricardo Silva Romero. Ilustraciones, Daniel Gómez. Colección Bola de agua.

    -Todos ellos. Félix Ángel. Poesía y linóleo.

    -Fernando González. Velada metafísica. Fernando González. Guión de la obra del Teatro Matacandelas. Colección Deus ex machina.

    -Teatro siglo XIX, compañías nacionales y viajeras. Marina Lamus Obregón. Ilustraciones: Pilar Benavides. (Historia del teatro)

    -Los sabores de la casa. Leonor Santamaría de Rodríguez. (Cocina)

    Los esperamos en Corferias, en el pabellón 6, primer piso, stand 120.

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  • Tragaluz en internet

    Tragaluz editores abre nuevos canales de comunicación para el libro

    Algunos puentes que nos permitan expandir y compartir desde nuestra labor editorial con cada uno de nuestros lectores.
    Desde ahora estamos en redes como Twitter y Facebook. Queremos hacerles la invitación especial para que nos acompañen desde allí, entre lo que parece pasado a ojos de muchos y lo que parece novedoso a ojos de tantos, el libro e internet. A fin de cuentas una nueva interacción en torno a los temas que han estado presentes hasta ahora entre usted y nosotros en nuestras colecciones. De la mano del libro nuevos espacios desde la tecnología para la poesía, el arte, el cuento, la dramaturgia, la fotografía, la ilustración y el diseño gráfico.
    Pronto contaremos con una nueva página web y los invitamos a seguir recorriendo nuestro blog Mediavuelta digital.

    Twitter: @TragaluzLibros
    Facebook: Tragaluz editores
    Blog Mediavuelta digital: www.mediavueltadigital.com

    Mediavuelta
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  • Teatro siempre

    Teatro siglo XIX. Compañías nacionales y viajeras
    Autora: Marina Lamus Obregón
    Serie: Páginas de Teatro Colombiano (Calas Históricas)

    Igual que la primera edición, la obra está presentada en dos partes: la primera, dedicada al teatro recitado, como se decía en el pasado, y la segunda, al teatro musical (zarzuela y ópera). La mayor parte de la información aquí consignada es producto de una minuciosa búsqueda hecha por la autora en reseñas y columnas periodísticas de la prensa colombiana del siglo XIX.

    Ficha técnica
    Encuadernación tapa rústica, 17.5 x 22 cm, 536 pp., $70.000.

    Crítica de libros
    Revista Arcadia #66
    Teatro siempre
    Fabio Rubiano reseña Teatro siglo XIX. Compañías nacionales y viajeras, de Marina Lamus Obregón.

    Si alguien tiene memoria de lo que eran las primeras ediciones de La vuelta a Colombia en bicicleta, recordará las fotos de unos ciclistas muy flacos con las bicicletas al hombro cruzando trochas, pedaleando entre charcos, caminos destapados o accidentados al lado del camino. Hablo de 1951, cuando en el país había algunas carreteras, carros, camiones, luz eléctrica y transmisión por radio.

    Ahora imagínense eso cien años antes, en plena mitad del siglo XIX, pero no con ciclistas, sino con una compañía teatral de gira por Cúcuta, Bucaramanga, Soto, Socorro, Honda, Zipaquirá, Bogotá e intermedias, cargando no una bicicleta, sino escenografía, vestuario, utilería, actores, actrices y niños; sin carros, sin camiones, sin luz eléctrica y, obviamente, sin radio.

    Sí, eso existió, los grupos de teatro han existido siempre en Colombia, y siempre los ha movido las ganas de hacer teatro.

    Marina Lamus Obregón, una de las investigadoras más constantes del teatro colombiano y latinoamericano, presentó hace unos meses Teatro siglo XIX. Compañías nacionales y viajeras, un hermoso libro de Tragaluz Editores. Allí, en más de quinientas páginas nos enteramos de lo que hacían los teatreros nacionales y extranjeros para consolidar y hacer crecer un movimiento que hasta el día de hoy sigue luchando.

    El libro comienza así. “Las representaciones concretas de las bellas artes revelan el grado de civilización de un país o su estado de barbarie”. Y más adelante dice: “la Nueva Granada, debía empeñarse en la ‘carrera’ hacía la civilización: no existía armonía ni proporción entre sus ciencias, industrias, artes y literatura, razón por la cual esto debía formar parte de la República. Por tanto, los humanistas, la dirigencia política y las élites intelectuales asumieron la tarea de promocionar los paradigmas de las naciones civilizadas”.

    La investigación es exhaustiva y amplia; nos enteramos de cómo existían compañías por todas partes, desde el Tolima con la Compañía Dramática Tolimense, “las tres hijas del director-empresario eran las principales figuras y atracción del conjunto”, hasta Mompox, en la que por la misma época tres sociedades literarias fomentaron el teatro: La Sociedad Dramática de Aficionados,La Sociedad Dramática de Beneficencia y La Sociedad Dramática, que era formada sólo por mujeres.

    El tema de las mujeres en el teatro de la época es amplio, se encuentran cientos de reseñas, críticas, loas, dificultades y alabanzas que recibieron las artistas. A pesar de que para la mayoría no era bien visto que las damas se dedicaran a la actuación hubo voces de apoyo: “era preciso restaurar las instituciones, la sociedad y el teatro, desterrar para siempre el ‘ruin vestigio’ de los siglos pasados, reflejados en conceptos vetustos”. En 1851, El Neo-granadino dice: “suerte penosa es la de los actores y actrices en nuestro país, en donde aún subsiste la bárbara preo-cupación española de pensar que se degrada a una persona con dedicarse al teatro”.

    Los afanes patrióticos y artísticos siempre han sido políticos; la Compañía Dramática Nacional se creó alrededor de un objetivo común: “crear un teatro patrio que ayudara a romper definitivamente con los lazos coloniales”.

    En la lucha por la consolidación de estéticas propias, se cuentan historias de directores, actores, escenógrafos y empresarios. De los dramaturgos también, como el caso del Padre Cera, quien dio de puñetazos al dramaturgo José María Samper para expresar su desacuerdo con las ideas expuestas en el drama Dios corrige no mata.

    Teatro siglo XIX. Compañías nacionales y viajeras nos habla de la búsqueda de una identidad, “del afán por cambiar la barbarie de la guerra por las dulces satisfacciones del teatro”, como dijo en 1862 el periódico El Norte. Un siglo importante, sobre todo porque en el XVIII los cómicos no tenían siquiera derecho a ser enterrados en campo santo.

    Por: Fabio Rubiano Orjuela

    Revista Arcadia #66 (19 de marzo al 28 de abril de 2011).

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