Programa tus compras para recibirlas 1 semana después. / / Por la contingencia de salud, las entregas pueden tardar un poco más de lo normal.

B L O G

  • Los centros de documentación. La memoria recobrada

    Este artículo fue escrito por Marina Lamus Obregón, una autora de Tragaluz editores (Teatro siglo XIX. Compañías nacionales y viajeras), a raíz de la apertura del centro de documentación del Teatro Matacandelas de Medellín. Nos interesa compartirlo con ustedes en este espacio, por su dedicación especial a la memoria y su construcción. Así mismo, por la cercanía con este grupo de teatro y nuestro creciente interés en publicar guiones de importantes obras nacionales como una manera de registrar y capturar esos momentos artísticos que queremos preservar en los libros para poder contar con ellos y saber lo que somos y hemos sido. Pese a que la representación de una obra teatral, por su carácter efímero, es un acontecimiento único e irrepetible, los guiones de la colección Deus ex machina, son nuestra forma de construir y reconstruir la memoria. El editor es un eterno constructor de memoria.

     

    Palabras de apertura del Centro de Documentación del Teatro Matacandelas de Medellín

    por Marina Lamus Obregón

    Algunos miembros del gremio de las artes escénicas consideran que su ejercicio artístico, por pertenecer a las artes vivas, todos los días vive y todos los días muere. Es un arte que se lleva el viento, su permanencia guarda el ritmo y la duración de un suspiro cuando las saudades se adueñan del corazón. A su vez, muchos teatristas sienten el orgullo de pertenecer a la antiquísima estirpe de los artistas nómadas, aquellos que viajaban en una carreta cargando pocos enseres, el fuego y los objetos necesarios para representar su arte.

    Entonces, la pregunta es: ¿si se pertenece a este antiquísimo linaje y se cultiva este arte, para qué formar un centro de documentación? ¿Acaso esta labor no estaría dentro de la jurisdicción de la administración cultural o de los estudiosos, generalmente aliados del sedentarismo?

    Lo primero que se podría contestar a esa pregunta es que quienes piensan así pueden tener toda la razón porque las sociedades tienen sus profundos –y a veces arbitrarios– mecanismos para recordar y para olvidar. Pero existe un reconocido problema, y es el que algunas sociedades, por particulares circuns­tancias, han encontrado más mecanismos para el olvido que para decantar los recuerdos y que estos pasen a formar parte de la memoria artística del país. En parte porque los tiempos cambiaron y las tropas artísticas ya no llegan a romper la monotonía de las urbes con su bullicio, su música, sus raras costumbres y sus historias escénicas. Ahora tienen que disputarse un lugar en las grandes y atiborradas urbes, lo cual significa múltiples expresiones artísticas.

    La segunda respuesta es la de que el teatro está conformado por patrimonios tangibles e intangibles, que son dos caras de la misma moneda, como lo consideran algunos estudiosos de la cultura. Y como todo patrimonio simboliza, representa y comunica, pues actores y actrices son intérpretes de las memorias de sus sociedades porque sus cuerpos son su principal soporte.

    Es en el cuerpo en donde ellos decantan expresiones trascendentales de su cultura, porque son cuerpos humanos en movimiento que obedecen a determinadas proxemias y quinesis: están reelaborando ciertas posturas, gestos, ritmos, distancias de su medio, en una continua interacción de su cuerpo como instrumento artístico con el cuerpo en las relaciones cotidianas. Esto equivale también a decir que están resignificando expresiones tradicionales, esas que son compartidas con los miembros de su cultura y, por lo cual, tienen un profundo sentido colectivo. Es en este sentido que el escenario constituye un valioso y fundamental patrimonio no escrito.

    A la par con lo anterior, los artistas del teatro aportan textos a las poéticas dramáticas y a las literarias, y continuamente están reelaborando la cultura escrita también. Ya sea la propia o la que por curiosidad, por gusto, por identificación se han ido apropiando. Entonces, es en estos sentidos que los artistas del teatro están haciendo un aporte a la memoria, porque la memoria no sólo se recupera, se construye y reconstruye.

    Adquiere mayor sentido la reflexión anterior si pensamos que en temas culturales, por fortuna somos herederos de varias de ellas, la occidental, las afrodescendientes y las nativas o ancestrales. Y todas ellas aportan importantes conceptos que respaldan la necesidad de defender los patrimonios simbólicos. En el mundo occidental moderno, por cuestiones metodológicas, el concepto de patrimonio ha sido clasificado en categorías individualizadas con límites, que a primera vista parecen ser muy precisas y casi eternas porque pertenecen a construcciones históricas: patrimonio económico, patrimonio cultural tangible e intangible, patrimonio genético, etcétera. Pero esto no fue así antes en el mundo occidental antiguo, que no conoció esas fronteras tan bien delimitadas, como tampoco lo fue ni lo ha sido para nuestras culturas ancestrales, para quienes el patrimonio forma parte de su estructura de pensamiento, a veces coincidente con categorías mágicas, definidas de un modo amplio, con fronteras imprecisas y con un poder especial para propagarse de manera continua. Es por ello que en dichas culturas el patrimonio y la memoria están estrechamente ligadas. La memoria o memorias no están en el pasado, no son una acumulación de recuerdos. La memoria está al frente, se puede leer o interpretar. Si se quiere, se podría decir que la memoria es el presente del pasado.

    Mirado así, podríamos también decir que el patrimonio no significa repetir lo que hemos heredado, no significa tampoco acumular o coleccionar una serie de objetos apropiados para demarcar un dominio subjetivo en oposición a otros: guardo estos objetos para demarcar mi grupo social y de esta manera diferenciarme del “otro” que también tendrá sus objetos diferenciadores. No. Se trata de conservar las huellas de los practicantes de un arte, las huellas tangibles que los artistas van dejando, esas que se pueden guardar, ordenar, clasificar y todas esas normas que dictan los parámetros técnicos. La complejidad radica en el rescate de las intangibles. Las que corresponden a los cuerpos en el escenario. Habría que encontrar los mecanismos necesarios para documentarlas y hacerlas visibles. Porque con estas sutiles huellas ocurre como cuando nos paramos frente a un espejo, lo que vemos reflejado en él son huellas de la vida, porque cada uno de nosotros somos portadores de grandes huellas que podemos leer y que los demás pueden también leer, porque nuestra estructura no sólo es física. Y esto mismo ocurre con el teatro, en los pliegues de esas huellas están las memorias que son como archivos que nos posibilitan reinventarnos continuamente o cuando lo necesitamos. Por fortuna para las artes escénicas, la tecnología actual permite rescatar una parte, tal vez mínima, de los cuerpos en el escenario.

    Ya para terminar, vuelvo a repetir la pregunta: ¿Para qué un centro documental? Y en esta respuesta voy a ser muy práctica, tal vez he debido comenzar por aquí. Porque no existen, salvo algunas honrosas excepciones (como la del maestro Gilberto Martínez, en Medellín). Si la mayoría de los artistas logra conservar parte de esas grandes huellas, pueden informar sobre sus procesos, que son múltiples y diferentes unos de otros, entonces habrá riqueza documental y ésta permitirá observar distintos contextos y perspectivas del arte. Y es posible también que a futuro, gracias a los avances tecnológicos se logre conformar un gran centro documental especializado, en línea. Porque este esfuerzo por guardar y ordenar debe llevar a edificar verdaderas unidades de información y como tales, darles un tratamiento analítico que permita generar nuevos trabajos ya sean artísticos o de investigación, crear un espacio de encuentro real, de reflexión y difusión, con una intervención efectiva de quienes están trabajando sobre sus huellas, para generar mayor conocimiento. Al generar conocimiento se está interpretando, es memoria y experiencia colectiva compartida, no es subjetiva, es reflexión y emoción compartida. Y es posible que todo esto colabore a que tengamos un fuerte “nosotros”, con identidad.

    Nota: algunos conceptos sobre los patrimonios fueron tomados e interpretados, de una manera personal para el teatro, de los siguientes estudiosos y gestores culturales: el colombiano Fernando Barona Tovar (Gestión del patrimonio intangible; y Ciencia y conocimiento: dos paradigmas por construir en las instituciones culturales); el brasileño José Reginaldo Santos Gonçalves (O patrimônio como categoria de pensamento) y el español Antonio Muñoz Carrión (El patrimonio cultural material y el inmaterial: dos caras de la misma moneda).

     

    Mediavuelta
    Tragaluz editores S.A.
    Edificio Lugo Of. 1108 · Calle 6 Sur #43A-200
    Telefax 312 02 95
    [email protected]
    www.tragaluzeditores.com
    Medellín – Colombia

  • Carta a Esperanza

    (Un ejercicio de «cadáver exquisito» desde twitter)

    Medellín, noviembre 25 de 2011.
    Querida Esperanza, te escribo sin saber qué decir después de tantas cosas que vivimos en esta ciudad.
    A veces se perdía en detalles y algunos estribos, pero quién dijo que pintar montañas era tarea fácil, pero lo logramos.
    Después de usar tantos botes de pintura, me pregunto ¿qué haremos con los tarros? Quizá debamos sembrar algunas flores o de pronto usarlos como tambores cuando lleguen los vecinos el próximo lunes.
    Esta carta estuvo suspendida en un torrente de cartas que eran verificadas y catalogadas por el Estado.
    CARTA PELIGROSA: Contiene ideas de tarros musicales, con flores, con huequitos para mirar las estrellas y otras.
    Pero a veces las estrellas se ven por encima de las montañas y no hay ningún sonido que traiga de nuevo tu recuerdo. En la vieja casa de la montaña, él, solitario observa el roble que fue confidente de sus pasiones y recuerdos.
    A lo lejos, aún se divisan musgos y enredaderas cobrando para sí las derruidas tapias de la casa abandonada de León.
    Ya ves. Me confundo. Ya escribo en tercera persona. Y no soy hábil para describir la casa, la montaña, la estrella. Sí, no sé escribir ni siquiera los domingos. Lo repetiste una y otra vez antes de irte pero quiero que sepas que lo he intentado frente a una hoja en blanco, trayendo los recuerdos de los caminos que recorrimos. Ha sido inútil.
    Quizá lo mejor sea salir, llevar la libreta y empezar a trazar palabras sin pensar, como en los viejos tiempos. Pero entonces empezaría a caminar y no podría detenerme más y todas esas palabras quedarían borradas por mis pasos.
    Te extraño. Vaya manera de decirlo. He escrito esta carta cientos de veces. No estoy seguro de querer enviarla. Mis impulsos no me dejan, mis suspiros me agobian.
    Escribo ahora las letras que confusamente, me recuerdan cómo eras en esa noche de hotel en la cual nuestros deseos se hicieron realidad, cuando nuestros cuerpos se fundieron pidiendo estar perdidos en un cielo prófugo, como dos almas extasiadas de tanto placer. Entiende que estamos condenados al fuego nocturno. Al laberinto ígneo del del sueño. Ay, dime si no hay otro castigo peor. Peor que llegar de último y que te cierren la puerta justo en frente, pero bueno, así es la vida. Si recibiste la… Y entre mi bolsillo tu lazo violeta atrapado en mi mano empapada, recuerdo palpitante que me hace escribirte hoy.
    No vale la pena entrar en más sentimentalismos cuando escribirte me ha dejado con sueño y hambre. Creo que iré a a comerme una deliciosa hamburguesa con papitas fritas, ¿te acuerdas cuando se te regó la gaseosa? nos reímos como como tontos sin importar lo que pensará y/o dijera la gente. Fueron mágicos aquellos momentos, pero ahora estoy aquí y no me importa si vas o vienes si te quedas allí si cantas en las noches o si se te enreda el pelo con el viento.
    Y bien, hice un gran esfuerzo. Pero hoy no me esperes. Sé que nos volveremos a ver al otro lado del río-sin-orillas. Sabrás cómo encontrarme. No es preciso que abras los ojos; la intuición será tu guía. Sólo déjate llevar… De todas maneras las montañas nada dicen de encuentros o desencuentros, sólo velan lo que ya no somos. Y el aire siempre será testigo del fluir de nuestros pasos, la culpa no será más una excusa, caminar será alimento lumínico de tus ojos cerrados, penetrará tus párpados e infectará tu mirar con la ponzoña del mío.
    Mediavuelta
    Tragaluz editores S.A.

    Edificio Lugo Of. 1108 · Calle 6 Sur #43A-200
    Telefax 312 02 95
    [email protected]
    www.tragaluzeditores.com
    Medellín – Colombia

  • Introducción al libro «Débora Arango, Cuaderno de notas»

    Este libro conmemora el centenario del nacimiento de la pintora antioqueña Débora Arango (1907-2005) mediante la recuperación de aspectos desconocidos de su trabajo. La primera parte presenta una semblanza biográfica, trazada a partir de numerosas conversaciones sostenidas con la artista a lo largo de más de tres años. Su voz le cuenta al lector, en un tono coloquial de sábado por la tarde, los retazos de una vida que con mayor fuerza quedaron guardados en su memoria.

    El eje central es un cuaderno de notas que la acompañó durante una temporada en España, a donde viajó con el propósito de estudiar pintura mural y conocer museos. En este cuaderno apuntó una gran diversidad de asuntos, destacándose, entre ellos, las fórmulas y procedimientos técnicos del oficio, tan comunes en la dilatada tradición artística del Viejo Mundo, pero tan desconocidos en el estrecho medio que le tocó en suerte.
    Débora siempre añoró pintar grandes murales al fresco, pero encontró un medio hostil y un maestro que prefirió llevarse sus secretos a la tumba. Optó entonces por viajar al exterior, primero a México, donde fue recibida con generosidad, y años después, a Madrid. Para entonces, ya era conciente de que no le sería dado pintar murales; sin embargo, persistió en perfeccionar sus conocimientos técnicos. Quedan algunos ensayos que aquí se rescatan junto con las circunstancias en las que los pintó.
    Aunque acudió a otros medios como la cerámica, el barro, el baldosín y el fresco, Débora fue fundamentalmente una pintora que hizo suyos el color vivaz y la pincelada gruesa, los grandes formatos y las composiciones ambiciosas. Llenó múltiples libretas y cuadernos con dibujos que le sirvieron, sobre todo, para ejercitar la mano y conservar sus ideas gráficas poco convencionales. No fue una dibujante diestra sino una pintora que fijó con trazos simplificados, imágenes que en la mayoría de los casos nunca pasaron a la tela.
    Con su obra, Débora Arango sacudió los cimientos tradicionales del arte colombiano. Alteró los cánones de la representación del cuerpo femenino, descubrió el valor de la pintura como conciencia social y política, y sobre todo, hizo ver lo que nadie quería ver. A lo largo de su trayectoria vital supo apartarse de la polémica y el escándalo que despertó. Mantuvo su obra indemne y atendió solo el servicio de la pintura. No hubo poder humano que consiguiera vencerla: con sabiduría y suprema fuerza interior cultivó en Casablanca, su residencia en Envigado, un oasis al margen de las miserias humanas.

    El Ministerio de Cultura de Colombia apoyó la reimpresión de este libro. El proyecto fue seleccionado en la convocatoria Leer es mi cuento 2011, en el marco del Plan Nacional de Lectura y Escritura.

    Por: Santiago Londoño Vélez

    Mediavuelta
    Tragaluz editores S.A.

    Edificio Lugo Of. 1108 · Calle 6 Sur #43A-200
    Telefax 312 02 95
    [email protected]
    www.tragaluzeditores.com
    Medellín – Colombia

  • Cartero


    Desde hoy iniciamos un nuevo juego en twitter a través de @TragaluzLibros.


    1. Con la etiqueta #Cartero escribiremos una carta sin tema específico entre todos los que quieran participar.

    2. Una carta al modo de un “cadáver exquisito”. #Cartero

    3. Usaremos en cada intervención los 140 caracteres de twitter y siempre con la etiqueta #Cartero

    4. El próximo viernes, según el orden cronológico publicaremos la carta en nuestro blog Mediavuelta.

    5. Es importante saber en qué va la etiqueta #Cartero. En qué condiciones ha quedado el texto anterior para continuar la carta.

    6. Cada tweet es un fragmento de la carta completa.

    7. Así daremos la entrada a una nueva colección en nuestro sello editorial que tendrá como eje la correspondencia y del que pronto veremos el primer libro.


    Así empezamos ya:

    Medellín, noviembre 25 de 2011. Querida Esperanza, te escribo sin saber qué decir después de tantas cosas que vivimos en esta ciudad… #Cartero @TragaluzLibros

    Mediavuelta
    Tragaluz editores S.A.

    Edificio Lugo Of. 1108 · Calle 6 Sur #43A-200
    Telefax 312 02 95
    [email protected]
    www.tragaluzeditores.com
    Medellín – Colombia

  • Esa gente que ama el papel

    Tragaluz cumple seis años publicando libros de notable valor estético que recuerdan, intencionalmente o no, los muchos territorios que los formatos electrónicos no podrán alcanzar


    Artículo de la revista El Librero. Noviembre de 2011.
    Por Marcel Ventura

    Hombres en corbata que muestran, orgullosos, un libro conmemorativo de su empresa, ilustradores felices de haber encontrado un espacio, poetas que difícilmente imaginaron ver su obra impresa de manera tan cuidadosa, dramaturgos, lectores, coleccionistas: todos saben que Tragaluz –o, para los menos memoriosos, “la gente que hace esos libros tan bonitos”– está desarrollando algo importante desde Medellín gracias a una visión editorial que es valorada en toda Colombia y ya ha tenido eco en ferias tan destacadas como Frankfurt.

    Entre un despido y el cansancio de haber hecho lo mismo durante años, Pilar Gutiérrez y Juan Carlos Restrepo decidieron que sus vidas necesitaban un cambio. Como pareja, desoyeron las probables voces que desaconsejaban fundar una empresa juntos y trabajar en ella, además, ignoraron aquello de que la poesía no vende y hacia finales de 2005 arrendaron una pequeña oficina en Medellín: “Era un edificio donde todos los vecinos tenían buenos negocios, así que fuimos de puerta en puerta, presentándonos, para preguntar si alguien necesitaba tarjetas de presentación, catálogos, cualquier cosa que nos ayudara a comenzar. El primer año fue de servicios”, recuerda Gutiérrez. Así nació Tragaluz Editores.

    Tres poemas ilustrados, de Jaime Jaramillo Escobar, fue el primer libro del sello, que inauguró la extraña idea de distinguirse como una editorial de poesía, al menos inicialmente. En pocos meses se sumaron varios clientes corporativos, el autor nadaísta comenzó a vender y Tragaluz tomó forma en proyectos propios, pero también corporativos, como en el caso de Inventario Vegetal, hecho para conmemorar los 75 años de Argos: “Separamos claramente los proyectos para empresas, públicas o privadas, de los que pertenecen a nuestro catálogo y agradecemos que nos hayan recibido tan bien, porque son esos clientes los que nos ayudan a cumplir nuestro sueño, que es este sello… Hemos tenido tanta, tanta suerte que el 80% de lo que nos encargan es delicioso.”

    Si actualmente promedian 50 libros al año, de los cuales 10 pertenecen al catálogo de la editorial, se debe a que no es necesario dar muchas vueltas para entender que Tragaluz ve a cada título como un acontecimiento, como un hecho objetual. Si la frivolidad de publicar algo “bonito” sin pensar en el contenido es un riesgo, Gutiérrez y Restrepo lo han esquivado con inteligencia. A Jaramillo Escobar suman poetas contrastados como Eduardo Escobar, Giovanni Quessep y Juan Felipe Robledo, pero han ampliado el catálogo con otros géneros, como el cuaderno de notas de Débora Arango o los más recientes libros infantiles, que coinciden con el nacimiento de María, la hija de Pilar y Juan: “Ha sido una inspiración desde que llegó”. Los libros leporellos Vaivén y Bola de agua, los pequeños relatos de Que no me miren seguramente pasaron por la aprobación previa de la niña antes de llegar a las librerías, donde se han vendido muy bien, demostrando que hay una nueva editora en la casa.

    Los 34 libros publicados bajo el sello Tragaluz se parecen a las nueve personas que trabajan hoy en día en las oficinas, gente con un punto de nostalgia que en tiempos de revoluciones electrónicas y futurólogos desbocados han decidido volver a las raíces, al algodón, a la tinta, a la encuadernación manual, a las texturas. El papel despierta emociones singulares en la gente y Pilar Gutiérrez, quien mide con cuidado una lenta internacionalización, sabe que sus libros tienen muchos viajes por delante.

    Mediavuelta
    Tragaluz editores S.A.

    Edificio Lugo Of. 1108 · Calle 6 Sur #43A-200
    Telefax 312 02 95
    [email protected]
    www.tragaluzeditores.com
    Medellín – Colombia