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B L O G

  • “El teatro es el arte mirando al acontecimiento”: entrevista a Miguel Torres

    Foto: Carlos Duque

    Miguel Torres ha escrito diversos textos literarios sobre la historia de Colombia. La Toma del Palacio de Justicia, el magnicidio de Jorge Eliécer Gaitán y la época de La Violencia llenan las páginas de ficción del escritor bogotano y completan, de alguna forma, el relato histórico del país. ¿Por qué es importante narrar la historia a través de la creación artística? ¿Qué retos enfrenta la publicación de obras dramáticas en Colombia? Sobre todos estos temas hemos hablado con Miguel Torres para celebrar el Día Mundial del Teatro.

     

    ¿Por qué es importante revisitar a través del teatro hechos históricos de los que ya se ha escrito tanto? 

    La mirada del artista sobre la realidad es distinta a la del historiador y a la de la historia, que es también distinta a la realidad. El teatro es el arte mirando al acontecimiento, a la historia desde el punto de vista artístico, desde la ficción. Estas realidades se cuentan de una forma que muchas veces se aproxima más a la verdad que la versión que mantiene la ‘historia oficial’. En Colombia ha habido una labor de ocultamiento de los acontecimientos más tremendos y bochornosos de su historia. Desde el 9 de abril de 1948, esta es la hora en que todavía hay impunidad sobre un hecho que marcó el comienzo del fracaso de este país, aún se mantiene en la penumbra.

    Las verdades “oficiales” distorsionan, ocultan y mienten acerca de lo que más nos puede avergonzar. El estado ha tenido mucho que ver con esta historia de sangre que tanto daño ha hecho a este país. El arte, desde la perspectiva del teatro y la literatura, muestra esa realidad de una manera que aproxima más al espectador a los hechos. Y eso ocurre porque el arte no tiene ningún interés en ocultar nada, al contrario, es una manera de comunicación que no tiene cortinas que tapen la verdad. Generalmente el artista no tiene una ideología que pretenda ocultar unas cosas y destacar otras, sino un punto de vista estético y la necesidad de pronunciarse sobre la historia.

    Se sabe más a través del arte, de la literatura, el teatro o la pintura que a través de los libros que nos van quedando de la historia. Muchas veces algunos historiadores quieren arrojar puntos de luz sobre el pasado, pero son escasos. Otros historiadores tienen ideologías, acuerdos de intereses ideológicos o partidistas, y la historia que escriben es sesgada. El teatro no tiene ese tipo de impedimentos o de intereses. La novela a partir de la ficción nos acerca muchísimo más a ciertos momentos de la historia y además ofrecen belleza, novedad. El arte transforma la mentalidad de espectador, narra la realidad de una manera distinta. Por eso es tan importante hacer arte, publicar teatro y publicar libros.

     

    ¿Cómo usar la ficción para contar un acontecimiento de la realidad?

    La Siempreviva, por ejemplo, se ocupa de este tremendo acontecimiento [la toma del Palacio de Justicia], que es una vergüenza para el país, y lo hace desde un punto de vista alejado. No trata de destacar la actitud de los que participaron en el asalto, es una mirada desde afuera y desde un punto de vista naturalmente crítico, sin entrada de ideologías. Las obras que ponen por encima del contenido la ideología del autor resultan en una cosa inútil, un arte menor.

     

    ¿Cómo ve el panorama de la dramaturgia actual en Colombia y su consecuente publicación?

    Hay una mirada un poco desde arriba hacia el teatro que también existe con la poesía, que es poco publicada. Naturalmente hay una preferencia por la novela, un género que desde las ventas tiene mucha más demanda que el teatro. Por una cuestión cultural y de educación, los niños comienzan leyendo cuentos, después de grandes empiezan a leer novelas, pero nunca los ponen a leer obras de teatro. Por eso la difusión de textos dramáticos es una labor realmente escasa. Hay más relación de la gente con la novela y las editoriales también la prefieren porque desde el punto de vista económico se vende mucho más que el teatro. Por eso  no tiene una gran distribución y es muy poco el teatro que se encuentra, salvo las obras de Shakespeare y otros clásicos. La que manda es la novela. Por otro lado, el Ministerio de Cultura también ha hecho una buena producción de obras de teatro y convocatorias de obras que se publican. Por ejemplo, la primera vez que se publicó La Siempreviva fue a través del ministerio.

     

    ¿Por qué el teatro es un género residual y aparentemente poco accesible para los lectores?

    El teatro se ha mirado siempre con cierta indiferencia. Es como si las editoriales lo consideraran un género menor. Sin embargo, el teatro forma parte de lo más grande de la literatura del mundo: el teatro griego, el teatro isabelino, Molière, los grandes autores del siglo XX… En Estados Unidos, por ejemplo, se habla a la par de novelistas y de dramaturgos, se les concede la misma importancia. Aquí se privilegia al novelista sobre el dramaturgo.

    La relación de la gente con el teatro ha sido muy distante y escasa. Claro que también se han hecho muchas conquistas. Hay obras que han tenido un gran éxito y una gran asistencia de público. La formación del público teatral la hizo el teatro colombiano de los años 60, que nació sin ninguna protección, muy huérfana de ayudas, haciendo teatro en cualquier lugar donde se podía. Aquí, en Bogotá, apenas había salas y los autores teníamos que ensayar en los apartamentos. Eran pocos los espacios donde se podía mostrar el trabajo que hacíamos. 

    Formar al público fue un trabajo titánico que ocurrió paulatinamente en los epicentros de las grandes ciudades del país. Después el teatro empezó a hacerse más presente, el público era numeroso cuando venían grupos extranjeros. Sin embargo, siento que el teatro colombiano ha sido reconocido mundialmente y lo sigue siendo a partir de los grandes montajes de Cali, Medellín, en Bogotá con La Candelaria, el Teatro El Local… Los grupos eran recibidos con gran entusiasmo y se generaba una crítica maravillosa sobre los espectáculos colombianos.

    Este auge del teatro surgió con el teatro comercial, que tiene muchísima acogida, es un estilo de teatro que mueve mucho público. En cambio, es muy difícil vivir del teatro experimental. Sin embargo, creo que ese es el gran teatro del mundo. El arte, al fin y al cabo, es experimental: se experimenta y se arriesga, se proponen nuevas formas. Así nació el teatro colombiano en los años 60 y 70, siempre a través de conversaciones con el público, que fue una voz muy importante para desarrollar este teatro.

     

    ¿Por qué publicar hoy textos dramáticos?

    Uno de los compromisos editoriales es promocionar la dramaturgia porque los grupos de teatro tienen muy pocas posibilidades de publicar sus propios libros. La Candelaria, por ejemplo, ha publicado sus obras con fondos propios. Pero no solamente es atractivo publicar novelas u otros géneros porque atraen ventas. El teatro es también una necesidad cultural que tiene que darse a conocer al público. Hay muy pocas editoriales como Tragaluz que están publicando teatro y apuestan por él. Es una gran actividad que merece todos los aplausos, porque contribuye a la difusión del teatro, que no es sino un rostro del país que hay que mostrar y divulgar.

     

    ¿Qué importancia tienen las pequeñas compañías de teatro y las iniciativas populares?

    El teatro es costoso, las salas han crecido, hay más teatro comercial, pero naturalmente es muy importante el teatro popular porque tiene una comunicación muy directa con el público: produce un fenómeno de transformación de los espectadores de la misma manera que la literatura.

    En los años sesenta, un grupo de jóvenes queríamos tener nuestras propias salas y las construimos con muy poca ayuda, pidiendo plata por la calle, con subastas o desfiles. Así creamos la casa de la cultura que después se transformó en el Teatro La Candelaria. Prácticamente todo se ha hecho con esfuerzos de la gente que queremos hacer teatro. No se conocen muchas salas impulsadas por el gobierno y, sin embargo, es tan importante como construir museos. Ojalá en cada barrio hubiera una sala de teatro.

    Hay iniciativas, como la de la entidad Idartes, que realizan convocatorias para obras, proyectos de presentación de montajes… Existen nuevas herramientas que permiten mostrar las obras a través del lenguaje de Internet. Nosotros realizamos una lectura de La Siempreviva en noviembre del año pasado y tuvo una gran difusión. Cuando las cosas se normalicen la gente sentirá la necesidad de volver a las salas de teatro, que ahí siguen: desocupadas, vacías y solitarias. Por el momento, hay que inventarse formas que permitan tener siempre una relación entre el público y el teatro.

  • ¡Qué rollo! Un taller de escritura virtual para niños y niñas

    Los niños y las niñas tienen una fuente inagotable de imaginación. Son curiosos por naturaleza, juegan a crear historias y siempre tienen algo que contarnos.

    En abril tendremos un taller de escritura para ellos. En él podrán explorar diferentes elementos para atrapar ideas y poner en palabras lo que quieran contar. El resultado final será un libro rollo ilustrado en la técnica collage.

     

    ¿Quién dará el taller?
    Juliana Muñoz Toro es periodista y magíster en escritura creativa. Ha publicado historias para el público infantil infantil como A la sombra de un naranjo (un libro en forma de rollo antiguo) y 24 señales para descubrir a un alien con Tragaluz; El vuelo de las jorobadas con la editorial Lazo Libros y Mi hermana Juana y las ballenas del fin del mundo con Planeta Lector, entre otros títulos. Escribe una columna sobre los libros en El Espectador

    También le gusta bordar, hacer yoga y consentir a Rima, su gata.

     

    ¿Cómo será?
    A lo largo de cuatro sesiones los chicos y chicas aprenderán formas divertidas para contar historias con su propio estilo.

    · Sesión 1: Donde viven los monstruos… o las ideas.
    Una exploración para saber dónde encontrar ideas de escritura y cómo elegir la historia que queremos contar. 

    · Sesión 2: 24 señales para descubrir a un alien… o a un personaje.
    Cómo empezar a escribir un cuento y darle vida a su protagonista. 

    · Sesión 3: Dibujar sin saber dibujar.
    Crear imágenes para nuestra historia: dibujo, collage, estampado botánico y fotografía. 

    · Sesión 4
    Muestra de rollos, detalles finales y conversación con Mohammad Barrangi, ilustrador de A la sombra de un naranjo.

     

    ¿Con qué recursos contará el taller?
    Se enviará un kit con ilustraciones, una libreta, una pluma y el rollo de papel donde escribirán sus relatos. 


    ¿Cuándo se hará?

    Los sábados 10, 17 y 24 de abril y 8 de mayo, de 3:00 a 5:00 p.m. a través de la plataforma Zoom.


    ¿A quiénes puedo inscribir?
    Niños y niñas entre los 8 y los 14 años que vivan en Colombia, con muchas ganas de escribir y dibujar. Hay 8 cupos disponibles.

    El taller tiene un valor de $350.000 COP. Para inscribirse deben hacer clic aquíSeleccionas el taller, lo agregas al carrito de compras, completas tus datos y eliges el método de pago. En las notas de compra, déjennos los datos de los niños y niñas (nombre y número de la Tarjeta de Identidad).

    Nota: una vez se realice el pago del taller no podremos hacer la devolución del dinero. Si surge alguna duda antes de comprar el cupo, escríbannos al chat de nuestra página o en nuestras redes sociales.

  • Una cadena de mujeres en los libros

    En la conmemoración del día de la mujer queremos contarles cómo en Marquillas, una litografía antioqueña, las mujeres están detrás de todos los libros.

    Marquillas S.A. es una litografía antioqueña que tiene su sede principal en Sabaneta. Lleva más de 20 años en la industria gráfica y los insumos para confección. Dentro de sus servicios se encuentra la materialización e impresión editorial. Lo más característico y especial de esta empresa es que, de los 106 empleados de la planta principal, 64 son mujeres. Están distribuidas en toda la cadena de producción, desde los oficios manuales y físicos hasta las jefaturas de procesos y departamentos. Y no es una mera cuestión de cuotas: aunque consideran que es importante abrir más espacios para las mujeres, son ellas las que han demostrado, por sus habilidades y sensibilidad, ser las indicadas para el delicado trabajo que desempeñan.

    Ana María Zuleta es la asesora comercial y de servicio al cliente de Marquillas. Su función es recibir los pedidos de producción de las empresas o editoriales. De allí los pasa a las áreas de cotización y preprensa. Al ser autorizada la producción, Laura Guerrero, jefe de preprensa, le informa a su equipo cuáles son las especificaciones del proyecto. Se hace una prueba de color y se imprime el machote, un libro completo que sirve como muestra del impreso final. Este debe ser aprobado por la editorial, luego Laura convoca un comité de producción con todo el personal de planta involucrado en el proceso de materialización, donde están Ángela Muñoz, encargada del laminado y Sandra Parra, una de las coordinadoras de la planta, jefa de encuadernación al caballete y responsable del control de calidad.

    En el acabado, es decir, la última etapa del proceso del libro, están María Gutiérrez y María Victoria Garcés. Su trabajo es de precisa observación. Todo debe quedar perfecto: la carátula debe coincidir con el diseño original, las guardas —hojas de papel que protegen y unen el interior del libro con su carátula— deben estar bien pegadas, no puede haber suciedad ni en las tapas ni en las páginas interiores. 

    Como vemos, en la elaboración de un libro hay más que un escritor, un editor y un diseñador. Existe una cadena de personas que lo confeccionan y lo convierten en objeto. En Marquillas, la gran mayoría son mujeres, dato curioso y admirable en una industria que históricamente ha estado controlada por hombres. 

     

    Ana María Zuleta
    Asesora comercial

    Laura Guerrero
    Jefe de preprensa

     

    Ángela Muñoz
    Laminado

     

    Sandra Parra
    Encuadernación al caballete

    María Guitérrez
    Acabados

     

    María Victoria Garcés
    Acabados

  • Diplomado virtual en Ilustración: arte, oficio y profesión

     

    La ilustración es un arte del que se puede vivir. En un mundo donde la imagen constituye un lenguaje universal, existen gran cantidad de personas enfocadas en plasmar de esa manera sus ideas. Sin embargo, la ilustración como oficio, se ejerce frecuentemente desde la informalidad, a pesar de la exigencia creciente de perfiles más profesionales y especializados.

    En Tragaluz entendemos la ilustración como un elemento vital para complementar y contar las historias de nuestros libros, lo que nos ha permitido conocer los procesos creativos de cada ilustrador. Comprendemos que, además del campo editorial, hay muchos lugares para desempeñarse en el oficio.

    Por eso abrimos en alianza con Comfenalco y la Alcaldía de Envigado el Diplomado virtual en ilustración: arte, oficio y profesión, un espacio para fortalecer las habilidades de los ilustradores, compartir las posibilidades para ejercer en el campo laboral y reconocer lo necesario para dedicar la vida al arte de ilustrar.

     

    ¿Qué se verá en el diplomado?

    • Historia de la ilustración: contexto, funciones e impacto de la imagen.
    • Cómo muestro y vendo mi trabajo: presentación de los ámbitos profesionales: editorial, empresarial, textil, ferias, exposiciones y galerías.
    • Quién me puede contratar: manejo de portafolio, redes, formatos, muestras, realización de muestreo o brief.
    • Tipos de ilustrador y qué ofrecer: caligrafía, patrones, animación, infografía, ilustración narrativa, poética, artística y científica.
    • Relación con el cliente: comunicación, cotización, contratación y derechos.
    • Producción de ilustraciones: entrega de artes, repujados, troqueles, guías, parches, mapas, archivos, envíos, escáner, impresión y terminados.
    • Trabajo final.


    ¿Quiénes serán los profes?

    • Daniela Gómez (periodista, editora)
    • Elizabeth Builes (ilustradora)
    • Hernán Franco (diseñador, infografista)
    • José Rosero (artista visual, ilustrador, director de Casa Tinta)
    • Juan Carlos Restrepo Rivas (diseñador)
    • Juan Pablo Serna (diseñador)
    • Mónica Zuluaga (abogada especialista en derecho de autor)
    • Natalia Calao (calígrafa)
    • Pilar Gutiérrez Llano (comunicadora, editora y directora de Tragaluz)
    • Samuel Castaño (ilustrador, diseñador).
    • Sebastián Escobar (diseñador, animador, director de Mero Studio)
    • Sebastián Rubiano (diseñador, ilustrador)
    • Verónica Cardona (ilustradora)

     

    ¿Quiénes se pueden inscribir?
    Ilustradores que residan en el municipio de Envigado. Si bien el diplomado no tendrá costo, se deben cumplir con los siguientes requisitos para postularse:

    • Ser mayores de edad (tener 18 años o más) acreditando esta calidad con cédula de ciudadanía o contraseña si se encuentra en trámite.
    • Haber aprobado mínimo el 9° grado de escolaridad. Presentar el certificado correspondiente.
    • Haber cotizado en cualquier Caja de Compensación del departamento, por lo menos 12 meses; estos meses pueden haber sido continuos o discontinuos, en los últimos tres años. Para validar este punto las personas pueden ingresar a: https://ruaf.sispro.gov.co/TerminosCondiciones.aspx
    • Inscribir su hoja de vida en la página del servicio público de empleo, a la cual pueden acceder a través del siguiente enlace: https://serviciodeempleo.gov.co/
    • Diligenciar de manera completa el presente formulario de postulación.
    • Una vez completados los pasos anteriores, deberá presentar entrevista de selección de la agencia de empleo.
    • Al momento de la entrevista, contar con los documentos requeridos como cuenta de servicios públicos del lugar de residencia y Sisben poblacional.

    Tenemos cupo para 35 participantes. Se debe completar el número mínimo de inscritos que cumplan con todos los requisitos y que pasen los filtros técnicos. De lo contrario el diplomado no se abrirá.

     

    ¿Dónde me inscribo?
    En siguiente enlace: http://bit.ly/3r7cwzc.

     

    ¿Cuándo empieza?
    Del 19 de abril al 2 de julio. Tendrá una duración de 90 horas, distribuidas en tres (3) sesiones teórico-prácticas semanales, los días lunes, miércoles y viernes de 5:00 p.m. a 8:00 p.m. Las clases se harán de manera virtual, por lo que cada participante debe contar con un computador con conexión a Internet y manejar los programas Adobe Photoshop e Illustrator.

    A continuación compartimos las fechas de la convocatoria:

    • Del 1 al 19 de marzo: apertura de convocatoria.
    • 5 y 6 de abril: validación de requisitos y de preinscritos.
    • Del 7 al 13 de abril: entrevistas virtuales a los participantes preseleccionados.
    • 14 y 15  de abril: selección de candidatos y notificación de resultados por correo electrónico.
    • 19 de abril: inicio del proceso formativo.
    • 2 de julio: cierre del proceso formativo.
    • Descarga de certificados en línea: los participantes que aprueben el diplomado podrán descargar el certificado correspondiente después del 26 de julio, a través de la plataforma certificados.comfenalcoantioquia.edu.co.

     

  • «Iguales», un cuento de Dulce Maria Cardoso (fragmento)

    Ilustración: Alefes Silva

    Ambos sabían lo que se debía hacer. Entonces acordaron la fecha. Cuando el día llegó, mezclaron sin titubeos el azufre en la pólvora negra. Ni el uno ni el otro pensaron en retroceder. Ambos sabían lo que debían hacer. Deshecho. Después serían felices otra vez. 

    Tú naciste primero, les decía muchas veces la madre señalando a Afonso. Después se giraba hacia Pedro, tú no tardaste mucho más. Cuando la partera te vio dijo, son tan iguales que tenemos que marcarlos ya. Si los confundimos ahora, nunca más se sabrá cuál nació primero. Después de haberte puesto una cinta blanca en la muñeca, dijo, mirando de nuevo a Afonso, la partera los limpió a los dos y los acostó sobre mi vientre. Dos oruguitas rojizas con los ojos ciegos.

    A pesar de ser agosto llovía mucho el día en que nacieron. Una de esas lluvias de verano que limpian la tierra entera. El cielo estuvo todo el día pardusco, sin nubes, entero, sin principio ni fin. Como hacía mucho calor, la ventana de la habitación estaba abierta y, cuando los dolores empezaron, nadie se acordó de cerrarla. Así permaneció durante el nacimiento. Cuando se dio cuenta, la partera temió que el aire de la calle les hubiera hecho mal. Pero no. Crecieron fuertes y bonitos. Y no había quien no se asombrara al verlos. Nunca en los alrededores se había visto nada igual. Nadie podía distinguirlos. Ni siquiera su padre. Yo siempre los distinguí, pese a ser como dos gotas de agua.

    Pero tú, y señalaba nuevamente a Afonso, tú naciste primero, por eso eres el mayor, decía la madre con orgullo. Y Afonso respondía, sí, así fue. En la memoria del nacimiento que esta historia, tantas veces contada, había construido en su cabeza, era como si se acordara de todo. Sí, así fue, decía Afonso contagiado por el orgullo de la madre. Tú eres el más joven, decía la madre, girándose hacia Pedro, tú naciste después.

    La madre les contaba muchas veces esta historia, les explicaba todo como si fuera difícil de entender, tú naciste después, repetía la madre, y Pedro decía, sí, así fue, pero podría haber sido Afonso, porque las voces ni siquiera la madre las distinguía. Cuando solo los oía, la madre no podía asegurar cuál de los dos hablaba.

    Durante gran parte de las vidas de Afonso y de Pedro, los minutos que pasaron entre el nacimiento de los dos —y que nunca nadie contó— fueron la única diferencia seria e infranqueable conocida. En lo demás eran iguales. No solo en los rasgos que los demás podían ver, sino también en lo que ellos sentían y sabían idéntico, estados simples como el hambre y el sueño, o estados más complicados como el amor y la tristeza. Cualquier sensación o sentimiento era vivido por ambos de la misma forma, y esto los hacía muy felices. La única excepción ocurrió cuando se enamoraron de Clara.

    Cuando vieron a Clara por primera vez ambos sintieron exactamente lo mismo y también supieron de inmediato lo que el otro estaba sintiendo. Si se les hubiera pedido que describieran el entusiasmo que la visión de Clara les había provocado, ambos habrían dicho lo mismo y usado las mismas palabras. Ninguno sabría describir lo que Clara tenía de tan especial, lo que había provocado ese enorme deseo de tocarla. Era una chica bonita, pero no más linda que muchas otras que ya habían conocido. Era afable, pero no más afectuosa que la mayoría de las muchachas en esas edades. Tenía una manera particular de sonreír, los ojos se entrecerraban y aparecían hoyuelos en las mejillas. Pero todas las muchachas tienen particularidades, en la sonrisa, en la manera de andar o en la forma de hacer esto o aquello. Ni Afonso ni Pedro lograron explicar alguna vez la sorpresa que les causó el anhelo de mirar y tocar a Clara. Y más sorprendidos quedaron cuando se dieron cuenta de que, por primera vez en sus vidas, además de no querer compartir un bien, ambos se disputaban ese bien. Más tarde verificaron asustados que cada vez que Clara daba preferencia a uno de ellos crecía en lo íntimo del otro una forma incipiente de odio que ni uno ni otro querían combatir.

    Fue en este último estado, espoleados por la pasión hacia Clara, que Afonso y Pedro conocieron el lado terrible de ser iguales y, más tarde, el lado terrible de detestarse como iguales y querer diferenciarse. Solo así uno de ellos sería elegido. Pero no se debe desunir lo que la naturaleza creó unido, pensaba la madre, y todos aquellos que los conocían. Incluso ellos así recapacitaban. Sabían que eran un solo hombre que existía en dos cuerpos. Y como nada había dejado de ser como debía ser, los cuerpos eran iguales en todo.

    Cuando se enamoraron de Clara, Afonso y Pedro ya eran coheteros. Ya lo eran hacía mucho tiempo. Como era de esperarse, estaban juntos cuando vieron por primera vez el cielo romperse en pedazos de colores. Tenían entonces seis años. Antes de eso no imaginaban lo que pudieran ser los fuegos artificiales. La madre los había llevado a la fiesta del pueblo y paseaba con ellos lado a lado. Ambos habían visto la barraca de los animales con el mismo desinterés, comido churros con la misma gula y limpiado el azúcar de los labios con los mismos gestos. Ambos tuvieron la misma fe en las rifas y sintieron la misma tristeza cuando no les salió el carrito de juguete. Se sintieron cansados y pidieron volver a casa al mismo tiempo.

    Pero la madre quería que vieran los fuegos e insistió para que se quedaran. Los sentó sobre el muro alto que rodeaba la feria y los envolvió con la misma manta. Ellos, al sentirse abrigados, apoyaron la cabeza el uno en el otro y estaban a punto de dormirse cuando oyeron el primer estruendo. Levantaron la cabeza como hicieron todos los que llenaban el recinto ferial. 

    Fue ese día cuando conocieron el cielo salpicado por miles de puntos de luz rojos, dorados, azules, plateados, por claridades súbitas que construían círculos y estrellas que se agigantaban dentro del negro cerrado del cielo para, por fin, deshacerse. Afonso y Pedro no podían creer que pudieran nacer estrellas de varios colores así de repente, estrellas con puntas inusuales, círculos que encajaban bien unos en otros, torbellinos de hilos brillantes que serpenteaban por el cielo y lo hacían ver aún más grande.

    Cuando el fuego se acabó y todo volvió a estar oscuro, cuando el ruido de la fiesta regresó al recinto, ambos ya sabían qué querían hacer cuando fueran grandes. Ninguno tenía la menor idea de cómo ocurría el fuego, pero ambos empezaron de inmediato a planear los dibujos que les gustaría ver en el cielo: el carrito de juguete que habían perdido en las rifas, la tienda que vendía los churros, la rueda gigante y hasta las manos de la madre que los arropaba con la manta.

    No fue necesario que hablaran el uno con el otro acerca de la decisión que habían tomado ese día. Pero tampoco tuvieron que hablar entre ellos cuando decidieron apartarse de Clara. Al descubrir cuán peligroso era lo que en ellos germinaba, entendieron que lo mejor era volver al estado que habían perdido. Querían volver a sentir esa felicidad que les brotaba de la existencia compartida. Querían regresar al estado en que todo les pertenecía a ambos de forma serena.

    El desasosiego que Clara les provocó se resolvió y les sirvió de lección. Libres de aquella inquietud, Afonso y Pedro decidieron que nunca más volverían a enamorarse. Volverían a disfrutar ese estado feliz de ser iguales en dos cuerpos iguales. Así podrían existir más dichosos que todos aquellos que poseen cuerpos y almas individuales, y viven en el mundo en medio de esa soledad.

    Afonso y Pedro fueron, después de la pasión por Clara, tan felices como solían ser. Todo volvió a ser como era antes. Iluminaban el cielo y se acompañaban en todo lo que pensaban y sentían. Hasta que, pasados unos años, en el día de la Fiesta de la Buena Hora, volvieron a ver a Clara.

    Ese día, Afonso y Pedro se despertaron temprano y de buen humor. Tenían una jarra en la habitación y se pasaron un poco de agua por la cara. Ya vestidos, se sentaron en la mesa grande de la cocina para tomar café y comer unas tajadas gruesas de pan con aceitunas saladas. Bebieron un vaso de vino para calentar el cuerpo y antes de salir tomaron las boinas que estaban colgadas en la entrada de la casa. El principio de aquel día no fue diferente al principio de cualquier otro día. Repitieron los mismos gestos en el mismo orden.

    El patrón los recogió, como solía, a la salida de la aldea, al pie de la piedra que separa los dos caminos. Subieron ágilmente hacia la parte trasera de la camioneta y pensaron que el viaje por la sierra iba a ser agradable. Tardarían unas tres horas en llegar a la aldea de la fiesta. Durante esas tres horas fumarían muchos cigarrillos, atravesarían tres o cuatro pueblos, verían a dos o tres pastores apacentando rebaños. Podría ocurrir que se cruzaran con un caminante o un feriante montado a caballo, pero eso era incierto. También podía suceder que la camioneta se parara en las subidas y tuvieran que empujarla. Era una conjetura apenas, un poco más probable que la del caminante o el feriante. Y después los imprevistos en los que no podían pensar, ya que los imprevistos son determinados por mecanismos desconocidos del pensamiento. Como aquella vez que se encontraron un perro herido en la mitad de la carretera. O cuando dieron un aventón a una mujer que huía en dirección a la ciudad. Desconocer quién había atropellado al perro, no saber de qué huía la mujer aguzaba la curiosidad y mantenía ocupadas las cabezas de ambos.

    Los viajes eran casi siempre iguales, pese a la diferencia de los destinos. Se sentaban en la parte trasera de la camioneta con las boinas en las cabezas y fumaban los cigarrillos que sostenían con los dedos bien estirados. De vez en cuando escupían un poco de tabaco. Y bostezaban siempre que la sierra se cruzaba en línea recta. Eso era raro. Las curvas de la sierra solían balancear y entretener los cuerpos, y producirles algún mareo. Pese a ello, ambos preferían el misterio delineado por cualquier curva a la monotonía que las partes rectas resaltaban. 

    Cuando llegaron al lugar de la fiesta ya era la hora de preparar el lanzamiento de los fuegos. Ese día, una vez más, hicieron todo tal y como siempre lo habían hecho. Tuvieron las mismas cautelas y cometieron las mismas imprudencias, porque la vida se hace de unas y otras.

     

    Fragmento del libro «Todo son historias de amor», de la escritora portuguesa Dulce Maria Cardoso. Traducción de Pedro Rapoula y Jerónimo Pizarro.