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¡Adiós 2016!

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Fue un año intenso, y no solo por los grandes sucesos que sacudieron a Colombia y el mundo. En otro nivel, el sector editorial también se movió al vaivén de varios acontecimientos. Empezamos el año con la noticia del recorte presupuestal del Ministerio de Cultura, lo que terminaría por afectar la participación de los editores en las ferias internacionales. Aún así, y como sabemos que no podemos retroceder sobre el terreno ganado, fuimos a representar al país por nuestros propios medios. En el marco de estos eventos recibimos grandes noticias para Tragaluz. En marzo supimos que la Feria del libro infantil de Bolonia nos daba una mención de honor por el libro Conquistadores en el Nuevo Mundo, en la categoría New Horizons del BolognaRagazzi Award y, además, que volvían a nominarnos como mejor editorial de Latinoamérica. Finalmente fue la mitológica editorial Ekaré la que se llevó el premio. Fue un orgullo aparecer junto a ellos, que llevan casi 40 años trabajando por el libro infantil en toda América Latina.

Siguiendo en el camino de las ferias, la de Bogotá también trajo sus propias sorpresas. Llegamos con cinco novedades y un estand que cada vez más se convierte en un oasis dentro del paisaje congestionado de Corferias. El debate de este año fue por cuenta de la participación de los youtubers y el estallido multitudinario producido por los libros comerciales a costa del protagonismo de las ediciones literarias. La experiencia en la feria nos dejó con la sensación de que el evento en general necesita repensarse. A la par de las discusiones sobre lo que merece o no estar en una feria de libros, está la pregunta sobre cuán amable es el recinto con la gente y los expositores. Si es una feria que piensa en los niños, en los adultos mayores, en las personas con discapacidad. Si es un evento pensando para el goce de la literatura, y no solo un techo para que los seguidores hagan filas larguísimas para recibir un autógrafo. Son preguntas que nos hacemos y que aún falta tiempo y voluntad para conseguir una respuesta.

La agenda del libro a nivel nacional se llenó durante los meses siguientes de ferias más pequeñas. Estuvimos en Bucaramanga, una feria que ha venido apostándole a una programación cultural interesante que respalda la exhibición comercial que tiene lugar en la Universidad Autónoma. Para participar, nos unimos con dos editoriales hermanas, Rey Naranjo y Babel, y confirmamos que la mejor forma de fortalecer la imagen de las editoriales independientes es generar este tipo de alianzas, pensadas para aliviar el esfuerzo económico que implica viajar y alquilar un estand.

Celebramos también las ferias organizadas por el festival Entreviñetas, tanto en Bogotá como en Medellín, y la iniciativa conjunta de la librería Al pie de la letra y el Museo de Arte Moderno de Medellín para crear un mercado de editoriales independientes coronado con un lema bellísimo: lo pequeño es ejemplar. Este tipo de proyectos, ejemplares por su esfuerzo, movilizan a artistas y editores a reconocerse como parte de un sector en formación en campaña constante por conseguir nuevos lectores. La iniciativa de las librerías por atraer público fue tan poderosa que se extendió incluso más allá de las fronteras. Gracias a la Asociación colombiana de libreros independientes – ACLI los títulos Tragaluz viajaron a la Feria internacional del libro de Panamá.

Sin duda, para nosotros la gran alianza de 2016 tomó forma desde finales del año pasado, cuando nos sentamos con el equipo de CasaTeatro El Poblado a soñar con las exposiciones de ilustración que ocuparían las paredes de su galería. Nuestro objetivo era llevar el trabajo de la ilustración editorial a un nivel en el que pudiera ser apreciado por un público más amplio. Invitamos a cuatro artistas que han trabajado con nosotros, y tal como nos lo propusimos, montamos cada dos meses una muestra de dibujos originales, pinturas y esculturas firmadas, según el momento, por Samuel Castaño, Elizabeth Builes, Sara Quijano y Marta Luz Gutiérrez. En el proceso otros aliados se unieron a nuestra causa, dándole mayor impacto y haciéndola sostenible: la cooperativa financiera Confiar, el periódico El Mundo y la corporación audiovisual La cifra impar. Seguiremos en 2017 con una programación igual de importante, en la que los protagonistas serán los artistas que hacen parte de nuestros libros.

Respecto a nuestro plan editorial, el resumen es que cerramos el año con 12 libros nuevos. De ellos hacen parte cinco títulos de la colección Lusitania dedicada a la literatura portuguesa, que además dan cuenta de la vitalidad del panorama lusófono actual: leímos poesía gracias a Filipa Leal y Jose Tolentino Mendoça, disfrutamos de un par de novelas brillantes de cuenta de Valter Hugo Mãe y Dulce Maria Cardoso, y los cuentos nos llegaron directamente del archivo de Fernando Pessoa. En contraste, el próximo año queremos dedicarnos a fortalecer la presencia de los autores colombianos en nuestro fondo editorial. Planeamos la edición de diferentes géneros, la mayoría en voz de escritores e ilustradores nacionales.

En 2016 uno de nuestros canales para encontrar nuevos escritores fue la tercera edición del concurso de escritura, esta vez enfocado en novela juvenil. La ganadora fue la colombiana Juliana Muñoz Toro; su libro será publicado el próximo año. Por otra parte, también nos dedicamos a evaluar las propuestas editoriales que recibimos a finales de 2015 por vía de la convocatoria que abrimos en noviembre. Luego de recibir más de 300 proyectos, elegimos un libro álbum que nos llegó desde Ecuador. El autor, Santiago González, nos entregó una historia entrañable y hermosamente dibujada: Luciano, el gusano. El éxito de esta metodología nos hará repetirla el próximo año, de nuevo, del 1 al 15 de noviembre.

Sumergidos en la recta final de los últimos meses, el desafío era participar en dos ferias más: la de Medellín, que es siempre una fiesta, y la de Guadalajara, que no se queda atrás. Pero antes decidimos sumar un ingrediente: por primera vez hicimos parte de la Feria del libro infantil y juvenil de Ciudad de México – FILIJ. Repetimos y armamos equipo con Babel y Rey Naranjo. La experiencia fue tan grata que pensamos repetir. La feria coincidió con el Cilelij, el Congreso de literatura infantil y juvenil que reúne cada tres o cuatro años a expertos de varios países. En una de esas charlas le escuchamos a Fanuel Díaz, editor venezolano, incluir un título Tragaluz en su lista de los mejores 50 libros de los últimos años: El tiempo de mi casa, ópera prima de Samuel Castaño.

Luego de viajar por México durante un mes, de conocer a otros editores y confabular juntos, volvimos para asentar lo que será un 2017 al estilo Tragaluz. Tenemos entre manos un proyecto enorme que tendrá repercusiones en toda la ciudad y esperamos que también en Colombia. Nos embarcamos en la construcción de una nueva sede, un lugar de encuentro y experiencias para todos los amantes de los libros, un puerto de llegada para los editores de todo el mundo que empiezan a valorar a Medellín como un punto relevante en el panorama internacional. Si son seguidores de Tragaluz, este será su lugar favorito de la ciudad. Los pormenores se los iremos contando a medida que transcurra el tiempo, pero ya sentamos el precedente de que eso es lo que nos espera a la vuelta de 2016: una nueva casa y muchos nuevos libros.

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