B L O G

  • Inscríbete a los talleres de La Propia

    Cuando nos imaginamos la segunda feria de editoriales antioqueñas, La Propia, queríamos propiciar espacios de acción y aprendizaje. Es por esto que, junto a amigos y aliados, hemos organizado cuatro talleres para que explotes tus habilidades y conocimientos. Queremos que los participantes de La Propia vivan de primera mano los oficios y artes que hacen parte del ecosistema del libro y del mundo cultural.

     

    1. Diletantismo pendular desde una ventana caribeña: entre la ciencia ficción y el arte sonoro con Camilo Augusto

    ¿De qué trata?
    Este espacio es una propuesta de deriva literaria y creativa donde se exploran la ciencia ficción del Caribe y el arte sonoro. Fragmentos de literatura y arte sonoro se plantean como disparadores para la creación de microrrelatos, en una suerte de repentismo narrativo en los que pueden entrar en juego uno o más creadores, pensando la creación literaria no sólo como una experiencia narrativa sino sonora. Por otra parte se explora la escucha y la creación sonora como un elemento que narra y cuenta desde la potencialidad de sus evocaciones, dando un valor especial al equívoco como multiplicador de interpretaciones y creaciones.

     

    ¿Quién lo dicta?
    Camilo Augusto (Barranquilla, 1979) es un artista e investigador multidisciplinario que vive y trabaja en Barranquilla y Puerto Colombia, Colombia. Migrando entre los espacios sonoros y el reino físico, Camilo Augusto trata objetos, sonidos e imágenes en movimiento como expresiones invaluables de espacio y tiempo. Utilizando el sonido para concretar un sentido de conexión, crea un arte que resuena con el lugar y la identidad, produciendo una articulación de la esencia distintiva e inmaterial de lo que convierte a un lugar en hogar. Es docente catedrático de historia del arte en la Universidad del Norte y ha sido tallerista y profesor en cursos de podcast y espacios sonoros. 

    En este enlace pueden ver un poco de sus trabajos: https://camiloaugusto.art/

     

    ¿Cuándo es?
    Jueves 15 de julio. 6:00 p.m. a 8:00 p.m.

    • Requiere inscripción previa. Haz clic aquí para inscribirte.
    • Se recomienda papel y lápiz. Conectarse desde PC/Mac con audífonos y micrófono.
    • Se dictará a través de Zoom.
    • Cupo máximo: 30 participantes.

     

    2. Taller de edición independiente con Martín Gómez: ¿por qué y para qué soy editor? 

    ¿De qué trata?
    Este taller pretende ofrecer un espacio para que los editores que participen en él, lleven a cabo, de manera tanto individual como colectiva, una indagación y reflexión alrededor de su vocación editorial, de sus razones para ser editores, de las motivaciones que los impulsan cada día, de los objetivos que buscan alcanzar mediante su oficio, de las gratificaciones que este les ofrece, de los obstáculos que se encuentran cotidianamente y de las maneras como los sortean. El taller se desarrollará mediante una metodología interactiva y participativa que incluye la elaboración de una bitácora personal. 

     

    ¿Quién lo dicta?
    Martín Gómez. Ha desarrollado en Latinoamérica, España y África diversos proyectos de consultoría, formación, gestión cultural y producción de contenidos para editoriales, asociaciones gremiales del sector del libro, ferias y festivales, instituciones educativas, publicaciones periódicas y organizaciones culturales tanto públicas como privadas. Actualmente vive en Madrid, donde trabaja como Delegado en España del Instituto Caro y Cuervo.

     

    ¿Cuándo es?
    Sábado 17 de julio. 10:00 a.m. a 1:00 p.m.

     

    3. Taller de encuadernación con POSTAL: cuaderno de tapas blandas. Costuras expuestas: puntada larga

    ¿De qué trata?
    En este encuentro se hará un recorrido completo sobre la costura expuesta de puntada larga, una reconocida técnica en el mundo de la encuadernación. Los asistentes podrán lograr una pieza de encuadernación hecha completamente a mano, donde el diseño y la apreciación del color toman una acción muy importante en la construcción del cuaderno. 

    Este taller incluye un kit con los siguientes materiales: papel para el interior del cuaderno, forros quermantes e hilos de color para las tapas, aguja para coser y capotera y un foamy como base para perforar. 

     

    ¿Quién lo dicta?
    POSTAL es un estudio de desarrollo de proyectos, diseño y producción. Además de fabricar objetos de industria gráfica como cartas de restaurantes, cuadernos, sobres, totebags y fundas, dictan talleres de encuadernación, serigrafía y costura.

    En esta página pueden ver todo su trabajo: https://postal-bogota.myshopify.com/

     

    ¿Cuándo es?
    Sábado 17 de julio. 2:30 p.m. a 5:30 p.m.

    • Requiere inscripción previa. Haz clic aquí para inscribirte.
    • Cada alumno deberá tener: un cuchillo sin serrucho, tijeras y una regla de 30 cm.
    • Se dictará a través de Zoom.
    • Cupo máximo: 15 participantes.

     

    4. Una historia en 100 palabras: Taller de creación de cuentos breves con Comfama

    ¿De qué trata?
    Disfrutemos del sol, celebremos los colores del cielo y la lluvia. ¿Qué tal si nos detenemos un instante para sentir el viento? Vive con nosotros un encuentro para estimular la creación de microrrelatos.

     

    ¿Quién lo dicta?
    “Medellín en 100 Palabras» es un concurso de cuentos breves que invita a escribir sobre la vida en Medellín o el Área Metropolitana en un máximo de 100 palabras. Esta iniciativa nace de la Caja de Compensación Familiar de Antioquia –Comfama– en alianza con el Metro de Medellín y con el respaldo de la Fundación Plagio de Chile. “Medellín en 100 Palabras” aporta e incentiva a que miles de ciudadanos emprendan un viaje creativo a través de las palabras.

     

    ¿Cuándo es?
    Sábado 17 de julio. 4:30 p.m. a 5:30 p.m. 

  • Primer encuentro departamental entre profesores, editores y bibliotecarios de Antioquia

     

    La lectura abre las puertas de la imaginación y nos ayuda a comprender el mundo desde otras perspectivas. Sin embargo, acercarse a los libros es un acto que puede depender, en gran medida, de un guía que lleve al lector a descubrir nuevas historias. En los colegios, las universidades, las bibliotecas, las librerías y las editoriales persiste una preocupación: ¿cómo inculcar el hábito de lectura en los distintos escenarios sociales? ¿Qué métodos se pueden aplicar para atraer nuevos lectores al maravilloso mundo de la literatura?

    El Primer encuentro departamental entre profesores, editores y bibliotecarios de Antioquia es la oportunidad de ampliar la visión sobre el panorama de la lectura. Un espacio que nace en La Propia: Segunda Feria de editoriales antioqueñas, ideado para conversar sobre las estrategias de impulso a la lectura en los distintos escenarios educativos de la ciudad y el departamento. 

    Nos llena de emoción poder reunir a los distintos sectores vinculados a la promoción de la lectura, en un evento vital para la reflexión sobre el trabajo incansable de unir a las personas con los libros.

     

    ¿Cuándo es?
    El encuentro se realizará de manera virtual el jueves 15 de julio de 2021 y contará con dos grupos: el primero, de 8:30 a.m. a 12:30 p.m., y el segundo, de 2:00 p.m. a 6:00 p.m. Cada sesión tendrá varios momentos:

    • El armario en el aula. Charla inspiradora con Cristina Vásquez. (Licenciada en Lenguas Modernas de la UPB, docente y promotora de lectura en la primera infancia).
    • Criterios de selección de libros. Estrategias para el aula con Lina Pulgarín. (Coordinadora de proyectos de lectura, escritura y oralidad de las bibliotecas Comfama).
    • Experiencia de profundización en materiales digitales de Comfama.
    • ¿Cómo fomentar la lectura en la región? con Eventos del libro.

     

    ¿Cómo inscribirse al encuentro?
    Si eres profesor, bibliotecario o mediador de lectura, no dudes en inscribirte al encuentro para compartir tus experiencias. Elige el horario en el que quieras participar y rellena el formulario que te dejamos aquí: https://bit.ly/2UaT3C4

    Te enviaremos un correo de confirmación con toda la información del encuentro. El cupo es limitado.

  • Ferias como ciudades, por Daniela Gómez Saldarriaga

    Una feria es como una ciudad: hecha de calles, manzanas, cruces y tráfico. En hora pico, las avenidas son intransitables debido al paso lento de los lectores, que se detienen a mirar portadas, desordenar estantes, preguntar por los títulos que llevan horas buscando. Hay quienes se leen libros enteros en medio de ese tránsito parsimonioso y poco silencioso. Es fácil perderse, por eso la metáfora con una ciudad funciona: si hay calles y hay carreras, los lectores saben que su estand favorito está en el cruce… a la altura… y esa es siempre su primera parada.

    Cuando un recién llegado se lanza sin distracciones a la búsqueda de ese punto en el mapa, el editor puede estar seguro de que capturó a un lector para siempre. Quienes estamos del otro lado, nos empezamos a familiarizar con esas caras que aparecen triunfantes por haber dado con el punto añorado sin perderse, o con los reclamos de quienes se sienten traicionados por no habernos encontrado antes. Esos lectores firmes, perseverantes, obsesionados hasta el punto del coleccionismo, son la mayor joya que se encuentra y se cosecha, año tras año, en una feria. Porque lo más importante es eso: ver a los lectores que no nos ven nunca, conversar con ellos, saber qué pensaron de los libros que publicamos desde esa tribuna invisible que es el escritorio del editor, y conseguir la recompensa de una aprobación o un rechazo, una devolución al fin y al cabo, de lo que es pura carpintería entre cuatro paredes. 

    Podría parecer que este encuentro es un evento personal y quizá por eso irrelevante para esa maquinaria que llamamos “cadena del libro”, pero es todo lo contrario, porque es ahí donde ocurre la confrontación más significativa para un editor. Quien publica lo hace para compartir: que la lectura se replique y tenga en otros la posibilidad de actualizarse le da todo el sentido a la tarea. El paso del tiempo también asienta el valor de lo publicado, pero muchos editores no viven para verlo, así que la voz viva de los lectores suple ese juicio histórico, que explota en esa reunión propiciada por las ferias, bajo las luces cansinas, el aire helado o el calor intenso.

    Las mejores ferias son esas donde los barrios son reconocibles, sin que eso las haga menos diversas. Hay barrios de grandes editoriales, de editores de literatura infantil, de editores universitarios, de editores independientes. Lo interesante de esa vecindad son las conversaciones que se dan con los del lado: pares que en otras ciudades, incluso en otros países, hacen lo propio. Las dificultades de la labor muchas veces se parecen, y cuando no, las ventajas del otro abren campo para encontrar soluciones a los problemas locales. Husmear en sus fondos, entre sus libros más recientes, es una investigación provechosa que da paso a compartir autores, comprar los derechos de un libro, animarse a la distribución de otro sello o a sumar esfuerzos para coeditar. Es esta la manera más natural en la que ocurren los intercambios: hojeando los estantes ajenos, las conversaciones a la hora del almuerzo o en medio de las fiestas nocturnas, que es donde suelen sellarse las amistades que sobreviven a los meses de silencio que separan cada feria de su siguiente edición.  

    Otros espacios —menos espontáneos— son las ruedas de negocios, los encuentros profesionales, las mesas de trabajo. Siendo un paisaje más formal, proponen un marco para la conversación que debería ayudar a dignificar el oficio de todas las personas que participan de la ya mencionada cadena. Se enseña, se cuentan experiencias, se respalda la trayectoria, se presentan los nuevos a los viejos… se trata de un ritual en torno a los actores que trabajan todos los días por la existencia del libro, una manera de alentar su supervivencia. Una feria es una ciudad también porque construye estructuras, instituye, hace público. Lo que existe al centro de esta se valida y adquiere ciertas dimensiones para todos los que participan; y lo que se resiste en sus márgenes también construye desde la cualidad de ese lugar, por eso es importante que existan ferias gigantes, medianas y pequeñas, pero que existan, para que alberguen a todos y cumplan la función de divulgar y poner en escena a los editores en la tarea de narrar y acompañar los libros publicados.

    *Texto de Daniela Gómez Saldarriaga, asistente editorial de Tragaluz editores

     

    La Propia: feria de editoriales independientes (2020)

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  • Conversación con Truchafrita: reflexionamos sobre «Follaje» a un año de su publicación

    En febrero de 2020 tuvo lugar la presentación de Follaje en la Casa Tragaluz. Un mes más tarde, las autoridades anunciaban la emergencia sanitaria en Colombia y la consecuente cuarentena obligatoria que mantenía a medio mundo en vilo, encerrada en sus casas, mientras las calles permanecían vacías, inquietas y en un silencio tenso. Meses de encierro hicieron florecer los espacios urbanos de una forma inusual: los canales de una Venecia usualmente atestada de turistas, amanecían radiantes y acompañados por cardúmenes de peces. En las carreteras de Estados Unidos, solitarias, aparecían majestuosos venados. La naturaleza volvía a apropiarse de lo que, en esencia, siempre había sido su hábitat natural. Hasta que llegamos los humanos y construimos inmensas ciudades de cemento al servicio de nuestras comodidades.

    Follaje nos habla desde un lugar distópico donde la naturaleza ha vuelto a apropiarse del planeta Tierra, como si, en un ejercicio contrario, el reino animal y natural hubiera colonizado el mundo artificial construido por los humanos. Pero este libro no se queda en la dicotomía entre naturaleza y urbe, va mucho más allá, evocando una palabra, un concepto y una idea que, en el transcurso de los siglos, ha ido perdiendo sentido: el progreso.

    Hoy, más de un año después de su publicación, hemos conversado con Álvaro Vélez, más conocido como Truchafrita en el gremio de dibujantes de historietas. Hemos querido reflexionar sobre cómo leer «Follaje» a la luz de los acontecimientos del último año, no sólo desde la perspectiva de la pandemia, sino también situándolo como eje transversal para reflexionar sobre las circunstancias sociohistóricas que atraviesa Colombia.

    CONVERSACIÓN CON TRUCHAFRITA: 

    Reflexiones sobre la ciudad y el contexto social en Colombia a través de Follaje

    P. Follaje es un libro que invita a repensar los espacios urbanos, desde el bienestar, el desarrollo y la comodidad que nos proveen esos entornos, frente al mito de la naturaleza utópica y primigenia. Hoy estamos viviendo momentos históricos y dolorosos para la sociedad colombiana, y vemos que la gente, en la lucha por reclamar sus derechos, está apropiándose de los espacios públicos. ¿Qué nos puede decir Follaje sobre la reivindicación de esos espacios urbanos como lugares de colectividad que confrontan al individualismo latente en la sociedad contemporánea.

    R. Follaje habla de una dicotomía entre la naturaleza y la construcción del hombre, lo artificial. El libro se pregunta sobre qué es mejor o peor, pero sobre todo habla de la idea de progreso, que proviene de la Revolución Industrial y la Revolución Francesa. Siguiendo esa idea, durante tres siglos se han construido urbes al servicio del individuo alrededor del automóvil y la producción industrial. Pero, en los últimos cincuenta años, hemos visto el desmonte de ese tipo de ciudades en Europa, Estados Unidos y algunos lugares del lejano oriente como Japón, donde se ha sustituido esa idea de ciudad cemento para llevarla hacia la gente y el colectivo.

    Por otro lado, es interesante ver cómo la pandemia del COVID-19 es un asunto mucho más estructural de lo que pensamos. Ese mundo que tiene que ver con el progreso y la industrialización ha llevado a la sobreproducción y ha acabado con los territorios naturales vírgenes. Ha sido el reencuentro del ser humano con nuevas especies animales lo que nos ha expuesto a nuevos virus, cepas y enfermedades. La pandemia nos habla de sobreproducción, sobreexplotación y sobrepoblación. Follaje toca ese tema (aunque se publicó antes de que llegara la pandemia a Colombia) cuando aparece mi alter ego, Truchafrita, y dice que esto no durará más de cincuenta años, porque este tipo de sobreproducción y explotación de recursos, estas formas de vida que tenemos en el planeta, no son sostenibles a largo plazo. En ese proceso aparecen las pandemias, que funcionan en grandes conglomerados globales y que tienen que ver con malas políticas. Por ejemplo, el hecho de se hayan podido liberar las patentes de las vacunas demuestra que la producción y la economía están por encima de la consideración sobre la vida.

    En cuanto al caso colombiano, el estallido social del paro nacional ha hecho que sea la gente la que se tome las calles y no los automóviles. Aunque en «Follaje» reivindico que la naturaleza es agreste con el ser humano, desafortunadamente las ciudades también han terminado por ser hostiles con el individuo. En una ciudad como Miami, si no tienes automóvil no puedes vivir; estas ciudades no están hechas para las personas. En Colombia, ciudades como Medellín, Cali o Bogotá aún se resisten a esa conversión total, por eso la gente está retomando sus espacios.

    No sé si es mejor para los seres humanos la naturaleza o la construcción que hemos hecho. Lo que sí sé es que la idea de progreso ya no es válida. Prueba de ello es el siglo XX, que fue muy complicado con dos guerras mundiales, algo que no sé si tenga que ver con el progreso. Entonces vemos que, lo que está en vilo y se cuestiona en Follaje, más que la dicotomía entre urbe-naturaleza, es ese concepto, esa idea de progreso que ya está mandada a recoger.

    P. Follaje se mueve entre dos realidades, no sabemos qué personaje está soñando y cuál está despierto, qué realidad es la ‘verdadera’ y cuál la ficticia. ¿Qué representa ese doble juego entre una realidad ‘real’ y una ‘distópica’? ¿Es aplicable esa dicotomía a nuestro mundo, que muchas veces se mueve entre la realidad y el sueño (o la pesadilla)?

    R. Los seres humanos ponderamos el tiempo de vigilia y en cambio, el sueño, aunque es una tercera parte del día, no lo consideramos relevante. Yo trato de involucrar siempre ese juego de realidad y los sueños en mis historias. Uno realmente vive en la vigilia, pero no sabe exactamente si es un sueño, porque confía en la percepción de los sentidos y en la gente que lo rodea. La realidad colombiana a veces se desborda tanto que parece una pesadilla, parece irreal.

    La realidad y la irrealidad siempre han pertenecido al ser humano y a mí me gusta mucho jugar con eso. En Follaje no trato de mostrar cuál es la realidad y cuál es el sueño. Y ese juego se materializa por medio del diseño: la primera parte, la del mundo distópico, se construye en blanco y negro (a pesar de la idea de que la naturaleza está repleta de colores). La otra parte, que se desarrolla en la ciudad, está en colores. Pero, en general, en el libro no se sabe cuál es el sueño y cuál es la realidad, porque yo tampoco lo sé: no me interesa saber cuál es cuál porque ambos hacen parte de una vida. El sueño también es realidad: una realidad construida, una realidad del cerebro. Y la vida son las dos cosas, la vigilia y el sueño. Los seres humanos somos parte naturaleza y parte construcción: nuestro mundo es una construcción artificial a partir de lo natural. «Follaje» es todo el tiempo una dualidad que juega con el sueño y la vigilia, el sueño y la fantasía, lo natural y lo artificial.

    P. Follaje es más un planteamiento de preguntas que una resolución de las mismas. ¿Es un cuestionamiento que invita al lector a repensar y reflexionar?

    R. En Follaje no estoy resolviendo asuntos. Preveo un quiebre de un sistema que parece que no funciona. El libro no habla del fin de un mundo, habla de un fin del mundo. Yo estoy inmerso en ese cambio, también voy en el barco, por eso, a través de la observación, puedo intuir lo que más o menos pasa en el mundo y en cuanto puede colapsar el asunto (yo le pongo unos 50 años en el libro). No puedo dar respuestas, más bien formulo preguntas o reflexiones a partir de afirmaciones.

    P. En Follaje hay un cuestionamiento de la utilidad de la memoria en relación al progreso. Hablemos sobre esta problemática pasado-presente-futuro que planteas en tu libro.

    R. Como civilización olvidamos muy fácilmente las cosas. Follaje tiene muchas reflexiones que tienen que ver con mi oficio de historiador, como es el tema de la memoria. De Colombia se suele decir que es un país sin memoria. Pero, si uno se fija, es algo que ocurre prácticamente en todo el mundo. Es un problema de nuestra sociedad a nivel mundial: las personas no tienen una concepción del tiempo y de la memoria más allá de sus propias experiencias. Los hombres de la Revolución Francesa pensaban que ese momento de la historia era el non plus ultra¸ el mayor acontecimiento de la civilización humana. Y, en realidad, ha habido momentos más gloriosos en la historia, y también más complicados. El olvido tan tremendo que tiene nuestra historia se refleja en el final de la Segunda Guerra Mundial, cuando se genera un consenso y se abre una esperanza de no repetir semejante barbarie, y en menos de diez años surge la guerra de las Coreas, que prácticamente inició otra guerra mundial. En Colombia es mucho más complicado este asunto de la memoria: aún no hemos podido salir de una serie de conflictos armados porque olvidamos muy rápido cómo surgen y cómo terminan.  Lo que hay en Follaje es un intento de ponderar el asunto de la memoria desde la ironía.

    P. Follaje nos habla de «un fin del mundo» de tantos posibles. ¿Es necesario poner fin a un ciclo histórico en Colombia para abrir nuevas alamedas y caminos que transitar, apartar el follaje para volver a ver un atisbo de claridad?

    R. Definitivamente sí. Llevo diecisiete años dando clases de historia de Colombia del siglo XX en la Universidad de Antioquia, y siempre les digo a los estudiantes una frase lapidaria que a algunos no les gusta: tenemos una dictadura de derecha desde 1946, cuando acabó el periodo de avances sociales de la república liberal. Aunque durante esa época se intentó construir un contrato social, las fuerzas conservadoras lo impidieron, y aún hoy seguimos sin él.

    Álvaro Gómez, hijo de Laureano Gómez, que pertenecía al partido conservador, al final de sus días, poco antes de su asesinato, dijo que lo que había que hacer en este país era un pacto nacional para intentar cambiar el régimen. El estado actual en Colombia se rige por un sistema que ya está caduco, que no otorga poderes a un grupo social que no se considera representado políticamente. Hace cincuenta años empezó a aparecer una nueva clase que fue educada y que comenzó a reclamar su representación. Los gobernantes no reconocen a esta clase y, por eso, nuestros intereses en la sociedad no se encuentran representados en los gobiernos actuales.

    Renovar el régimen es absolutamente necesario porque Colombia es otra, es una sociedad nueva que aún se rige por un régimen de hace cien años o que viene incluso desde la colonia. De todas formas, estos procesos son de larga duración, que tendrán unos 25 años de cambios que seguirán siendo torpedeados por quienes detentan el poder y no lo quieren ceder. Porque en Colombia hay una clase que no quiere salir el poder pero que tampoco está dispuesta a negociarlo.

    P. La historieta se ha entendido como una rama de la literatura infantil o ‘menos seria’. Y, no obstante, pienso en la libertad creadora de la historieta, en que, tal vez, por haber jugado durante mucho tiempo como un elemento contracultural o alternativo, le ha permitido evadir límites que sí se han impuesto a otros géneros. ¿Puede la historieta ser políticamente más incorrecta que otros géneros literarios? ¿Qué libertades y limitaciones asume este género?

    R. La historieta puede generar más innovación o vanguardia porque es una manifestación relativamente nueva. La historia de la novela moderna se puede contar en 500 años, pero la historieta moderna tiene algo menos de cien años de existencia. Al principio, desde sus orígenes en Nueva York hacia 1919, la historieta estaba encapsulada en diarios. En las décadas de los 40 y 50 empieza a aparecer en otros formatos. Al ser un género relativamente nuevo, tiene mucha libertad para mostrar y para crear. Los límites de creación de la historieta todavía no están definidos, como sí lo pueden estar en la novela o el cine. En la historieta todo es muy nuevo.

    Por otro lado, la historieta suele ir siempre hacia lo contracultural porque se opone a una manifestación cultural con un discurso más oficial. En el caso colombiano eso ocurre porque no existen plataformas donde publicar. Muchas personas que nos dedicamos a la historieta hemos optado por la auto publicación, lo que implica una mayor libertad creativa, lejos de la posición oficial. En Colombia toda la cultura, o la mayoría, es contracultural, porque el estado no promueve la cultura y quienes la hacemos somos nosotros, no los entes oficiales. Las políticas son inexistentes en la cultura.

    P. ¿Es necesario hacer pedagogía sobre la importancia de democratizar y ampliar el espectro de lectura de un género como la historieta? ¿Cómo se puede lograr?

    R. Ese esfuerzo tiene que partir de quienes hacemos esto, que somos varia gente: el que dibuja, el que edita, el que distribuye y el que lee. Las políticas de cualquier estado parten a partir de que hay fenómenos en la sociedad. Mientras no exista gente que se dedique a la historieta, no puede haber apoyo por parte del estado. Necesitamos gente que se arriesgue, editoriales como Tragaluz que se atrevan a publicar con una curaduría de calidad. También hay que mostrarle al público lector que la historieta plantea asuntos importantes, no es sólo diversión para niños. Esos son los cuatro agentes básicos: lectores informados, dibujantes, editores y distribuidores.

    Eso está empezando a funcionar: hace veinte años preguntabas por historieta en una librería y te redirigían a la literatura infantil. Ahora hay más dibujantes y más editoriales que se atreven a publicar historieta. Si eso comienza a democratizarse, si se crea una tradición, el estado, si es serio, tendrá más interés en subvencionar este tipo de movimientos. El arte y la cultura siempre tienen que ser subvencionados.

  • Entrevista dibujada: Hugo A. Vásquez «Don Repollo»

    Hugo A. Vásquez debía leer un texto para una clase de la universidad sobre por qué era bueno ser vegetariano. En muchos puntos no estuvo de acuerdo y decidió inventarse una campaña de broma con un amigo. Tomando como referencia una campaña de la WWF llamada Don’t kill the pandas, crearon Don’t kill the repollo, Don’t kill the tomate y algunas más. Su amigo murió en esos años universitarios.

    Tiempo después, en una conversación entre cervezas, le preguntaron qué había pasado con Don’t kill the repollo. A Hugo le pareció que debía nombrar su portafolio de la universidad de esa manera. Fue usual que la gente no supiera decirlo y lo cambiara por Don Repollo, el cual adoptó finalmente como pseudónimo para firmar sus ilustraciones. 

    Hugo es diseñador gráfico de la Universidad Pontificia Bolivariana y estudió una maestría en Escrituras Creativas en la Universidad EAFIT, un posgrado que le abrió la posibilidad de complementar con imágenes y dibujos sus escritos para imprimirle una mayor carga poética a cada trazo.

    Todo el tiempo está rayando un papel con un boceto, una frase o un mamarracho, y sus libretas no tienen un orden. Él dice que es un “desjuiciado” y dibuja en donde cae el lápiz, producto de las ideas que le vienen a la cabeza y de la necesidad de plasmarlas con agilidad. A veces, cuando intenta regalar alguna libreta en blanco a sus amigos, se encuentra con páginas en las que ha rayado, en la mitad o al final.

    Hugo es de los que dice que se publica para dejar de retocar y editar, debido a su elevado nivel de autocrítica. “A veces, publicar es abandonar, soltar, dejar ir”. Podría decirse que su obra es una serie de productos inacabados que salen a la luz, con una fuerte evocación poética. En 2018 ilustró el libro Pudo ser así de Mario Duque (editado por Frailejón). En 2020 publicó —o dejó ir— el poemario Niñas eléctricas con Fallidos Editores y creó el fanzine De repente, un poema ilustrado que trabajó durante el Diplomado en ilustración que abrimos en alianza con Comfenalco y el Servicio Nacional de Empleo.

    Para nosotros fue un gusto maravilloso conocer su universo gráfico, y le propusimos apoyar la distribución de su autopublicación De repente (la cual pueden encontrar haciendo clic aquí). Por eso quisimos hacerle la siguiente entrevista dibujada, como una forma de ahondar en su imaginación.

    ¿Qué te llevó a ilustrar?

    ¿Qué es «Don Repollo»?

    ¿Qué es lo que más te gusta dibujar?

    ¿Qué te da esperanza?

    ¿Cómo se ve tu espacio de trabajo?

    Algo bueno y algo malo que te han dejado los días bajo la pandemia