B L O G

  • Taller de collage con Santiago Rivas

     

    El collage no consiste únicamente en unir fragmentos de papel al azar. Detrás hay un discurso, un intento de expresión. Esta técnica puede valerse de la poesía para expresar el pensamiento y la emoción más profunda, encajando imágenes diferentes para definir lo que sentimos e imaginamos, o para manifestarnos políticamente en contra o a favor de algo.

    Pero entonces, ¿qué es el collage? ¿Qué lo hace tan popular? ¿Qué lo define? Santiago Rivas será el encargado de responder estos interrogantes durante el taller de collage que haremos en noviembre, en alianza con Escuela Confiar y Confiar Cooperativa Financiera

    Será la oportunidad de ver el mundo desde otros ángulos, a partir de los recortes y las imágenes que construiremos durante las sesiones. 

     

    ¿Qué haremos en el taller?

    · Parte 1: Cháchara.
    Repasaremos los conceptos básicos del collage y las posibilidades narrativas para hacer nuestra propia imagen.

    · Parte 2: Espacio y cuerpo.
    Haremos los primeros ejercicios teniendo en cuenta estas dos categorías y las muchas alteraciones que el corte y pegue pueden hacer.

    · Parte 3 y 4
    Vamos a crear un collage onírico-mágico-poético y luego haremos un collage político. Por un lado, para ver el significado mágico que se crea con las formas de hacer de esta técnica; y segundo, para explorar el collage en su faceta política, que es una de sus razones de ser.

    · Parte 5
    Haremos una muestra con los trabajos de todo el curso para aprender en compañía.

     

    Muy bueno. ¿Y quién me va a enseñar todo eso?
    Santiago Rivas es un artista plástico sin diploma, convertido en periodista por la fuerza del rebusque infinito. Ha trabajado como locutor de radio, presentador de TV, analista, opinador y podcastero, además de ilustrador, que a fin de cuentas es lo que cuenta en este curso. Entiende el mundo entero a través del collage. Actualmente trabaja en Canal Capital como presentador de El Lunes, hace parte de Presunto Podcast y La Recontra.

     

    ¿Qué días tengo que agendar?
    El taller se realizará del 19 al 21 de noviembre de la siguiente manera:

    · Viernes 19
    5:00 p. m. a 7:00 p. m.
    En Sede Confiar Cooperativa Financiera

    · Sábado 20
    10:00 a. m. a 5:00 p. m.
    En Casa Tragaluz (Calle 9 # 43 C – 50)

    · Domingo 21
    10:00 a. m. a 2:00 p. m.
    En Casa Tragaluz (Calle 9 # 43 C – 50)

     

    ¡Quiero toda la información!
    En total abriremos 20 cupos, distribuidos así:

    · 10 cupos para asociados a Confiar Cooperativa Financiera, quienes podrán acceder al taller con un 30% de descuento. Si cumples con este requisito debes validar previamente los datos rellenando el formulario que dejamos aquí: https://forms.gle/Lf9tmAdLZj9LKo9j7Te enviaremos un correo con el código de descuento para que lo apliques al momento de realizar la compra en la tienda virtual (aquí).
    VALOR: $252.000 COP.

    · 10 cupos para personas no asociadas que estén interesadas en tomar el taller.
    VALOR: $360.000 COP.

    Ambos precios incluyen los materiales necesarios para las sesiones y un brunch el domingo.

    *Todos los participantes podrán adquirir los libros de Tragaluz editores con un 20% de descuento, durante los tres días del taller.

     

    ¿Y cómo me inscribo?
    Ingresa a nuestra tienda virtual haciendo clic aquí. Agrega el taller al carrito de compras, completa tus datos y elige el método de pago. Recuerda validar tus datos en el formulario si estás asociado a Confiar Cooperativa Financiera.

    Nota: una vez se realice el pago del taller no podremos hacer la devolución del dinero. Si tienes alguna duda antes de hacer la compra, escríbenos al chat de nuestra página o a través de nuestras redes sociales.

     

  • Seis escritores que nos hablan de la diversidad cultural

    Cada 12 de octubre solía celebrarse la llegada de Cristóbal Colón al continente americano. Un suceso que, indudablemente, marcó el destino de nuestra historia. Sin embargo, conmemorar esta fecha por tal razón había representado la exaltación del conquistador sobre la cultura ancestral y las vidas de miles de indígenas y negros maltratados durante cientos de años.

    Los movimientos indigenistas y el rechazo de la celebración del inicio de una barbarie han conseguido un cambio simbólico: lo que antes se llamaba Día de la raza o de la hispanidad, se ha convertido en una jornada para reconocer la diversidad cultural de nuestro continente. En Colombia se cambió por el Día de la Diversidad Étnica y Cultural de la Nación Colombiana. En Argentina es el Día del Respeto a la Diversidad Cultural y en Ecuador se conmemora el Día de la Interculturalidad y la Plurinacionalidad.

    Desde nuestra admiración por la variedad de voces y culturas narradas por la literatura, queremos unirnos a la celebración por el reconocimiento y el respeto de la diversidad cultural, entendiendo que son los autores quienes han vivido y condensado las dificultades de ser diversos en lugares que rechazan y persiguen la diferencia.

    A lo largo de la semana, resaltaremos la obra de seis autores que han resistido y reivindicado su papel dentro de la literatura, a pesar de las dificultades que les ha significado ser diferentes: Candelario Obeso, Amalia Lú Posso, Reinaldo Arenas, Raúl Gómez Jattin, Hellen Keller y Paul B. Preciado.

     

    Raúl Gómez Jattin, un poeta mendigo
    A Raúl Gómez Jattin le seguimos los pasos en las inolvidables fiestas que amigos y conocidos coinciden en recordar como memorables, tanto en Bogotá como en Cereté y todos los lugares a donde fue a parar. Las fotografías arrojadas por la búsqueda en la red lo muestran huraño, despeinado, con su bigote o su barba poblada y los rasgos arabescos fruto de su herencia sirio-libanesa. Las noticias de su trágica muerte en medio de la errancia callejera y los episodios de locura son las primeras en aparecer y nos recuerdan su gran ausencia, porque no hubo más de su poesía desde el día de su desaparición en 1997.

    Ilustración de Hugo A. Vásquez

    Le escribió al sexo, a la locura, a las alucinaciones, al dolor interno, al amor, a la homosexualidad, a la costa caribe, a sus parientes amados y odiados, y a todo cuanto él mismo era. La poesía de Raúl es como una radiografía de su vida. Su historia se hila en cada verso concebido con la unión de palabras sencillas, carente de frases altisonantes y cargadas de una realidad salvaje entre la demencia y la lucidez.

    Antes de dedicarse a la creación poética, Raúl se encargó de actuar, dirigir y escribir dramaturgia en el Teatro Universitario de la Universidad Externado de Colombia. Compartió noches de parranda, verdaderas tertulias carnavalescas que incluían improvisaciones escénicas, en compañía de amigos de la movida teatral capitalina como Santiago García y Carlos José Reyes.

    Tras la muerte de su padre, dicen algunos, sus episodios de locura se hicieron presentes. Abandonó el teatro y se dedicó a escribir poesía. Publicó varios poemarios titulados Retratos, Amanecer en el Valle del Sinú y Del Amor, por mencionar algunos. Retrató con honestidad y crudeza los episodios de su vida, los mitos y paisajes costa colombiana y los años de errancia, siendo consciente del mal que habitaba en su cabeza, de los vicios y la soledad que con los días se acentuaba. “La locura es, para mí, una forma de desbordamiento de la realidad poética sobre la realidad cotidiana”, le dijo Raúl al médico psiquiatra del Hospital San Pablo de Cartagena, en 1992.

    El calor de la costa, las llanuras y matorrales cereteanos, la música de fandangos, los pueblos cordobeses y el Río Magdalena habitan entre metáforas y descripciones vívidas la escritura de Raúl. Rasgos de la cultura costeña que son retratados en poemas como las peleas de gallos en Veneno de serpiente de cascabel, o las celebraciones sabaneras De mi valle

    «Existe San Pelayo / Un recodo milagroso del tiempo / Una isla de música en el letargo del valle / Glorioso San Pelayo / De trompetas y tambores / Existen unos pocos indígenas / En estado adánico / Que Toño María Cardona uno de ellos / Me ha contado / Con poetas vivientes Con leyendas ancestrales / Existe allá en lo alto del río / Una naturaleza casi intacta / Existes tú / Viajero del río / Y existe el río».

    Con los años, el deterioro de su lucidez lo llevaría a deambular como mendigo en las calles, a visitar cárceles y hospitales y habitar los parques y las aceras para pasar las noches, hasta el fatídico día de su muerte, ocasionada de golpe por un bus, entre el murmullo de la gente que no se ha puesto de acuerdo si se trató de un suicidio o un accidente. Solo el poeta, que no dejó rastro alguno, se llevó consigo la verdad del último momento de su vida. 

     

    Hellen Keller: el mundo está al alcance de las manos
    A finales del siglo XIX, una maestra y su alumna revolucionaron el mundo de la educación y las letras, superando las limitaciones del cuerpo y mostrando la capacidad del ser humano para crear por encima de las más grandes dificultades.

    Ilustración de Juan Esteban Tobón

    Hellen Keller y Anne Sullivan son dos mujeres cuya historia de vida está escrita en conjunto. A la primera una enfermedad le había quitado la vista y el oído durante sus primeros años de vida, lo que significó un gran problema para comunicarse con las demás personas, incluyendo su familia. La impotencia que le significaba no ser comprendida la irritaba y la enfurecía con frecuencia.

    La familia de Hellen tenía la capacidad financiera para viajar en búsqueda de ayuda y la encontraría en el Instituto Perkins para Ciegos de Boston, en Estados Unidos, de la mano de una profesora graduada con honores y que, a los cinco años, había contraído una enfermedad llamada tracoma que le deterioró la vista. Su nombre era Anne Sullivan y con ella el sufrimiento de la pequeña cambiaría paulatinamente: la joven se mudó a casa de los Keller para revelarle el secreto de las palabras.

    ¡Qué gran reto comunicar dos mundos tan diferentes! En aquella época apenas se lograban avances con los ciegos y Hellen, además, era sorda. Tras muchas tardes interminables intentando comunicar los significados de las palabras por medio del tacto, Anne le dio a conocer cómo se representaba el agua a través de los movimientos que dibujaba en la mano de su alumna. Entonces pudo verlo con claridad: Hellen comprendió que los gestos de su maestra estaban relacionados con cada cosa en el mundo, y que todo cuanto existía podía ser nombrado con sus manos.

    Desde entonces y a medida que iba creciendo los avances de Hellen fueron cada vez más sorprendentes. Conoció la escritura en braille, aprendió a leer, a deletrear, a comprender lo que decían las demás personas con solo tocarles los labios cuando hablaban, e incluso, tras años de práctica con profesores de voz y el acompañamiento incansable de Anne, lograría pronunciar sus primeras palabras, memorizando con las manos las vibraciones en la garganta de los hablantes, y las posiciones de la boca y la lengua para pronunciarlas. Tan maravillada estaba Hellen con sus descubrimientos que decidió relatar su proceso de aprendizaje en un libro: La historia de mi vida (1903), que la haría mundialmente conocida. 

    Hellen se convirtió en la primera persona sordociega en obtener un título universitario —se graduó con honores de Radcliffe College. Escribió durante toda su vida, manifestándose en contra de la intervención de su país en las dos grandes guerras que sufrió la humanidad durante el siglo XX. Denunció los problemas de la comunidad de ciegos y las condiciones de los trabajadores humildes y se afilió al Partido Socialista. 

    Quizá por ello sus obras no fueron tan populares como la primera, por esa animadversión que causaba la amenaza comunista y socialista en Estados Unidos, o porque era vista como el personaje excepcional y su historia de superación era lo único que interesaba al grueso de la gente, no sus opiniones. Sin embargo, la escritora no dejaría de publicar hasta su muerte.

     

    De Beatriz a Paul B. Preciado
    Desde que era estudiante de colegio, Beatriz Preciado no se sentía cómoda con el rol que la sociedad y sus padres esperaban de ella, una mujer heterosexual como era común en las mujeres de Burgos, el pueblo conservador al norte de España donde nació y creció. Todo lo que huyera de los parámetros preestablecidos como normales, fuera de la heterosexualidad, merecía el rechazo y la censura.

    Ilustración de Manuela Moreno

    Después de sobrevivir al ambiente hostil de un colegio dirigido por monjas, Beatriz viajó a Madrid para estudiar filosofía y bioética en una universidad de jesuítas. La gran apertura en el pensamiento vendría con su viaje a Estados Unidos. Cruzó el Océano Atlántico para estudiar un doctorado en Teoría de la Arquitectura y un máster de Filosofía Contemporánea y Teoría de Género en la New School for Social Research, siendo alumna de Jacques Derrida y recibiendo una invitación de su maestro para participar en sus seminarios en París, en donde la teoría queer estaba en auge.

    Desde entonces tomó su cuerpo como campo de experimentación y de batalla contra la sexualidad impuesta por los modelos sociales imperantes, en concordancia con los postulados que ha dejado en todos sus escritos. El Manifiesto contrasexual fue el primer libro en ver la luz. En sus páginas deconstruye la domesticación del cuerpo a partir de las etiquetas dadas por los órganos reproductivos. Ser hombre, mujer, heterosexual u homosexual era una ficción política diseñada con este fin, límites que debían destruirse.

    Testo yonki se convertiría en la narración de una transformación más profunda. A medida que avanza en sus postulados sobre la deconstrucción social de la sexualidad y los roles imperantes, Beatriz relata su experiencia con la inyección de testosterona, la cual marcaría un cambio determinante en su identidad.

    “No tomo testosterona para convertirme en un hombre, ni siquiera para transexualizar mi cuerpo, simplemente para traicionar lo que la sociedad ha querido hacer de mí, para escribir, para follar, para sentir una forma pospornográfica de placer, para añadir una prótesis molecular a mi identidad transgénero low-tech hecha de dildos, textos e imágenes en movimiento”.

    En 2016 cambió su nombre por el de Paul B. Preciado y pasó a identificarse como hombre trans. Su intención, más allá de la etiqueta, es la supervivencia dentro de un contexto hostil para quien abandona la convencionalidad de la identidad sexual: “significaba dejar la esfera de lo humano y entrar en un espacio de subal­ternidad, violencia y control”.

    Sin importar el momento que haya atravesado su cuerpo, los libros de Preciado son referentes infaltables para comprender las transiciones de acuerdo a la libertad natural de la sexualidad, lejos de la cárcel impuesta por la sociedad a elegir entre lo binario como muestra de normalidad, pues no hay etiqueta para definir, al pie de la letra, la identidad de un ser humano.

     

    Candelario Obeso, el poeta de los bogas
    Hijo de un blanco abogado y una negra lavandera, el Negro Obeso nació y pasó su infancia a orillas del río Magdalena, en Mompox. A los 17 años, remontó sus caudalosas aguas en los champanes conducidos por los bogas, unas embarcaciones de unos quince metros de largo por dos de ancho y uno de profundidad, arrastradas a contracorriente por hombres negros con pértigas, que se detenían en los pueblos sabaneros para descansar y conseguir víveres. El destino era Bogotá, el lugar donde su poesía vio la luz.

    Ilustración de Elizabeth Builes

    En Cantos populares de mi tierra, su obra célebre publicada en 1877, reúne la cosmovisión, el lenguaje y los rasgos culturales de sus coterráneos, bogas y campesinos de tierra caliente. Sus poemas costumbristas estaban escritos con la fonética utilizada por los negros de la época, dándole un lugar especial a su herencia cultural, realzando la cadencia musical del dialecto de su pueblo y otorgándole un lugar más allá de la curiosidad y el desprecio de los blancos, en esa división racial y odiosa que ha perdurado en la humanidad. Una muestra de ello es su poema Serenata:

    «Ricen que hay guerra / Con lo cachacos, / Y a mí me chocan / Los zambapalo… / Cuando lo goros / Sí fuí sordao / Pocque efendía / Mi humirde rancho… / Si acguno quiere / Trepacse en arto, / Buque ejcalera / Por otro lao… / Ya pasó er tiempo / Re loj eclavos; / Somo hoy tan libre / Como lo branco…»

    Cada verso es una manifestación por desprenderse de la visión del negro esclavo y salvaje, por reivindicar la libertad y la sabiduría ancestral de la población caribeña. La alegría, los peligros de la naturaleza, el amor, la fiesta y los lamentos de los bogas y campesinos son retratados en toda su naturaleza para dimensionar, cientos de años después, la riqueza cultural y espiritual de nuestros antepasados.

    El 6 de julio de 1884, Candelario Obeso falleció en Bogotá de un disparo en el abdomen. La pistola Remington, arma del funesto suceso, era de su propiedad, por lo que el acto suscitó diferentes versiones entre sus amigos y conocidos: que era un suicidio -ya lo había intentado fallidamente con una escopeta en 1881-, que estaba limpiándola y apretó el gatillo accidentalmente o que lanzó la pistola a la pared cuando sintió que algo le estorbaba en el bolsillo trasero de su pantalón. Tres días pasaron entre la agonía y el deceso del poeta precursor de la poesía negra en Colombia. Después de vivir los agravios sociales y los rechazos amorosos por su color de piel, de recibir insultos de los blancos aristócratas capitalinos, Candelario Obeso partió de este mundo dejando un legado invaluable para la identidad literaria y cultural de Colombia.

     

    “En el Chocó se canta y se cuenta”
    La casa de la infancia de Amalia Lú Posso era refugio de la palabra. Su madre, la primera enfermera profesional de Quibdó, trabajaba durante largas jornadas en el único hospital de segundo nivel de Chocó: el San Francisco de Asís. Amalia se quedaba al cuidado de dos nanas que tenían como misión adicional, entretenerla. Una de ellas, Delfa García, adaptaba los cuentos de la literatura universal al contexto chocoano y los recitaba utilizando las palabras de la región, con la musicalidad cautivadora del acento de los negros que habitan este rincón selvático colombiano.

    Ilustración de Sara Quijano Sierra

    Para Amalia, estos relatos abrían un universo al alcance de sus ojos. Que Pulgarcito se perdiera en la selva, cerca de su casa; que los personajes de cada narración hablaran con la cadencia de la voz que sus nanas sugerían, fue inolvidable. Muchos años después, en su adultez, comprendería que el andamiaje de su cultura estaba condensado en la oralidad de las cuidadoras, en un acto tan casero como sorprendente.

    Ese amor inefable hacia su esencia negra, se ha visto reflejado en su relación con la literatura. Sus libros son testimonio de la tradición oral de la comunidad afro del occidente colombiano, con un elemento adicional: además de escribir, Amalia recita sus cuentos siguiendo al pie de la letra -o de la palabra- la interpretación de sus nanas. Se contonea como lo hacían las negras de caderas anchas que la cuidaban de niña, entona cada frase con el erotismo de las mujeres de su tierra, seduce con sus gestos y envuelve al escucha en un viaje por el Chocó, incluyendo la cocina, las costumbres, los vestidos, los cantos y las celebraciones propias de su pueblo.

    Las mujeres que protagonizan sus cuentos, se muestran con una naturaleza sensual que va más allá del discurso actual del empoderamiento femenino, pues no se trata de una manifestación política de reivindicación del cuerpo ante los años de represión patriarcal: es el deseo y la libertad connatural del ser humano que fluye sin esfuerzo, como un impulso consabido y nunca prohibido. 

    Infaltable debe ser la lectura de Vean vé, mis nanas negras y verla interpretar a viva voz uno de sus relatos. En YouTube se encuentran registros como este. Amalia encarna en cada milímetro de su cuerpo, la tradición de la cultura afro.

     

    Perseguido y encerrado en la isla libertada
    A Reinaldo Arenas, una de las grandes voces de la literatura cubana, le cayó en mala suerte el dominio de Fidel Castro en la isla. Ser escritor disidente y homosexual trajo consigo una condena severa, a pesar de haber servido como soldado en las filas de la insurrección castrista.

    Ilustración de Samuel Castaño

    Reinaldo solo pudo publicar una novela en su país: Celestino antes del alba (1967), pues varios de sus manuscritos fueron confiscados y rotos por el régimen —tuvo que reescribir varias veces la novela El palacio de las blanquísimas mofetas—. Envió textos clandestinamente para publicar en otro país, estuvo en la cárcel acusado de contrarrevolucionario, con palizas y torturas incluidas, e intentó escapar varias veces sin éxito. Estaba encerrado en una tierra donde no podía expresar su libertad, con el agravante de ser perseguido por su pensamiento anticastrista y odiado por su atracción hacia los hombres.

    En 1980 logró escapar de la isla desde el puerto de Mariel hacia los Estados Unidos, en el éxodo de disidentes. Para no levantar sospechas y huir de las miradas inquisidoras de la policía cubana, falsificó su nombre: cambió su apellido por Arinas. Vivió un tiempo en Miami y luego en Nueva York, donde acabaría su obra autobiográfica y completaría su pentalogía de novelas en las que retrata la persecución hacia los homosexuales, los rasgos de la sociedad bajo el régimen y los efectos de la política hacia los que pensaban diferente.

    Sobre él mismo dijo una vez: “Soy una persona disidente en todos los sentidos, como aquí se dice, porque no soy religioso, soy homosexual y a la vez soy anticastrista, es decir creo que reúno todas las condiciones para que nunca se me publique un libro y para vivir al margen de toda sociedad en cualquier lugar del mundo”.

    Antes de que la muerte lo visitara a causa del Sida que le fue diagnosticado en 1987, el autor cubano decidió ponerle fin a los años de persecución y rechazo con sus propias manos. Un vaso de whisky y un tarro de tranquilizantes bastaron para desprenderse de la vida, la noche del 7 de diciembre de 1990, dejando una nota de despedida en la que culpa al exlíder cubano de su muerte: “Solo hay un responsable: Fidel Castro. Los sufrimientos del exilio, las penas del destierro, la soledad y las enfermedades que haya podido contraer en el destierro seguramente no las hubiera sufrido de haber vivido libre en mi país”.

    La literatura fue su refugio, el lugar donde nadie lo pudo encerrar, la prueba de su resistencia ante una sociedad que margina la disidencia en todas sus expresiones.

     

  • Taller de collage: Conjurar pedazos, enmascarar los miedos

    El collage nos permite cortar para contar. Tenemos a nuestra disposición infinidad de piezas recortadas, a veces opuestas, que se unen para componer una escena, un personaje o una historia. Todo depende de lo que queramos conjurar desde nuestra imaginación.

    En octubre tendremos un taller de collage para enmascarar nuestros miedos. Primero, sin duda, vamos a exponerlos, a nombrarlos y a reconocerlos para cubrirlos a través de la asociación de imágenes.

     

    Nunca he hecho un collage, ¿puedo tomar el taller?
    Claro que sí. No hay límites al momento de abordar una creación de este tipo.

     

    ¿Cómo vamos a enmascarar nuestros miedos?
    Vamos a conversar sobre las diferentes formas que existen para componer y asociar imágenes. Observaremos referentes para guiarnos y al final haremos collages que sean como máscaras. 

     

    Buenísimo. ¿Y quién nos guiará en este proceso?
    María Camila Duque Lopera será la encargada del taller. Es arquitecta, estudiante de Estudios Literarios y hace parte de un podcast sobre literatura llamado Ladridos (que pueden escuchar haciendo clic aquí). Cuando era niña le gustaba desayunar dos veces (una en la casa de arriba, la de su mamá; otra en la casa de abajo, la de su tío). Recorta imágenes de las enciclopedias para encajar las partes de un mundo que parece ir demasiado rápido. Le gustan las matas con hojas coloradas. Desde hace tiempo busca el canto de un pájaro que es una historia que busca contar en lo que hace y que es, también, una excusa para andar escuchando cantos de pájaros.

     

    ¡Quiero toda la información del taller!
    Cupos: 15 personas
    Fecha: sábado 23 de octubre
    Horario: 2:00 a 5:00 p. m.
    Valor: $120.000
    Lugar: Casa Tragaluz (Calle 9 N° 43 C – 50, Medellín, Colombia)*

    * El taller será presencial. Incluye materiales y refrigerio.

     

     ¿Cómo me inscribo?
    Ingresa a nuestra tienda virtual haciendo clic aquí, agrega el taller al carrito de compras, completa tus datos y elige el método de pago. Déjanos tus datos de contacto en las notas de compra (nombre, número de identificación, correo electrónico y teléfono).

    Nota: una vez se realice el pago del taller no podremos hacer la devolución del dinero. Si surge alguna duda antes de comprar el cupo, escríbenos al chat de nuestra página o a través de nuestras redes sociales.

  • Resultados VI Premio internacional Tragaluz de ilustración

     

    Este año celebramos la sexta edición del Premio Internacional Tragaluz de Ilustración en medio de una situación inédita. Mientras intentábamos acostumbrarnos a la vida en el contexto de la pandemia, nos dimos cuenta de que las ideas que creíamos más arraigadas y establecidas, a nivel personal y social, están cambiando y no responden ya a las necesidades actuales. 

    Esta reflexión nos llevó a pensar en la palabra REVOLUCIÓN como tema del premio. ¿Qué significaba rebelarse en medio de la incertidumbre actual? ¿Cómo representar la revolución en una realidad confusa y caótica como la que estamos viviendo? En respuesta recibimos 355 imágenes provenientes de 54 países: 18 asiáticos, 18 europeos, 11 americanos y 7 africanos.

    El ganador de esta versión del premio es Fernando Arce Meneses, de Perú. De su ilustración nos interesó la combinación de técnicas plásticas, ejecutada con destreza y sentido narrativo. La lectura que hacemos de la imagen nos lleva a problematizar las consecuencias de una revolución en el tiempo, más allá de sus efectos inmediatos. De un pasado o unas bases que están destinadas a ser destruidas, se levanta lo que debería ser una nueva mirada, la posibilidad de la reconstrucción. La composición parece invocar la idea del tiempo, del proceso que implica, que esculpe lentamente los cambios para desencadenar de una manera genuina una visión renovada de la vida.  

    El propósito del premio es reconocer el talento de un ilustrador con potencial para narrar una de nuestras historias. El estilo de Fernando Arce Meneses nos abre la puerta a un camino que no nos es del todo desconocido, pero que trae consigo nuevas preguntas sobre nuestro método para abordar la concepción y creación de una publicación. El libro que surja de esta colaboración será el resultado de experimentar con su estilo y toda la libertad posible.

    Queremos agradecer a los participantes que nos permitieron viajar con sus ilustraciones. Sin duda, pudimos ver cómo las circunstancias actuales, a lo largo y ancho del planeta, han ido reconfigurando los paradigmas más inamovibles. Nos gusta creer que la transformación está a la vuelta de la esquina.

    Nos vemos en la séptima edición.

  • Taller de escritura creativa: El laboratorio de ideas del Doctor Calamar


    ¿Cómo contar una historia sin ser devorado por ella?
    ¿Qué hacer con ese cuento que me ronda la cabeza? Enfrentarse a la página en blanco es uno de los mayores retos para la creación. Hay que elegir los personajes, enfrentarlos a una situación, ambientarlos en un lugar y elegir las palabras correctas para lograr un relato que nos haga sentir satisfechos para compartir con otro lector.

    En este taller podremos crear un relato a través de herramientas que podemos usar o deformar al momento de escribir, al mejor estilo del Doctor Calamar. Al final tendremos muchas ideas para no parar de construir historias.

     

    ¿Puedo hacer parte del taller sin ser escritor?
    No hace falta ser un autor consagrado ni nada por el estilo. Lo único indispensable es tener muchísimas ganas de escribir. Ah, y también ser mayor de edad.

     

    ¿Cómo aprenderé a construir ese relato final?
    El taller está dividido en cuatro sesiones (una vez por semana), de dos horas cada una.

    · Sesión 1 – septiembre 22
    ¿Alguien sabe qué es una historia? Cómo llegar a una definición de historia que nos sirva para escribir, no para catalogar, y por qué hacerlo.

    · Sesión 2 – septiembre 29
    Distintos paradigmas de creación de historias. Diferentes modelos y sus puntos en común.

    · Sesión 3 – octubre 6
    Antihistorias y por qué no hacerle mucho caso a las «reglas». Porque no todo se construye igual, distintos modos de ver el mundo y qué efectos tienen.

    · Sesión 4 – octubre 13
    Otras herramientas para contar historias, para ajustar las intenciones del relato.

    En cada sesión analizaremos obras literarias y audiovisuales, haremos ejercicios prácticos y compartiremos los escritos creados en el taller.

     

    ¿Y quién nos enseña?
    El tallerista es Jose Andrés Gómez, un apasionado por las películas de terror, el cómic, los juegos de mesa y la literatura. Estudió biología un tiempo, prefirió graduarse como comunicador audiovisual, es panadero y escritor de libros como Los cuadernos del Doctor Calamar, Manual para cazar una idea, El catálogo Maxwell de objetos curiosos y El magazín de famosos aún no conocidos, todos publicados en Tragaluz. En 2019 Jose Andrés ganó el premio de literatura infantil El Barco de Vapor con su libro Cinco ramitas de higuera

     

    ¡Dame todos los datos!

    Cupos: 8 personas (8 disponibles)
    Fecha: Los miércoles del 22 de septiembre al 13 de octubre.
    Horario: 6:00 p.m. a 8:00 p.m.
    Costo de inscripción: $300.000
    Lugar: Casa Tragaluz (Calle 9 N° 43 C – 50, Medellín, Colombia)*

    * El taller será presencial.

     

    ¿Cómo me inscribo?
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