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B L O G

  • La valiosa correspondencia ajena

    Cuando uno quiere a un autor, pocos documentos le resultan más preciosos que su correspondencia. A veces las cartas son el revés de su obra, la arquitectura íntima sobre la cual se levanta la escritura. Leer la correspondencia de un artista es asistir a la fuente de su creación, es presenciar su ser en acto. El carácter privado de las cartas permite que las palabras se desnuden, y uno termina conociendo a la persona, a ese que fue amigo, amante, hermano, ciudadano, colega, artista… 
    En ocasiones la correspondencia ajena se lee con pudor, otras veces con voracidad, con miedo, con ternura, con compasión, muchas veces con deseos de responder y participar en la conversación. Porque el género epistolar es un escenario donde se habla, donde se tejen lentamente las palabras de uno con otro; el placer de escribir y leer cartas puede residir en eso: en poder conversar al margen del tiempo, escuchar al otro y responderle al ritmo que escoja el alma. 
    Hay escritores que construyeron gran parte de su obra en el género epistolar. Quizás el ejemplo emblemático sea Rilke, pero no es arriesgado pensar que la mayoría de los grandes autores han dejado la huella de su voz en sus cartas. 
    Para conocer más sobre ese tipo de correspondencia, tan importante en la literatura, queremos preguntarle a nuestros lectores cuáles son las cartas que más han disfrutado leer, la correspondencia que más quieren. La pregunta está abierta en Twitter y ya han empezado a llegar las respuestas. Compartimos con ustedes algunas de ellas, y los invitamos a participar.


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  • Helí Ramírez – Cuatro poemas

    Para quienes lo conocen, será un gusto volver a leerlo; para quienes no, será la oportunidad de conocer un gran poeta. Como les contamos en la entrada anterior, acabamos de publicar el último libro de Helí Ramírez, Desde al otro lado del canto, y es para nosotros un placer compartir con ustedes una selección de cuatro poemas. En ellos está viva la voz de un hombre que ha vivido Medellín como pocos, y que ha tenido la virtud de darle palabras a lo que para los demás habitantes se queda en sensación muda, en el silencio de los gestos.
    Acompañamos los escritos de Helí con las imágenes de otro importante artista de nuestra ciudad y amigo de Tragaluz: Fredy Serna.
    Las horas y los días (serie). Acrílico sobre lienzo, 24 x 24 cm c/u. 2006.



    Uno es algo
    Y no me diga que uno es nada en la vida. ¿Somos nada? Somos.
    Yo soy.
    Es imposible no ser algo. Uno es algo.
    ¿Que uno es nada si no se tiene un peso en el bolsillo
    ni tarjeta en un cajero?
    De acuerdo. Muy estúpido sería decirle que no. No tenemos un
    peso, ni tarjeta para meter en la ranura de un cajero,
    pero de ahí a que somos nada, mal me huele esa idea.
    Y para que se muerdan las uñas: eso tiene solución en uno de esos
    pensamientos que llaman malos bien parado en la mente
    por una carretera sembrada en pinos de ilusiones.
    Y no me diga que así lo quiso el destino.
    A la una, a las dos, o a las cuatro de la tarde o del amanecer
    uno es lo que quiera ser o sea
    a no ser que de pereza nos quedemos sentados…
    sentados a esperar que el billete
    del cielo caiga por un hueco en el techo
    a la sala del rancho.
    Yo sí tengo muchas cosas que ser para hacer.

    El miedo en un grito
    Otra explosión se oye y disparos se escuchan
    para que la tarde de falda gris
    después de una ráfaga seguida de cansancio
    llene su rostro la tarde de miedo
    y los labios de quienes salen a buscar el bus o el metro
    para sus casas huérfanos de alegría en la tarde,
    despeguen los labios con segueta y se murmuren un
    «buenas tardes» para perderse entre el miedo en un grito
    al escuchar historias parecidas a las suyas
    sobre los hombros en el bus o el metro al salir de la
    tarde de falda gris y entrar a la noche de mirada negra
    y despertar al amanecer de peludo horizonte…,
    peludo horizonte.

    Doce de octubre. Grafito acrílico, 240 x 240 cm. 2005. Obra perteneciente al Museo de Antioquia.
    Un día para otro su sombra
    La vida cambia de un día para otro su sombra,
    y otras son las ambiciones en un tiempo
    que no se sabe a cuántos días equivaldrá;
    Con oscuridad o claridad le rompo
    el ojo ciego al destino que posa de duro.
    Así las cosas, defiendo mi espíritu;
    que mi espíritu no se vaya a doblegar.
    Si lo logro,
    hago fiesta.
    Severa rumba hago.


    No nací para morir antes de estar muerto
    De las ilusiones que me hago a alguna llego.
    Yo no nací para morir antes de estar muerto. Olvídese. Así
    como no me quedé en la pared de una esquina pegado de grafiti
    en fondo de pantalla para un video.
    Nada está perdido para mí.
    Y fuera de la consigna «plata o muerte»
    que a veces tan burda suena cuando
    se escucha desde la comodidad o desde un mediado estar
    me he planteado otras consignas para ser
    feliz entre la realidad cotidiana siempre de reina cruel
    cuando se está encajonado entre
    un Mínimo de salario que no entrega
    una noche de fiesta ni aunque se le
    amenace y de la amenaza se pase al
    hecho de dejarlo en las afueras de la
    ciudad de basura en una bolsa negra…, al
    Mínimo. Claro. Con mayúscula.
    ¿Muy viniendo traición?
    Cuidado con ese muerto que quiere hablar.
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  • El canto de Helí

    ¿Alguien ha visto los buses que llevan la gente a los entierros y ha pensado en la posible novia que llora en ellos? ¿O ha sospechado el insomnio de un vecino que no sabe cómo conseguir la comida del día que viene? ¿A alguien lo han despertado en la madrugada las risas de los jóvenes que hacen la guerra en el barrio? ¿Ha sentido la humillación de un padre que hace una larga fila y firma una planilla para que a sus hijos les den un trozo de panela? ¿Ha imaginado las fantasías que tiene el asesino para huir del miedo que le provoca una calle oscura o el quiebre de una esquina? ¿Ha percibido la resignación alegre de una sancochada en la misma cuadra donde horas después volverá a reinar el odio?
    A las ciudades les hace falta escucharse en la voz de sus poetas. Por varios motivos -entre ellos la rutina, la urgencia de las necesidades, el miedo, la fatiga- el hombre urbano tiene poco tiempo para dedicarle a lo que no corresponde a sus asuntos cotidianos, y con frecuencia termina viviendo en una ciudad que desconoce: ignora el nombre de sus vecinos, desconfía de las intenciones de quien se le acerca, solo se siente seguro en un reducido circuito de calles, y sin darse cuenta pasa por alto los detalles que definen su entorno. 
    Sin embargo, hay miradas que saben escurrirse entre la aparente uniformidad del día a día, que retan la costumbre y advierten los gestos más sutiles, hay miradas que se fijan en lo que muchos viven e ignoran, en esos matices del espíritu de ciudad que envuelve a todos y que pocos sienten. Ésa es la mirada de los poetas: sus versos son el rastro de quien recorre la ciudad para recordarnos que siempre está viva, y nosotros con ella. 
    Por fortuna, la ciudad de Medellín tiene un poeta que la dice con verdad y contundencia. Hace trece años no se publicaba un libro de Helí Ramírez. Su silencio resultaba desconcertante. Luego de escribir En la parte alta abajo, Golosina de sal, o Para morder el cielo, la voz del poeta que vive desde niño en el barrio Castilla se convirtió en referencia fundamental para la literatura de Medellín. Quienes leyeron sus primeros poemas en 1975, supieron que sería un poeta influyente. En sus escritos se levantó la voz de los barrios populares, aparecieron escritas las palabras del parlache, que antes existían únicamente para pronunciarse; Helí terminó de quebrar los rezagos de una poesía formalista y etérea, y empezó a cantar desde lugares insólitos: las fábricas de textiles, los inquilinatos, los callejones donde acecha la guerra, las salas secretas donde velaban a los bandidos, los billares y las tabernas, los parques, las filas para pedir subsidios, los striptiseaderos, los graneros de cuadra, y así empezó a trazar una cartografía de Medellín, esa ciudad fragmentada, esa que casi ninguno ha sabido decir con tanta verdad. 
    La extensa pausa en sus publicaciones acaba de terminar con el lanzamiento de Desde al otro lado del canto, un libro coeditado por la Alcaldía de Medellín y Tragaluz Editores, como uno de los volúmenes de la colección Letras vivas de Medellín, en el que se recogen 113 poemas inéditos y escritos durante estos trece años. ¿Cuál es la mirada que acumuló Helí Ramírez en este tiempo? ¿Cómo siente el poeta a su ciudad? ¿Qué le dice?
    Hay un tono que atraviesa el libro, y está compuesto por un amplio haz de sensaciones, todas originadas en la vida del barrio, en sus conflictos, personajes y lugares. Su escritura sabe de aquel que ha padecido la violencia, del que ha sentido la humillación por la injusticia, del que ha sufrido la amenaza de muerte que cubre las laderas de la ciudad, de aquel cuyo corazón se ha revolcado en la incertidumbre de la pobreza. Helí anda la ciudad, la observa y escucha sus historias. Por lo que escribe, parece haber llegado a la conclusión de que pocos son dueños de su destino y que la mayoría de sus vecinos se han resignado a que la vida escoja su rumbo de cualquier manera. Él no. Él se resiste, su poesía está cargada con la fuerza que mantiene su disidencia: Con oscuridad o claridad le rompo / el ojo ciego al destino que posa de duro
    A veces con amargura, otras veces con dolor camuflado de rabia, siempre inconforme, Ramírez señala las actitudes que paralizan la ciudad: el miedo, la inseguridad, la desconfianza, la envidia, el rencor, la aceptación. Y como sombra de eso destellan los gestos de quienes, aun en medio de las circunstancias adversas, conservan tenacidad en su espíritu, se rebelan diariamente ante la muerte, buscan su dignidad en las orillas del dolor, sin tener que mendigar nada, sin tener que matar, sin tener que tumbar a otros. 
    Hay escritos que se agradecen porque nos comunican como habitantes de una ciudad que ha propiciado la soledad y la distancia entre nosotros. El poeta habla de la pobreza que trasciende lo económico, esa que seca el espíritu, que no sabe de estratos, que impide cantar. Desde al otro lado del canto Helí Ramírez nos sacude, nos llama la atención, nos empuja a rebelarnos desde la palabra, desde la creación. 
    En el libro Quién es quién en la poesía colombiana, de Rogelio Echavarría, el poeta Jaime Jaramillo Escobar se refiere a la poesía de Helí Ramírez: él es el actor, las cosas le suceden a él, y por eso puede hablar desde dentro de los acontecimientos, en el riesgo de los mismos, lo que le confiere dramatismo y autenticidad. Sus libros.., son importantes como dato y como poesía… Helí Ramírez era una voz necesaria para corregir rumbos. El mismo está cambiando, como lo muestra su obra, cada vez más compleja. Al final, la poesía antioqueña le deberá mucho.
    Hoy los lectores agradecemos que Helí Ramírez haya salido de su silencio, que nos ofrezca su mirada de poeta, que nos entregue el testimonio desnudo de la ciudad que somos, ese reflejo que siempre es necesario para conocerse y que nos ayuda a encontrar el lugar del canto. Quizás, como dice en uno de sus poemas: hágase lo que se haya hecho y se haga / habrá un amanecer hermoso.
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  • Carta de María Sara Villa a Mariluz Uribe sobre «Las danzas privadas de Jorge Holguín»

    Queremos compartir con ustedes la carta de María Sara Villa a Mariluz Uribe de Holguín sobre el libro que recientemente publicamos en Tragaluz editores: Las danzas privadas de Jorge Holguín Uribe. Libro en tres transfusiones. María Sara Villa trabajó en la compañía de teatro‑danza de Jorge Holguín y con otros bailarines colombianos viajó a París a presentar La patasola, obra de Jorge, en el concurso internacional del Palacio de Invierno. En 1989, en el Teatro Pablo Tobón de Medellín, presentó con Danzarte una secuencia en homenaje y memoria de Jorge Holguín.

    Mi querida Mariluz: El libro Las danzas privadas de Jorge Holguín Uribe me llegó el viernes, cuando abrí el paquete, ahí mismo, me dieron escalofríos de ver el formato. Tan solo la carátula con su gasa ya empieza a hablar de un camino difícil con la enfermedad… Y aún así, los dibujos y las fotos juguetonas a su lado. Mejor dicho, tan solo la portada ya empezaba a contar qué historia. ¡Felicitaciones de antemano a quien diseñó el formato!
    Decidí abrir un espacio especial para sentarme a leerlo. Ayer tuve la oportunidad de hacerlo. Y aunque no lo he terminado, te puedo asegurar que he tenido el corazón en la mano. No sé cómo agradecerte este regalo y el mandarlo desde Colombia. Segundo, por la infinidad de cosas que me está aportando.
    La primera “transfusión”, tengo cierta memoria de algo que me mostró Jorge cuando primero lo conocí. ¿Sería lo mismo? El hecho es que yo era una bailarina de ballet lentamente convirtiéndome a la danza moderna, aún sin entender las sutilezas bellas del movimiento humano. Confieso que en esa época no me hizo mucha gracia. Ahora me parece una cosa única, fabulosa, ¡eran instrucciones que todo el mundo debería seguir! ¡Con más tiempo me dedicaré a Danzas privadas!
    La segunda parte, también creo tener un recuerdo, de que Jorge me contaba que lo estaba escribiendo. ¿Será que toda esa historia coincide con las fotos que tengo de él en mi sala, tomadas por Beatriz Gaviria en Egipto? ¿Todos ustedes fueron juntos, verdad? ¿Ahí nació Ricardo Corazón de Gelatina? También lo tengo que leer con más cuidado.
    Con Pafi, Mariluz, me quedo sin palabras… Esto es una obra maestra. Me ha cautivado como sólo una buena novela de García Márquez o de Isabel Allende lo han hecho. Esto es un texto de required reading para toda facultad de medicina o enfermería. Esto lo tiene que leer todo el mundo que tenga que ver algo con pacientes con enfermedades terminales. Esto es un documento histórico para quienes estudien el transcurso del descubrimiento del HIV y los esfuerzos que se han hecho. Esto es algo que todos, todos quienes tuvimos el regalo de conocer a Jorge tenemos que leer. Este libro es la más desgarradora y a la vez tierna descripción de una persona que se enfrenta a una enfermedad terminal.
    Esto lo tienes que mandar a los editores que lo rechazaron en Nueva York. Esto es verdaderamente “lo más lindo que yo haya leído en mucho tiempo”, como dice Johs Mork Petersen. He llorado, he reído. He entendido todos los exámenes que le hacían porque son los exámenes que estudié este semestre de enfermería, y que vi siendo hechos en mis pacientes. Y así que los vi a ellos sufrir, me dio qué dolor pensar que Jorge pasó por lo mismo, y tanto, tanto más… Mariluz, estoy con el corazón en la mano… No sabes cuánto, cuánto te agradezco por el regalo que me has dado…
    Seguiré leyéndolo en los próximos días. Empiezo mi semestre de estudio nuevamente la próxima semana. Después te escribo más. Tengo varias preguntas pero ya serán para después. Por el momento un abrazo inmenso. No sabes cuánto te admiro. Tú, su mamá, (¡y ahora que entiendo lo que se siente cuando se es mamá!) tú, qué fortaleza haber hecho todo este trabajo.¡Felicitaciones y tantos agradecimientos a todos los que estuvieron en la producción de esto!
    Con todo mi cariño,
    María Sara
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  • Anagramas

    El nuevo juego de Tragaluz editores en twitter (@TragaluzLibros)

    -¿Qué es un anagrama? Según la RAE (Del lat. anagramma, y este del gr. ἀνάγραμμα).

    1. m. Transposición de las letras de una palabra o sentencia, de la que resulta otra palabra o sentencia distinta.

    2. m. Palabra o sentencia que resulta de esta transposición de letras; p. ej., de amor, Roma, o viceversa.

    -Cada semana jugaremos con los títulos de los libros publicados en nuestro sello Tragaluz editores.

    -Con cada título o frase del libro podrán variar las condiciones del juego.

    La idea es que resulten anagramas con sentido claro.

    -La intención es divertirnos con las palabras y los nuevos sentidos que encontremos. En este juego cada letra y cada combinación adquieren una dimensión mayor.

    -Usaremos la etiqueta #Anagramas y la mención @TragaluzLibros

    -Esta semana el título es «La siempreviva» (Miguel Torres).

    -¡Bienvenidos!

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